En la conferencia All things queer, the impact of queer theory in contemporary art practices, que tuvo lugar en la Universitat de Barcelona hace unos meses, la investigadora Élisabet Lebovici se refirió a la famosa intervención de Zoe Leonard en la Documenta 9 de Kassel como un ejemplo capaz de explicitar cómo “the museum is always half empty. It is always half empty of us”.

Ese “us”, que ella asumió en primera persona, hacía referencia, por supuesto, a todas aquellas identidades y experiencias no normativas que el museo, de raíz imperial, ha obviado.

Vista de la exposición Anarchivo sida. © Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA). Foto: Eva Carasol.

Intersexuales, personas racializadas, transexuales, homosexuales, guerrilleros, personas con VIH. Y en este sentido, podríamos decir que, gracias a la muestra Anarchivo Sida, organizada por el Centro de Estudios de Documentación del MACBA, el museo, al menos durante unos cuantos meses, está menos vacío de nosotros.

La muestra es una más de las derivas de este trabajo de investigación en torno a las múltiples dimensiones de la crisis del VIH/sida que el Equipo re –formado por Aimar Arriola, Nancy Garín y Linda Valdés- ha desarrollado en los últimos seis años. Y hablamos de derivas pues, como ya anuncia el título de la muestra, su metodología de trabajo altera precisamente las lógicas del archivo o del museo, vinculadas a menudo a nociones conservadoras en torno a lo que entendemos por patrimonio.

Así pues, en esta ocasión, la dificultad de hacer dialogar materiales relacionados con duelos, dolores, secretos, ocultaciones, sentimientos de culpa o fiestas clandestinas, se pone al servicio de dos líneas argumentales y tres casos de estudio en los que Barcelona aparece como constante, pero siempre en relación con otros contextos.

La primera línea argumental gira en torno a las “maneras de hacer en la esfera pública”. La primera pieza de esta secuencia se trata de un documento del artista Xoán Anleo, que realizó para el Pabellón de Galicia de la Exposición Universal de Sevilla de 1992, en el que puede leerse “UNHA FORMA PUBLICA DE REPRESENTAR”. Y este documento se ubica justo al lado de unas imágenes correspondientes a unas fotografías de una acción imprevista del grupo ACT UP Barcelona, realizada en 1994 en frente del Centre d’Arts Santa Mònica, donde se estaba organizando la muestra “Dominio público”. La ecuación parece sencilla: en un Estado Español en el que se está programando y celebrando la adhesión definitiva a las lógicas del capitalismo espectacular global, mediante estrategias de “brandificación” de las principales ciudades, estas piezas, vinculadas en el caso de Act Up al activismo en torno al VIH/sida, reclaman a las prácticas creativas situarse en un lugar visiblemente molesto. En el cartel sostenido por integrantes de Act Up Barcelona podía leerse: “Hay gente que se preocupa solo un día… Los afectados sufrimos los 365 días del año. No queremos que te sientas solidario, queremos que te sientas afectado”.

Junto a materiales del Estado Español, se amplía la perspectiva mediante la incorporación de otros documentos, descubriendo incluso en el programa del “Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo libre” organizado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas, en 1996, una reflexión en torno al VIH/sida y a la farmacodependencia: “Los farmacodependientes no están excluidos del sistema neoliberal. Se les ha incluido como consumidores y víctimas de un poder económico que, amparado en las políticas de libre empresa y globalización, se ha constituido en un nuevo instrumento del capital que refuerza la dominación en contra de países y de grupos”.

Era allí donde Keith Haring encontró mas jeringuillas.

Precisamente la segunda línea argumental recoge esta premisa, pues gira en torno a la “farmacologización de la vida”, es decir, a aquel conjunto de consignas, no solo artísticas, que señalaron cómo la vida estaba controlada, sin escrúpulos, por la alianza entre el capital neoliberal y las grandes multinacionales farmacéuticas. Así que ese malestar está politizado. Ya sea mediante manifestaciones en el espacio público de Chile, con pancartas que hablan de “holocausto psicoterapéutico”, a través de usos creativos insertados como publicidad en los que se habla de la existencia de un “banco de drogas para personas viviendo con VIH/sida”, o de piezas como las del vinilo de Pepe Miralles Dinero = Poder = Muerte (1993).

Estas dos líneas se han visto ampliadas por tres casos de estudio, el tercero de los cuales, en torno a la relación entre heroína y VIH/sida en Barcelona, acaba de presentarse hace pocos días. Este caso convive con materiales de ACT UP Barcelona –primer caso de estudio- y el mural de Keith Haring Todos juntos podemos parar el sida -segundo caso de estudio-. De esta manera, se sigue insistiendo en la necesidad de situar los saberes de un “archivo” en relación con su contexto. En este barrio del Raval, paradigma de los procesos de gentrificación urbana, hoy se discute dónde ubicar una ampliación de un Centro de Atención Primaria en términos banalmente dicotómicos entre cultura y salud, Act Up confrontó a los ciudadanos con pancartas que reclamaban afecto y afectación. A unos metros de esa acción, Keith Haring escogía en 1982 la plaza Salvador Seguí para llevar a cabo su mural, porque decía que era allí donde encontró más jeringuillas. The city is always half empty of us.

La exposición Anarchivo sida se puede visitar en el MACBA, Barcelona, hasta el 18 de abril.