Hace 102 años una terrible pandemia de gripe asolaba Europa. La mayoría de los países estaba en guerra y prohibía que los periódicos la mencionaran. España era neutral y publicaba sus estragos. Por eso la llamaron «gripe española». En España murieron 250.000 personas, y en todo el mundo, se calcula que entre 50 y cien millones. Más que la suma de víctimas de las dos guerras mundiales.

El semanario satírico L’Esquella de la Torratxa le dedicó un montón de chistes gráficos a una tragedia que, en tres oleadas sucesivas, afectó, sólo en Barcelona, a 150.000 personas. No se han contabilizado los muertos, pero sólo en Madrid, ciudad entonces con menos habitantes que Barcelona, y mucho menos afectada por la epidemia, murieron 6.000 personas.

25-10-1918. Vista gripio-panorámica de la ciudad de Barcelona, en el año de la poca-gracia de 1918 (Daguerrotipo Picarol).

La segunda ola de gripe comenzó a finales de septiembre de 1918, y se prolongó hasta diciembre. El descenso del número de víctimas y el armisticio de Compiègne –el once de noviembre–, que pondría fin a la Primera Guerra Mundial, fueron relegando las noticias sobre la gripe.

 

11-10-1918. ¿Es verdad lo que dice el Gobernador, que usted sólo ataca los espectadores de los teatros? Claro, hombre. Los cines ya tienen suficiente con el microbio de la oscuridad y el  madrugueyo [magreo].

11-10-1918. –¿Vive aquí Antonio Creus? –Está enfermo. –¿Vive aquí Pere Rafecas? –Está muerto. –¿Vive aquí Paca Muxarons? –Está en la cama. –¿Vive aquí José Xinagas? –La está diñando.

18-10-1918. Medidas higiénicas que se imponen. La desinfección desde los campanarios.

 

1-11-1918. [Esquelas de La Vanguardia] El termómetro del señor Esteve.

1-11-1918. Esto no puede funcionar. En pocos días han entrado más de tres mil. –¿Sabes que saldrá de todo esto?… ¡Que nos subirán el alquiler!

 

8-11-1918. La esfinge. –No le déis más vueltas, señores doctores. Mi microbio restará eternamente en el misterio.

 

15-11-1918. Exceso de cortesía. –Conste, señor Microbio, que no somos nosotros los que lo echamos, es usted que se va por su propia voluntad.