El año de nuestro Señor de 1474 Isabel de Trastámara fue coronada reina de Castilla en Segovia.

Cuatro años más tarde el Papa Sixto IV, el mismo que encargó decorar las paredes de la Sixtina a un grupo de artistas florentinos (Perugino, Botticelli, Ghirlandaio i Cosimo Rosselli…) firmó una bula por la que autorizaba al reino de Castilla a nombrar inquisidores para terminar con el “problema judío”, al más puro estilo SS y Gestapo.

Bartolomé Bermejo, La Piedad Desplà, 1490. Catedral de Barcelona.

No era la primera vez que se perseguía a los judíos, conversos o no, en los reinos europeos i en España. De hechos los judíos ya habían sido expulsados de Inglaterra en 1290 i de Francia en 1394.

En 1348 con la llegada de la peste negra muchos les acusaron de ser los causantes de los males que diezmaron a la población europea. En 1391 hubo graves disturbios en Sevilla, Córdoba y Toledo que llegaron a Barcelona donde se asaltó encarnizadamente la judería.

Un siglo después, serían expulsados de las coronas hispánicas, una vez Isabel y Fernando concluyeron la conquista de Granada. Ya antes, en 1476 durante las Cortes celebradas en Madrigal de las Altas Torres (un pueblecito de mil habitantes de la provincia de Avila donde había nacido Isabel la Católica) se les prohibió usar ropas lujosas y se les ordenó que cosieran una “rodela bermeja” en el hombro que permitiera identificarles, al más puro estilo SS y Gestapo.

Bartolomé Bermejo, Flagelación de Santa Engracia, c. 1474-1477. Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Hacia 1480 la persecución prosiguió implacable y los judíos quedaron confinados en las juderías, que se convirtieron en guettos. Casi quinientos años más tarde se hizo lo mismo en los territorios controlados por el III Reich con consecuencias suficientemente conocidas e inhumanas.

Uno de los conversos que decidió poner tierra por medio y huir de esta persecución antisemita fue un pintor de formación flamenca: Bartolomé Cárdenas más conocido como Bermejo, originario probablemente de Córdoba como firmó en la Piedad Desplà en 1490.

Bermejo (quizás aún llevaba la “rodela bermeja” cosida al hombro) salió de una Andalucía que era conquistada por les tropas castellanas y marchó hacia Aragón donde parece que los vientos no eran tan funestos.

Bartolomé Bermejo, Descenso de Cristo al Limbo, c. 1475. Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona.

Lentamente se acercó a Barcelona. Trabajó primero en Valencia, en Daroca y en Zaragoza donde quedan algunas obran que nos hablan de la influencia de las obras de los primitivos flamencos que llegaban a los reinos hispánicos. En 1486 ya se encuentra en Barcelona donde concursó sin éxito con Jaume Huguet para obtener el encargo de pintar las puertas del órgano de santa María del Mar.

Una de las obras emblemáticas de este pintor preciosista que ya dominaba la nueva técnica norteña del óleo, fue la Piedad Desplà, encargada por el arcediano mayor de la catedral de Barcelona, Lluís Desplà i d’Oms, que años más tarde, entre 1506 y 1509, fue President de la Generalitat. Bermejo halló acogida en Desplà, el hombre que se opuso a la intervención del Santo Oficio en Barcelona, aunque no lo pudo evitar.

Bartolomé Bermejo, Tríptico de la virgen de Montserrat, c. 1483-1484. Catedrale de Nostra Signora Assunta, Aula Capitolare, Acqui Terme (Alessandria).

En Catalunya costó que se implantara el Santo Oficio que se dedicaba a perseguir a los judíos que aún practicaban su religión, pero en 1483 Tomás de Torquemada, confesor de los Reyes Católicos, fue nombrado Inquisidor general de las coronas de Castilla y Aragón y la Inquisición se implantó en Zaragoza y Valencia (1484), Barcelona (1486), Mallorca (1488), Sicilia (1487) y Cerdeña (1492).

Era un preciosista, un erudito del color, de las formas y de la naturaleza.

Finalmente, en 1492 fueron expulsados de la península entre 80.000 y 200.000 judíos. Aproximadamente, unos 100.000 marcharon de Castilla y unos 10.000 de Aragón, diez veces menos. “Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”. Pero quizás “no tanto”.

Bartolomé Bermejo era un preciosista, un erudito del color, de las formas y de la naturaleza. Era un hombre del renacimiento, aunque este llegara a la península años más tarde. En la Piedad Desplà (1490) pintó un tratado de fauna y de botánica: más de setenta especies animales y vegetales están presentes en esta obra del gótico catalán que se puede admirar en la excelente i cuidadosa exposición que ahora le dedica el MNAC y que proviene del Prado.

Bermejo vivió en tierras aragonesas hasta que murió hacia 1500.

La exposición Bermejo. El genio rebelde del siglo XV, se puede visitar en el MNAC, en Barcelona, hasta el 19 de mayo.