Hace unos días celebrábamos que un particular hiciera una importante donación de pinturas de Flaugier al MUHBA. En la misma línea positiva debemos valorar el acuerdo que hace unas semanas se realizó entre otra institución, el Museo de Lleida y el gran coleccionista de grabado Antoni Gelonch Viladegut.

El apasionado del arte y mecenas Antoni Gelonch (Lleida, 1956) ha cedido en concepto de depósito 1.001 obras de su ingente colección al museo con un triple objetivo. Por un lado, enriquecer los fondos con una serie de piezas de lo mejor del mundo de las artes gráficas, con obras de grandes artistas de los siglos XV al XX: de Durero a Rembrandt, de Goya a Piranesi, de Picasso a Warhol. Por otro, ayudar a insertar dentro del discurso expositivo del museo algunos grabados que, por su relevancia histórica, pueden ayudar a explicar y hacer más comprensible la importancia de la capital leridana.

G. Piranesi, Vista del Campo Vaccino, 1772.

Gelonch quiere preservar la unidad de la colección en una sede, pero sin que este hecho sea impedimento para que se puedan exponer algunas piezas de forma temporal en otros centros del país (a estas alturas tenemos algunos Rembrandts exhibidos en el Museo de Almacelles, y diferentes centros de la Diputación de Barcelona muestran grabados de la colección Gelonch Viladegut en la exposición itinerante De París a Nueva York). Tal como afirmó Gelonch durante el acto de depósito en el Museo de Lleida el pasado 11 de marzo: «una colección debe ser una herramienta al servicio de la cultura, la difusión del arte y el progreso intelectual». El sentido eminentemente público de la donación es algo fundamental para Gelonch. La consejera de Cultura Mariàngela Villalonga –presente en el acto, junto con el director del museo Josep Giralt y el teniente de alcalde de Cultura de la Paeria Jaume Rutllant–, destacó que nadie como él representa de forma tan clara el nexo entre lo privado y lo público. Un aspecto que percibimos si repasamos su currículum.

G. Piranesi, Vista de San Giovanni Laterano, s. XVIII.

Tras estudiar Farmacia y Derecho en Barcelona (realizando cursos en las Universidades de Grenoble y Harvard), ejerció de farmacéutico cinco años en el Hospital de Sant Pau y la Santa Cruz. En 1988 fue jefe del gabinete del consejero de Educación Dr. Laporte y poco después secretario general del mismo Departamento. Estuvo al frente del Programa de Reordenación de la Salud Pública, en tiempos del consejero Trias durante un par de años hasta que –después de casi una década en la Administración pública– decidió reorientarse hacia el sector privado. Viajó a Boston y a París donde vivió siete años hasta que volvió a Barcelona.

En muchos casos constatamos que grandes pintores también sobresalieron como grabadores.

Según confesó en algunas entrevistas, siempre ha sentido curiosidad por el arte, pero el interés por el mundo del grabado se despertó en él por causas fortuitas, estéticas. Hacia 1984 tenía que decorar las paredes de un piso y eligió unas vistas de Roma de Giambattista Piranesi. Desde entonces, su pasión fue in crescendo hasta que en 2006 decidió centrarse en el grabado. ¿Por qué el grabado? Sencillo, porque es la más democrática de todas las artes. Es la que está más al alcance de todo el público. A menudo olvidamos que las grandes transformaciones artísticas y estéticas de los tiempos actuales no habrían triunfado sin las artes gráficas. Solemos hablar de las Bellas Artes casi como de un credo: pintura, escultura y arquitectura. Pero todas ellas derivan del diseño que, normalmente, se hace sobre papel; y en muchos casos constatamos que grandes pintores también sobresalieron como grabadores. Citando los casos de Durero (su padre era orfebre), Rembrandt, Ribera, Goya o Picasso tendremos buena prueba de ello.

A. Dürer, Anunciación, 1504.

Pero, volviendo a la donación ¿por qué Gelonch ha elegido Lleida? Primero, porque es donde nació y vivió hasta los 18 años. Ahora ya no vive ahí, pero las raíces familiares son profundas. En segundo lugar, por la acogida favorable que desde el inicio encontró en el personal del museo (que se compromete a estudiar, catalogar y mantener unida la colección) y, evidentemente, por el sentido de país –y más aún después los tristes sucesos de Sigena en el Museo de Lleida. Contribuir a la descentralización de la cultura, ayudar a internacionalizar la institución y hacer accesible a un amplio público un fondo privado dice mucho de su generosidad; recordemos que Cataluña, a diferencia de otros países, aun no tiene en marcha una ley de mecenazgo que favorezca iniciativas como ésta.

R. Lichtenstein, As I Opened Fire, 1966.

De hecho, una parte de la colección ya fue expuesta en 2010 en el Museo de Arte Jaume Morera de Lleida. Pero Gelonch ha hecho numerosas exposiciones en el país y fuera: en Andorra la Vella, Barcelona, Mollet del Vallés, Sant Cugat del Vallés, Manresa, Almacelles, Cerdanyola y la última en Granollers. Su página web –con miles de visitas contabilizadas– contribuye a hacer públicas sus adquisiciones y, sobre todo, su labor de divulgador cultural tanto a través de la publicación de libros (Mirar Rembrandt, 2019; Luter, 2018) como por su colaboración en algunas interesantes exposiciones (Imágenes para creer. Católicos y protestantes en Europa y Barcelona, siglos XVI-XVIII del MUHBA, 2017 a 2018).

Vista general de la exposición en el Museu de Lleida.

La colección que, a partir de ahora y hasta finales de septiembre –con permiso del coronavirus– se puede ver en el Museo de Lleida, se encuentra en el espacio del coro de la iglesia y es una selección de una treintena de grabados y algún libro de artista desde el Renacimiento hasta la actualidad. Obras de Durero, Goltzius, Ribera, Tiepolo, Piranesi, Goya, Fortuny, Picasso, pero también de nombres más contemporáneos como Miró, Tàpies, Warhol, Lichtenstein, Subirachs, Plensa, Perejaume o Barceló. Las obras expuestas serán rotatorias, de tal forma que, progresivamente, veremos circular los más de 459 artistas que ahora están catalogados y que conforman este millar de piezas dejadas en depósito (un work in progress que está lejos de estar cerrado dado que Gelonch continúa adquiriendo obras a galeristas catalanes y extranjeros). Obras que son mucho más que un simple listado de nombres, ya que también se convierten en un catálogo de las múltiples técnicas del arte del grabado: xilografías, buriles, aguafuertes, aguatintas, litografías, cromolitografías, serigrafías, etc.

C. Maratta, Cristo con la Samaritana, 1649.

Como afirmó el autor en la inauguración de su exposición Una mirada al 1700 a partir de los grabados de la Colección Gelonch Viladegut en Barcelona el 2014: «El arte debe inspirar un encuentro, un resurgimiento, y también nos ha de incitar a descubrir y admitir nuevas manifestaciones; porque es una herramienta al servicio del choque estético, del choque ético y, también, del choque espiritual». «Hacer una colección representa una construcción intelectual y estética que se basa en producirme y producir a las personas que la puedan conocer momentos de íntima satisfacción, de estímulo y de gozo». En momentos de crisis como el actual, el Arte alimenta más que nunca las almas sensibles. Saquémosle el máximo provecho.