Muy rara vez un investigador sagaz consigue recuperar una obra maestra desconocida, otros, aún más raros, lo que consiguen es rescatar del olvido a todo un maestro plástico, lo divulga y lo hace comprender mucho mejor, como si fuera un artista enteramente nuevo, inesperado y fascinante, como si hasta ese momento realmente nadie le hubiera conocido ni entendido bien.

Esto es lo que ha conseguido el tenaz comisario de la exposición Josep Berga y Boada. El despertar de les coses i dels adormits, Javi Palomo, con este autor considerado hasta ahora menor y prescindible pero que, en realidad, se revela como uno de los creadores catalanes más interesantes y significativos del cambio de siglo entre el XIX y el XX, del periodo que los especialistas suelen denominar, sin gracia y por inercia, como Modernismo catalán.

Josep Berga i Boada, Bosc. Col·lecció particular.

Extraordinario ilustrador, gran dibujante y escultor, mediocre pintor, Josep Berga i Boada (1872-1923) fue hijo y discípulo del conocido paisajista Josep Berga i Boix, l’Avi Berga, fundador de lo que se ha querido calificar abusivamente de Escola d’Olot, a la que Berga el Joven no perteneció en modo alguno, si es que, en realidad, esta escuela existió realmente más allá del decorativismo burgués y de la estética industrial del taller de imaginería religiosa el Arte Cristiano.

Josep Berga i Boada, La Mare de Déu. Col·lecció particular.

Berga i Boada es un creador perfectamente desvinculado del localismo pictórico de la Garrrotxa y, específicamente, de la pasión por el paisaje, convencido como muchos artistas coetáneos suyos que la auténtica naturaleza, digna de interés, es la naturaleza humana, mucho más que la vegetal y mineral. Más cerca de la fascinación por la anatomía humana de su amigo, el escultor Miquel Blay, y de la pintura impresionista, del retratismo y de la expresividad de la figura humana de Ramon Casas.

Vista de l’exposició.

Josep Berga el Joven construye una sólida obra plástica a la vez que elabora un personaje público muy frecuente en la época, el del artista idealista y subjetivo, bohemio, inadaptado e individualista, experimentador de todos los placeres del cuerpo y partidario de las subversiones más radicales y disolventes, en especial, la del arte por el arte.

Berga i Boada transmite el esplendor del cuerpo tenso, del rostro de las prostitutas que reproduce incansablemente en un determinado instante de gracia absoluta

De manera absolutamente coherente con lo que ocurría en Francia, si Berga i Boix se inscribía en la tradición del popular paisajismo de la escuela de Barbizon, Berga i Boada, por su parte, quedaba seducido por modelos mucho más contemporáneos y coherentes con su talante personal y artístico, en especial por el impresionismo de Claude Monet y lo que podríamos denominar realismo de influencia impresionista, por el modelo transgresor de Gustave Courbet. En los dibujos de Berga i Boada, en sus telas, encontramos un ejercicio de auténtica discrepancia, de disidencia, respecto al modelo tradicional que representa la pintura de su propio padre.

Josep Berga i Boada, La sega, 1907. Col·lecció particular.

Donde antes encontrábamos el protagonismo absoluto del paisaje ahora veremos el protagonismo insistente de la figura humana y de su cotidianidad. Donde antes se reproducía un hipotético tiempo calmoso e indeterminado, un tiempo impreciso y adormecido, geográfico y natural, sólo condicionado por la luz del sol y por el filtro de las nubes, ahora la composición plástica atrapa un momento fugaz, irrepetible, subjetivo, como una fotografía, una impresión, una visión impactante, despierta, que sólo el artista ha sabido ver y que sólo el artista puede reproducir.

Josep Berga i Boada, Autoretrat. Col·lecció particular.

Si Courbet retrata minuciosamente un esplendoroso coño en El origine du monde, casi como una gruta montañesa cubierta de vegetación y de verdad documental, Berga i Boada transmite el esplendor del cuerpo tenso, del rostro de las prostitutas que reproduce incansablemente en un determinado instante de gracia absoluta, de auténtica revelación humana y psicológica, de auténtica celebración del misterio de la existencia. La voluntad de nuestro artista es la de dar importancia al momento, al movimiento, al pálpito de la vida a través de escenas irrepetibles o de situaciones estimulantes por su innegable veracidad.

