Desde que el 18 de noviembre de 2016 CaboSanRoque estrenó No em va fer Joan Brossa en el festival Temporada Alta, su interpretación de la obra temprana de Joan Brossa desde la perspectiva del sonido, no ha dejado de viajar y cosechar éxito y entusiasmo.

Y no es para menos. Con un conjunto de objetos cotidianos de brossiana memoria, desvencijados, reciclados y ensamblados de forma creativa, CaboSanRoque, que siempre parte del sonido y de la capacidad expresiva de las máquinas, ha creado una instalación sonora, plástica y mecánica que traslada el visitante a un metapaisaje que evoluciona a través de herramientas analógicas en movimiento, luces, sombras y humo.

Cabosanroque, No em va fer Joan Brossa. Fotos: José Hevia.

Son los paisajes que Brossa plasma en su prosa y poesía escénica de los años 40 y 50 y que -como sugiere la propia voz del poeta en la instalación- se convierten en el paisaje onírico y misterioso de El jardín de Batafra de Antoni Tàpies, en el paisaje descarnado de la Batalla del Segre y en los bosques brumosos de la ópera Parsifal de su admirado y recurrente Wagner. Con su acumulación transitable de objetos cotidianos y fantasmagóricos a la vez, CaboSanRoque aplica al objeto y al paisaje el transformismo de Fregoli, otro punto de referencia de la poética de Brossa a lo largo de toda su trayectoria.

 

Desde las sombras que rodean la pieza, además de los elementos plásticos que se animan bajo la mirada sorprendida del público, surgen un conjunto de sonidos que incluyen diferentes fragmentos de la poesía escénica de la misma época, llena de aliteraciones. “Lo importante es el sonido de la palabra más que su significado”, asegura Laia Torrents, que en 2001 fundó CaboSanRoque con Roger Aixut. Ganador de una de las becas para la investigación y la innovación en las artes visuales que otorga la Generalitat, el dúo de artistas sonoros ha reinterpretado la producción en prosa de Brossa desde la transdisciplinariedad para crear una pieza que utiliza materiales brossianos y empieza con la voz del poeta, música de Wagner, bocanadas de humo y viejas máquinas de escribir que tocan al compás de sus teclas.

“El movimiento de la instalación es autónomo, la presencia del público no lo modifica. Es justo al revés la instalación incide sobre el movimiento de los espectadores dentro del espacio de forma sutil, sin que ellos ni siquiera se den cuenta. La pieza dura 27 minutos, tiene un principio y un final, el público puede entrar cada 30 minutos”, explica CaboSanRoque.

No es arte, pero casi, no es música, pero casi, no es teatro, pero casi.

Cuando la presentaron en el centro Arts Santa Mònica justo hace un año agradecían al entonces director Jaume Reus, y afirmaban “¿dónde vas a exponer algo que no es arte, pero casi, no es música, pero casi, no es teatro, pero casi? pues la cosa va a quedar muy difícil”. Desde luego no se esperaban que la pieza fuera a emprender una itinerancia sin pausas y no sólo en Cataluña, sino también en el extranjero, por ejemplo, en el Center for Contemporary Art of Glasgow (Escocia) y en La filature de Mulhouse (Francia) para citar solo dos de los centros que la han pedido.

Actualmente CaboSanRoque está trabajando en 22 Agujeros, una instalación audiovisual interactiva de grandes dimensiones sobre la memoria y el olvido colectivos, que revive la historia de 159 combatientes republicanos no identificados cuyos restos se encontraron en 22 fosas comunes de diferentes poblaciones. “Sólo el público con su participación y con sus movimientos en el espacio de la instalación podrá hacer visibles los 22 agujeros, e intervenir sonoramente este oratorio contemporáneo que intenta visualizar y dar cuerpo sonoro al silencio de estos 159 no‐nombres”, explica CaboSanRoque, que el 8 de junio presentará en L’Altre Festival una obra de poesía escénica, realizada con personas que padecen enfermedades mentales, y en noviembre una nueva obra de teatro expandido en el Festival Temporada Alta.

La instalación sonora transitable No em va fer Joan Brossa, que explora la prosa más desconocida del poeta desde una aproximación sonora, estará hasta el 5 de mayo en el Museu de Granollers, y luego se presentará en el Teatre Principal de Palma (del 8 al 14 de mayo), el Centre d’art contemporani La Sala de Vilanova i la Geltrú (del 17 mayo al 30 junio), la Sala Trinitaris de Vilafranca del Penedès (del 20 septiembre al 20 octubre), el Museu d’Art de Cerdanyola (noviembre-diciembre) y el Museu Abelló de Mollet del Vallès (diciembre-enero 2020).