Bajan las temperaturas y en Madrid celebran la Cumbre del Clima (COP25), el arte contemporáneo también celebra su frialdad.

Marcel Duchamp, por ejemplo, dedicó uno de los primeros ready-made a la nieve de Nueva York.

Caspar David Friedrich, El mar de hielo, 1823-1824. Hamburg Kunsthalle.

In Advance of the Broken Arm (1915) consiste en la típica pala de quitar nieve que emplea la gente de la capital del arte para posibilitar el paso de los peatones de enfrente de su casa o de su establecimiento. No es que sean gentiles, si alguien resbala y se lastima, puede demandarlos. La pala, «reconstruida» en 1964, lleva en un lado una inscripción pintada: «Marcel Duchamp 1915″. Duchamp pretendía crear un arte anti-retiniano, una especie de palíndromo estético que nos dejara fríos. Por cierto, si no sabes inglés, el título viene a decir algo por el estilo de » adelantándose al brazo roto».

Nada más alejado de una de las obras más famosas del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich, El mar de hielo (1823-24). Está protagonizado por gigantescos bloques de hielo quebrados, y si nos fijamos, descubriremos la popa de un barco en la que podemos leer «HMS Griper». Se trata del nombre de una de las naves de la expedición al Ártico comandada por William Edward Parry en 1824. Curiosamente, Parry volvió a puerto con los barcos enteros. El invierno de 1823 se había helado el rio Elba, a su paso por Dresde, y Friedrich fue a tomar apuntes. Por cierto, Friedrich, a la edad de 13 años, había estado a punto de morir ahogado en el hielo. Su hermano, tratando de salvarlo, murió. Él siempre se sintió culpable.

Pieter Brueghel el Vell, Cazadores en la nieve, 1565. Kunsthistorisches Museum Viena.

El YBA (Young British Artist) Marc Quinn hizo un molde de silicona de su cabeza. Lo llenó con diez pintas de su propia sangre –era una época en que bebía mucho–, y lo congeló. De esta manera consiguió un autorretrato, Self (1991) hecho con materia del retratado. Quinn repite esta operación cada cinco años, o sea que ya lleva cinco esculturas de sangre.

Y una de las obras más antiguas protagonizadas por el invierno es el óleo de Pieter Brueghel el Viejo Los cazadores en la nieve (1565). El autor de El triunfo de la Muerte (1562) opta aquí por un paisajismo trufado de costumbres rurales, parte de una serie sobre los meses del año, con tantas historias que, si un guionista de Netflix se fijara bien en todo lo que allí acontece, podría escribir una serie.

Cildo Meireles, Entrevendo, 1970-1994-2013. MACBA, Barcelona.

No sé si es casualidad, pero en el MACBA de Barcelona hay tres obras que hablan del hielo: la fotografía que documenta una acción de Jordi Benito, Transformación del hielo mediante el calor del cuerpo (1972), Eisring (Anillo de hielo) (1970), de Hans Haacke, y Entrevendo (1970-1994-2013), de Cildo Meireles. Entrevendo (Entreviendo) tiene forma de gran huso de madera. El espectador, antes de entrar en este túnel de 9 metros con una boca de 3 metros de diámetro, es provisto con dos cubitos de hielo que se debe poner en la boca, uno con forma de espiral y sabor dulce y uno dondulado y salado. Al final del túnel hay un ventilador que produce un espiral de aire caliente. Dejo a vuestra imaginación el resultado.

Y si estas obras os dejan fríos, siempre podéis echar un vistazo a Always Franco (2012), de Eugenio Merino. Esta remarcable obra, en la que vemos una escultura a tamaño natural del dictador vestido de gala, dentro de una nevera de refrescos de cola, fue expuesta en ARCO. La Fundación Nacional Francisco Franco puso un pleito al artista. Evidentemente, lo perdió. A la hora de pagar las costas del juicio, los defensores del legado del dictador pidieron de hacerlo a plazos.

Por cierto, las imágenes de arte contemporáneo que no encontraréis en este artículo tributan derechos de autor. Como no podríamos pagarlos ni a plazos, os invitamos a hacer una sencilla búsqueda en vuestro navegador.