La pincelada o el trazo del dibujo son enérgicos y el color siempre está vivo o rico en matices en los dibujos monocromos. Resulta difícil contemplar sin entusiasmo y vivo agradecimiento el dibujo a tinta La mosca, de 1910, trabajo preparatorio de La mosca de 1918, el dibujo definitivo hecho a lápiz graso que reproduce el instante exacto en que un tábano pica a un toro en una zona íntima y , a su vez, el gigantesco animal provoca una impresionante estampida de todo el rebaño.

Josep Berga i Boada, La mosca, 1918. Col·lecció particular.

Un complejo conjunto de sólidos conocimientos anatómicos, de buena técnica del dibujo, se ponen en juego en esta obra de aspecto falsamente costumbrista o intrascendente. Puede parecer, a primera vista, una simple estampa rural cuando, en realidad, se trata de un estallido de rebeldía, de una instintiva patada al universo ante la desdicha, noticia exacta de la vida interior del individuo moderno, atrapado entre la libido y la violencia, tal como lo define el gran sedicioso de la época, Sigmund Freud. La mosca de Berga y Boada parece que ilustre la famosa anécdota de Pierre-Auguste Renoir, el cual, al ser preguntado si pintaba con la cabeza o con el corazón, respondió solemnemente «Non, mes couilles«.

Josep Berga i Boada, Retrat de noia. Col·lecció particular.

Hay en Berga i Boada una mirada disconforme, descontenta, indómita, radical. La misma que le lleva a pintar un excelente cuadro que representa a los componentes de su propia familia -incluidos padre y madre- a tamaño natural como un malicioso homenaje a una institución que, en realidad, rechaza, que le horroriza. Berga i Boada, que vivió la mayor parte de su vida solo o en prostíbulos, pinta de manera especial los rostros de sus progenitores con maldad. Son exactos y de exquisita factura técnica pero reproducidos con una auténtica voluntad de venganza, de crítica irónica.

Baste compararlos con la extraordinaria colección de ilustraciones que publicó durante la Gran Guerra, en que el Eros y el Tánatos, la belleza anatómica de los cuerpos y la crudeza del aniquilamiento, donde el principio de vida y de muerte se complementan de manera tan dolorosamente extraña como absolutamente compatible. Donde el odio convive con el amor y viceversa, donde reina siempre la violencia y la barbarie.

Josep Berga i Boada, El Progrés, 1918. Sèrie d’il·lustracions sobre la Primera Guerra Mundial. Col·lecció particular.

Esta misma impresión, esta misma dureza, nos confirman las esculturas que recoge la excelente exposición que Palomo nos ha querido organizar y cartografiar el Museu de la Garrotxa. En especial, las esculturas de Cristo como Ecce Homo, el cuerpo de gran belleza formal, anatómicamente impecable y veraz, entrañable, de impresionante majestad divina, completamente flagelado, destruido por el dolor de la pasión, por la sed de mal que los hombres le han infringido, sin contemplaciones.

Josep Berga i Boada, Detonació, 1918. Sèrie d’il·lustracions sobre la Primera Guerra Mundial. Col·lecció particular.

Si lo pensamos mejor, hay mucho masoquismo y sadismo, hay mucho sexo y violencia en toda la obra plástica de Berga i Boada. Es tan rotunda, tan auténtica, tan poco idealista y tan perspicaz que recuerda por encima de todo la gran obra literaria de los valles de Olot. Sólo en La puñalada de Marian Vayreda podemos encontrar un retrato tan fiel y sin concesiones de lo que, en realidad, configura el mundo. Un retrato exacto de lo que oculta la opulenta belleza natural, paradisíaca, de la comarca de la Garrotxa. El árbol del Bien y del Mal, o lo que es lo mismo, el conocimiento y la desgracia para los que comen sus frutos.

La exposición Josep Berga i Boada. El despertar de les coses i dels adormits se puede visitar en el Museu de la Garrotxa, en Olot, hasta el 10 de febrero de 2019.