En el momento del máximo expolio de tiempo a la humanidad, la artista polaca Alicja Kwade (1979) nos invita a traspasar, escuchar y observar el espacio-tiempo en una exposición en la Fundación Blueproject de Barcelona.

Alicja Kwade combina la mente de una ingeniera precisa y de una artista. El tiempo le obsesiona: quiere medirlo, atraparlo y transmutarlo en un objeto físico. Es fácil que en un momento u otro del día digamos la frase, “no tengo tiempo”, o que nos estresemos pensando cuantas horas más debería tener un reloj para sentirnos mejor. Si no estás en una isla paradisíaca o en la cima de una montaña, es difícil no actuar como un adicto a la sustancia más resbaladiza del mundo: el tiempo que se nos escuela de las manos y que nos roban a cada segundo.

Foto: Roberto Ruiz. Cortesía Blueproject Foundation.

La artista polaca, que últimamente ha expuesto en la Hayward Gallery de Londres y en la pasada edición de la Bienal de Venecia, parece querer atrapar el tiempo y explorar el espacio, incluso el exterior. Tiempo, espacio y astronomía conforman la tríada de sus principales intereses. Lo hace con esculturas e instalaciones de materiales diversos, en un diálogo entre elementos pesados y ligeros, jugando con el sonido y la luz.

una especie de sinfonía interpretada por el sonido de los latidos del corazón de la misma artista y el tictac de un reloj

En su primera exposición individual en España, Glances, Kwade ha construido en el centro de Il Salotto de la Fundación Blueproject, expresamente para este espacio, un inmenso artilugio sonoro, Clout-Count, de forma circular, simulando un reloj de 24 horas. A cada hora le corresponde un altavoz en el círculo, que va emitiendo una especie de sinfonía interpretada por el sonido de los latidos del corazón de la misma artista y el tictac de un reloj. Una secuencia de una hora de duración que combina lo orgánico con lo mecánico.

Foto: Roberto Ruiz. Cortesía Blueproject Foundation.

La obsesión de Kwade por el tiempo es evidente en la serie de dibujos-collage, In-Between, en la que la posición de unas pequeñas manecillas de reloj va marcando la más o menos intensa actividad del día, a la manera de un diario de la artista. Son unos dibujos delicados de un gran contenido emocional.

En silencio y dispuestos a experimentar, la exposición de Alicja Kwade se degusta mejor. Si el espectador se ve obligado a escuchar la pieza sonora, lo quiera o no, en el caso de las tres esculturas de Between Glances, también adaptadas expresamente a la sala de la Blueproject, puede optar por quedarse parado contemplándolas, rodearlas o entrar en el espacio interno de la obra. Las tres piezas están formadas por unos paneles a modo de biombos, algunos con superficie de vidrio, otros de espejo y aún unos terceros vacíos. Unas bombillas, unas encendidas y otras apagadas, ayudan a crear curiosos reflejos entre la luz y la figura del espectador, así como desdoblamientos inesperados. Nada es estable entonces. Todo es frágil. Como lo puede ser el espacio-tiempo. Como la misma condición humana.

La exposición Glances, de Alicja Kwade, se puede visitar en la Blueproject Foundation, en Barcelona, hasta el 21 de abril de 2019.