El pasado jueves tuvo lugar en Barcelona una subasta extraordinaria de libros antiguos y manuscritos. La organizaba Soler y Llach, la firma referente en este tipo de subastas.

La mayor parte de los lotes se vendió. Los resultados se pueden consultar en internet, y nos revelan dos datos muy interesantes: por un lado, se consolida la tendencia al alza del mercado de la bibliofilia, después de años de lenta recuperación. Hay libros y documentos en el mercado que son tan parte de nuestra propia historia que no podían seguir ignorados. El patrimonio cultural no es una exclusiva de las administraciones públicas. Unas administraciones que, por otra parte, no comparecieron en esta subasta.

Practica, forma, y estil, de celebrar Corts Generals en Cathalunya, 1701.

Por otro lado, en concordancia con una serie de tendencias culturales relacionadas con la identidad nacional, se constata un interés enorme por todo lo que tenga que ver con aspectos y episodios muy concretos de la historia de Cataluña: documentos y libros relativos a la guerra de Sucesión, a la Cataluña medieval y a las leyes propias de este Principado e incluso del Reino de Aragón.

A modo de ejemplo, había una sección dedicada a la Guerra de Sucesión, con 43 lotes de libros, bandos, folletos y manuscritos. No sólo se adjudicó prácticamente la totalidad del conjunto, también muchos lotes duplicaron e incluso triplicaron el precio de salida.

Tal vez se partía de estimaciones demasiado bajas. El hecho es que, por ejemplo, un conjunto de 35 coplas y folletos poéticos dedicados a Carlos III, algunos de los cuales en catalán, alcanzó un remate de casi veinte veces el precio inicial: salía en 120 euros y se adjudicó en 2.200.

Un misterioso manuscrito anónimo, escrito hacia 1830, con la historia de Barcelona desde el primer consejero Joan Fiveller hasta Felipe II, que salía por 100 euros, alcanzó los 4.000.

O un precioso ejemplar de bibliófilo de tema barcelonés -Rafael Tasis: Tot l’any. Dotze estampes barcelonines i un pròleg, 1943- en tirada de 55 ejemplares numerados en papel de hilo, litografías de Antoni Clavé y una extraordinaria encuadernación con piel del mítico Emili Brugalla, pasó de unos escasos 350 euros a los 3.200 del remate final.

Usatges de Barcelona e Constitucions de Cathalunya, 1495. La primera copia impresa de unas constituciones de Cataluña.

Pero el momentum de la subasta llegó con la sección de libros góticos e incunables de la Biblioteca Ausiàs March; un nombre de consenso para un propietario que quería preservar el anonimato.

Los lotes relativos a la legislación medieval de Cataluña como Estado alcanzaron precios nunca vistos anteriormente: unos Usatges de Barcelona e Constitucions de Cathalunya impresos en 1495 -probablemente los primeros que vieron la luz en una imprenta- alcanzaron los 10.000 euros (partían en 4.500). La Suma de los Fueros de Aragón y observancias del noble y ínclito Reyno de Aragón (1525) de Jacobo Soler, pasó de 700 a 8.000 euros. Un Consolat de Mar publicado en 1518 pasó de los 1.800 a los 5.500 euros. O un clásico de la literatura catalana, la Crònica dels fets… del Inclyt Rey Don Jaume Primer Rey d’Aragó, de Mallorques e de Valencia: Compte de Barcelona e de Muntpesller (1562) alcanzó los 3.000 euros (salía en 1.200).

Ramon Llull, Blanquerna, 1521.

Las cotizaciones más altas fueron para el clásico Libro primero de Morgante y Roldán y Reynaldos donde se cuentan sus maravillosos hechos en armas (1550). Este relato, que Cervantes cita en el primer capítulo del Quijote, partía en 4.000 euros y alcanzó los 12.000. Y el rifacimento del Blanquerna de Ramon Llull, a cargo de Joan Bonllabi. Un clásico raro, con tipografía gótica y grabados al boj. Se ofrecía por 6.000 euros y alcanzó los 19.000.

En conclusión: hay mercado, oportunidades y mucho futuro para el buen material bibliográfico; y este mismo mercado nos revela las pulsiones de nuestro presente histórico.