Hubo un tiempo en que grandes artistas eran utilizados como reclamo televisivo. Eran un referente a la vez culto y famoso. Nada que ver con los rostros de deportistas, actores y socialites que inundan hoy día la pantalla tonta (por muy smart que se proclame).

También cabe decir que la cultura y la tecnología han cambiado radicalmente el universo publicitario, y que nadie podía imaginar, en la década de 1960, nada parecido al buscador de Google, los banners o Youtube.

Andy Warhol charla con el boxeador Sonny Liston, en el anuncio de las lineas aéreas Braniff.

Precisamente es en Youtube donde podemos rescatar estos anuncios, con una resolución bajísima para los estándares actuales, pero deliciosos a la hora de añorar un mundo en el que la palabra de un artista era digna de confianza e incluso de alegría.

Uno de los primeros artistas que protagonizó spots publicitarios televisivos fue Salvador Dalí. Si desde los años veinte había estado dibujando anuncios para revistas, en 1965 se estrenará televisivamente de la mano de la compañía andaluza Osborne.

Más o menos al mismo tiempo que diseñaba una preciosa botella de coñac, Dalí protagonizó una campaña con dos anuncios, dirigidos por Santiago Moro, en los que Dalí dibujaba en el aire con su bastón la palabra: ESO. Era otra época, pero no podía faltar un rostro femenino, en este caso, el de la modelo Elena Balduque, que concluía el anuncio con «¡Unnnn Veterano sabor!»

 

 

En 1969, desde Portlligat, Dalí rodó para Lanvin –una empresa chocolatera que tenía el 8% del mercado francés– un anuncio que se hizo famoso. Tras comerse un trozo de chocolate, los bigotes se le empiezan a mover como si fueran las alas de un pájaro (efecto conseguido mediante una cabeza de cera y la tradicional técnica de stop motion). A continuación, proclama: Je suis fou… du chocolat Lanvin! (Me vuelve loco el chocolate Lanvin!). Y suena el arranque del segundo movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven.

 

El último anuncio televisivo de Dalí fue para promocionar y explicar las virtudes del medicamento Alka-Seltzer, un antiácido que contenía aspirina. Un Dalí vestido con una capa plateada agrede con un rotulador el cuerpo de la modelo Nati Abascal, vestido con un Maillot blanco. Después le pinta el vientre con varios sprays. El anuncio tuvo que ser retirado porque los espectadores se quejaban, la escena les hacía pensar en un hombre atacando a una mujer a cuchilladas…

 

Andy Warhol es el mejor alumno de Dalí. También apareció en numerosos anuncios televisivos. Las líneas aéreas estadounidenses Braniff –dejaron de operar en 1982– crearon una serie de anuncios en los que gente famosa conversaba por parejas. Dalí, en su anuncio, dialoga con la leyenda del baseball Whitey Ford. Y termina gritando, con su característico acento catalán, el lema de la compañía: «When you got it-Flaunt it!» (Cuando lo tengas, presume de ello!). Warhol, por su parte, le habla del genio renacentista Miquelangelo al boxeador negro Sonny Liston. Liston lo mira, curioso, pero no dice ni una palabra.

 

 

En Youtube se pueden encontrar algunos de los anuncios protagonizados por Andy Warhol. Como éste, en el que habla japonés, mientras anuncia cintas de vídeo TDK. Pero mi preferido es el de Burger King. Del mismo modo que en 1963 había rodado el filme experimental Eat, en el que el artista Robert Indiana se come, durante 45 minutos, un champiñón –o eso parece–, en el comercial de la cadena de fast-food Warhol se come un Whopper. En realidad, se trata de una escena de cuatro minutos y medio, rodada por Jørgen Leth en 1981, como parte del filme 66 Scenes. Burger King consiguió los derechos de reproducción, redujo el metraje a 45 segundos, y lo emitió durante el intermedio de la Super Bowl del 2019.

 

¿Y quien dice que los artistas conceptuales no son amigos de protagonizar anuncios televisivos? Tenemos el caso de Yoko Ono que, acompañada de los compases de Imagine, protagoniza, con su hijo Sean, un anuncio para la compañía japonesa de telecomunicaciones Kokusai Denshi Denw.

 

Y puestos a hablar de artistas conceptuales irreductibles, debemos mencionar a Chris Burden. Entre los años 1973 y 1977, este artista compró espacios televisivos para emitir anuncios subversivos. Como bien explica: «Durante la década de los setenta concebí una manera de romper el dominio omnipotente de las ondas de las emisoras de televisión. La solución fue sencillamente adquirir tiempo de publicidad comercial y hacer que las emisoras reprodujeran mis cintas junto con otros anuncios «. No os los perdáis.