Uno de los templos más bellos del Noucentisme no es de piedra sino de vegetación. Se encuentra en un paraje natural presidido por una fuente.

En Viladrau, detrás del Hostal Bofill y bajando hacia el bosque, a diez minutos andando, encontraremos la Font de l’Oreneta (Fuente de la Golondrina), que te recibe con una estela donde hay inscritas en capitales el poema que Jaume Bofill i Mates, Guerau de Liost, le dedicó: “Vora la teva font, fes, oreneta, niu: faràs, demà, companyia al poeta” (Junto a tu fuente, haz, golondrina, nido: harás, mañana, compañía al poeta).

Font de l’Oreneta en el Montseny (Viladrau, Catalunya) con una estela dedicada al poeta catalán Guerau de Liost. Foto: Ferran Guilló CC BY-SA 2.0.

Cobijada por nueve chopos, sobre la fuente hay un bajorrelieve de Joan Rebull, en mármol –recordando a Donatello–, que representa dos cazadores con un perro y una liebre. Es uno de los pocos casos en la literatura que una petición se concreta en una respuesta, que el deseo se convierte en realidad. En su poema, Guerau pide: “L’ombreja un castanyer/damunt la seva casolana soca/ un dístic em plauria del meu Josep Carner” (La sombrea un castaño/ sobre su casera cepa/ un dístico me agradaría de mi Josep Carner). Y el dístico de Carner está grabado en la piedra bajo el relieve de Rebull: “Filla del cel jo so la Font de l’Oreneta, em descobrí l’ocell i em corona un poeta” (Hija del cielo yo soy la Fuente de la Golondrina, me descubrió el pájaro y me corona un poeta). La correspondencia hecha piedra o la amistad casi fraternal en estado sólido.

Tres siglos antes, en este rodal había triscado el bandolero catalán Joan de Serrallonga, una especie de Robin Hood local, antes de que acabara condenado a la horca. Ahora van las familias los domingos, mientras esperan turno para comer en la fonda. Es un paraje mágico donde reina el silencio, roto por el chorro de agua que brota de la fuente y que, como un río en miniatura, se canaliza entre la arena haciendo las delicias de los niños. Si levantamos la vista veremos los castaños que reinan en el bosque y más arriba, en el cielo, las golondrinas que le dan nombre y vuelan, como acentos desubicados, en círculos espasmódicos. En 1936 fue inaugurada a propuesta de Marià Manent. Hacía tres años que Guerau estaba muerto. Viladrau fue la Babel de las Artes entonces. La alta cultura ha sucumbido al folclore, el refinamiento a la mundanidad, la poesía a las brujas y las castañas. Qué le vamos a hacer. Es así. Una muestra más de la involución de la cultura catalana.