El espacio natural de un artista es su estudio. Pero aún así muchos artistas han pasado por la cárcel. La disciplina más propensa a los barrotes ha sido la escritura. Por ejemplo, Cervantes fue a la Cárcel Real de Sevilla por quedarse con parte de los impuestos que recaudaba, y se dice que allí empezó a escribir el Quijote.

Oscar Wilde fue condenado, por conducta indecente y sodomía, a dos años de trabajos forzados en la cárcel de Reading. En la celda 3-3 escribió De Profundis.

Ai Weiwei, S.A.C.R.E.D., 2013.

En cuanto a los artistas, podemos citar cuatro casos bastante diferentes: Caravaggio, van Meegeren, Ai Wei Wei y Dalí.

Michelangelo Merisi da Caravaggio tenía un carácter irascible. Además, era bisexual. Tenía todos los números para acabar entre rejas. Fue arrestado numerosas veces por desórdenes públicos y conducta inmoral. En 1606 mutiló y mató a un hombre en una pelea en la zona del Campo Marzio, de Roma. Estaba jugando una partida de pallacorda, una especie de tenis primitivo. Y el juego se le fue de las manos.

Se exilió en Nápoles para evitar la sentencia de muerte. Cuando, finalmente, recibió un indulto papal, pudo volver. Hizo escala en Porto Ercole, donde fue detenido y encarcelado por un guardia español que lo había confundido con otra persona. Al salir de prisión, murió en la playa, en circunstancias misteriosas.

Han van Meegeren ha sido uno de los falsificadores más interesantes de la historia contemporánea. Este pintor holandés no consiguió el favor del público ni de la crítica. Finalmente, como marchante, se inventó una supuesta primera etapa italiana de Vermeer. Él mismo pintaba las obras y las envejecía. Inundó el mercado de Vermeers, Frans Hals, Pieter de Hooks… Durante la Segunda Guerra Mundial, vendió obras de arte al invasor nazi, especialmente al mariscal Goering. Tras la victoria aliada, fue detenido y encerrado en prisión, acusado de haber vendido patrimonio nacional al ocupante. Él se defendió, diciendo que aquellas antigüedades las había pintado él.

Han van Meegeren pintando, en la cárcel, El joven Jesús ante los doctores de la ley, 1945.

No le creyeron. Pidió pinturas, tela y pinceles y creó, en su celda, un último falso Vermeer: El joven Jesús ante los doctores de la ley. Fue sentenciado a un año, que no acabó de cumplir porque murió de un ataque al corazón, en 1946.

Ai Wei Wei es el artista chino más famoso. En abril del 2011 desapareció del mapa. Meses después, el gobierno informó que el artista se encontraba detenido en un lugar indeterminado, acusado de delitos económicos. Cuando fue liberado, se exilió en Berlín. En 2013 expuso una serie de dioramas que mostraban su rutina en la cárcel. Por cierto, se ha reunido con Carles Puigdemont, y ha visitado a los prisioneros políticos de Lledoners.

La guardia civil registró el dormitorio del joven Dalí.

Finalmente, Salvador Dalí. Quizás la gente desconoce que ha estado dos veces en prisión. La primera es culpa de su padre: éste, notario de Figueres, había puesto una denuncia por delito electoral en Boadella d’Empordà en 1923, justo antes de la dictadura de Primo de Rivera. Para presionarlo y que retirara la denuncia le amenazaron con detener a su hijo, por «revolucionario».

Como el notario no cedió, la guardia civil registró el dormitorio del joven Salvador –no encontraron nada, claro– y lo encerraron en la cárcel de Figueres, después en la de Girona, durante veintiún días. Finalmente, el padre retiró la denuncia.

La segunda estancia de Dalí en prisión fue mucho más breve: en marzo de 1939 rompió un escaparate de los grandes almacenes Bonwit Teller de Nueva York. Le habían encargado dos escaparates: Noche y Día. Pero la dirección de Bonwit Teller pensó que eran demasiado eróticos y los «alteraron». Dalí se indignó y, al volcar la bañera de uno de los montajes, rompió la gran luna del escaparate… que por poco lo decapita. Fue detenido y encerrado en prisión. Liberado al día siguiente, ganó el pleito, alegando que un artista tenía el derecho a que nadie alterara su obra, aunque ese alguien fuera su propietario material. Un caso que creó jurisprudencia.

Quizás es por esta razón que Dalí donó una obra a la cárcel de Rikers Island… Una obra que, por cierto, unos guardias acabaron robando. ¡Fíate tú de los carceleros!