Imaginad que hay una organización religiosa que va por el mundo vaciando registros de todo tipo: censos, inmigración, cementerios, bodas… Y que los emplea para hallar ancestros y poderlos salvar mediante el «bautismo de los muertos».

¿Qué has fumado, Ricard? Me preguntaréis. O bien… –¿Dan Brown ha sacado una nueva novela?

Ficha consular de Joan Ponç.

Y yo venga a insistir: «¡Es verdad, lo juro!» Y encima añadiré: «Descubrirlo me ha hecho mejor historiador del arte».

Como dice un amigo mío, corresponsal de guerra, «la realidad siempre, siempre supera la más retorcida de las ficciones».

El Movimiento de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros son popularmente conocidos como mormones –a ellos no les gusta, este nombre–, lleva a cabo prácticas curiosas, como el matrimonio eterno o el bautismo de los muertos. Nada que objetar, claro.

Pero, ¿en qué consiste este bautismo postmortem? Si no te has bautizado como Dios manda –o sea, como ellos prescriben– no puedes entrar en el cielo. Entonces, para salvar a sus antepasados, aprovechan que van a predicar por todo el mundo para recoger todos los datos que pueden allí donde se lo permiten –hay países, como Francia, donde hay grandes restricciones–, y elaboran inmensos y complejos árboles genealógicos.

Con la llegada de internet, los mormones aprovecharon para poner todos estos datos al alcance de todos. Y también todo el mundo, por supuesto, puede completar los datos que han puesto a nuestra disposición. La web se llama https://www.familysearch.org, y como podemos leer, se trata de un «service provided by The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints».

Hasta aquí, la teoría. Ahora vamos a la práctica. Cualquier artista catalán que se haya movido por América, sobre todo por los Estados Unidos, México o Brasil, ha dejado rastros burocráticos. Y los mormones nos facilitan seguir estos rastros hasta extremos difícilmente imaginables.

Por ejemplo, Salvador Dalí viaja, entre 1934 y 1978, un montón de veces a Nueva York. Fue, casi siempre, en el transatlántico que parte de Le Havre. Y todas sus llegadas están registradas en el manifiesto de pasajeros del barco, imprescindible para el control de inmigración. Su primer viaje, en 1934, a bordo del Champlain, fue parcialmente financiado –según cuenta él mismo– por Picasso. Según la » List or manifest of alien passengers» que encontramos en Family Search, Dalí sale de Le Havre el 7 de noviembre, acompañado de su esposa Hélène –Gala–. Tiene 30 años, sabe leer y escribir, está casado, ha nacido en Figueres, Spain, con residencia en París, y su visa de entrada fue expedida en París el 3 de noviembre. Otros documentos también indican cuántas maletas llevaban encima. Este es el nivel de precisión de unos datos que han sido transcritos manualmente por algún anónimo mormón.

“I am not an anarchist; I am not a polygamist”.

Hay otro artista catalán que hizo las Américas, Lluís Graner. Tras fracasar la Sala Mercè, arruinado, emigró a los Estados Unidos. Si lo buscamos en Family Search encontraremos un montón de datos suyos interesantes.

Sabemos que llega el 15 de octubre de 1908, procedente de Barcelona, a bordo del buque Castilla.

Vuelve a Nueva York en enero de 1910, acompañado de su esposa Dolores Guardiola, y dos de sus hijas. Había salido de Barcelona a bordo del Montserrat. Y deja una hija, Dolores, en el número 3 de la Plaza Real.

Viajará a menudo por todo el continente americano. En septiembre de 1913 llega a Nueva York procedente de Río de Janeiro, y descubrimos que vive en 848 Amsterdam Avenue de la ciudad de los rascacielos.

En una declaración de intención firmada en Nueva York en junio de 1923, escribe: «“It is my bona fide intention to renounce forever all allegiance and fidelity to any foreign prince, potentate, state, or sovereignty, and particularly to Alfonso XIII King of Spain.» El documento prosigue:»I am not an anarchist; I am not a polygamist «. O sea, que renuncia a cualquier fidelidad al rey de España, y que afirma no ser ni anarquista ni polígamo.

Si seguimos con algunos artistas catalanes en Nueva York –la lista es inmensa–, podemos averiguar que Ramon Casas llegó, procedente de Cherbourg, en octubre de 1908, a bordo del SS Kaiser Wilhelm II, y que en Barcelona deja una madre, que vive en el Paseo de Gracia 96. O que Torres García llega, con su esposa y tres hijas, En el SS Leopoldina, que había zarpado de Le Havre el 5 de junio de 1920 –la biografía de Enric Jardí dice que es el 5 de julio. Por cierto, en el manifiesto del barco, su nombre figura en catalán: Joaquim. Deja a su madre en la calle Àngel Guimerà número 3, segundo piso, de Sarrià.

Manifiesto del S.S. Leopoldina, con la familia Torres Garcia.

Brasil también ha sido un país de acogida para los artistas catalanes. Joan Ponç viajó a bordo del Bretagne, y desembarcó en Santos el 27 de noviembre de 1953. En la ficha de inmigración, consta que su profesión es «estofador», o sea, tapicero. Encontramos más datos: el pasaporte se expidió en Barcelona el uno de octubre, el 14 de noviembre el cónsul general de Brasil en Barcelona le entrega el visado, y dos semanas después vive en la Rua Cachoeira –Cascada– de Santos.

También por el puerto de Santos había llegado el pintor Francesc Domingo. Domingo había desembarcado, el 13 de abril, en Buenos Aires. Y allí pidió un visado para ir a vivir a Brasil. Le conceden y desembarca en Santos –donde se instalará– el 30 de julio. Llega sin trabajo –»desempregado»–, con la condición de presentar un contrato de trabajo antes de seis meses.

Y aquí me paro. Ya lo sabéis, todos estos datos se pueden encontrar en Family Search, gracias al “bautizo de los muertos” de los mormones. Cherchez le mormon!