Las paredes de La Capella de l’Antic Hospital de Barcelona supuran historia. Historia sanitaria, historia religiosa e historia artística.

Pero además del aliciente de su arquitectura medieval, La Capella, de propiedad municipal, ha sido escenario a partir de los años 50 de varios acontecimientos artísticos como los Salons de Maig (1956/69) y la histórica exposición de Joan Miró de 1968.

Lucía Egaña, Pajas mentales, 2012.

Hace 25 años, sin embargo, su uso se ha centrado en la promoción del arte emergente y ahora la exposición Las escenas. 25 años después celebra esta efeméride. Pero esta no es una muestra que repase la historia del último cuarto de siglo, ni una revisión nostálgica de ningún tipo. Las escenas, como su título indica, está compuesta de seis capítulos que se irán sucediendo, a veces uno detrás del otro y en ocasiones, solapados, hasta mediados de junio. No os extrañe pues que, si vais pronto a ver la exposición, parezca de momento un poco vacía y desangelada. Esto sólo es el prólogo de un proyecto, construido por fragmentos, recortes y también algún pequeño guiño al pasado, más ambicioso de lo que puede parecer a primera vista.

Julia Spínola, Fardo, 1998.

El proyecto es ambicioso porque de entrada cuenta con un equipo curatorial formado por cinco comisarios: David Armengol, Sonia Fernández Paz, Eloy Fernández Porta, Sabel Gavaldón y Anna Manubens. Después porque ha implicado a más de una treintena de artistas que irán y vendrán, algunos alternados, enmarcados por los seis episodios de la muestra. Toda la exposición es como una gran metáfora de muchas de las maneras de trabajar del arte contemporáneo actualmente: las prácticas colaborativas, la fragmentación, el work in progress… Todo lo que, a lo largo de 25 años, sobre todo desde la feliz iniciativa de Barcelona Producció, que se puso en marcha en 2006 desde el Icub para incentivar la producción artística emergente, ya se ha ido exponiendo en La Capella.

Esto sólo es el preludio minimalista de una serie expositiva de seis capítulos.

Emergentes ya fueron, los dos fantásticos ciclos que comisarió el malogrado Manel Clot al inicio de la historia de La Capella, abriendo paso a una serie de prácticas artísticas que entonces eran alternativas y ahora, en cambio, son hegemónicas en el ámbito del arte contemporáneo. En el primer episodio de Las escenas son las pinturas del argentino Gustavo Marrone de principios de los años 90, las que conectan con la primera exposición de Clot. Son obras de gran fuerza, acompañadas por dos instalaciones nuevas: una frase contundente escrita en un muro, La evidencia pudo con todas las especulaciones estéticas; y una instalación sencilla pero cargada de contenido formada por portadas de revistas del corazón sobre la realeza española de los últimos 25 años que dice muchas cosas.

Gustavo Marrone, 4_0.

La fuerza de la obra pictórica de Marrone, emparentada en parte con los dibujos de de Lucía Egaña, convive con un objeto contundente, un gran fardo de cartón, en medio de la sala, de Julia Spínola. Marc Vives se ha atrevido a reescribir un libro de juventud, Melodramas, mientras que la voz de Laia Estruch musica una declaración de intenciones como autora. Teniendo en cuenta que esto sólo es el preludio minimalista de una serie expositiva de seis capítulos, este artículo deberá continuar.

Les escenes. 25 años después se puede visitar en La Capella, de Barcelona, hasta el 23 de junio.