La semana pasada publicamos el testimonio de Anna Belsa sobre la última exposición de Christo y Jeanne-Claude en la galería Joan Prats de Barcelona, en 2008, con motivo del deceso del artista búlgaro.

Pocos días después, me encuentro por la calle a Josep Bracons, historiador del arte y responsable del departamento de colecciones en el Museo de Historia de Barcelona. Hablamos del monumento a Colón que Christo había proyectado y que el Ayuntamiento no logró concretar y me dice: «te sorprenderías si ojearas la prensa de la época. A menudo, popes que hoy en día publican artículos lamentándose de proyectos no realizados, que en su momento clamaron en contra».

Anuncio de las dos exposiciones de Christo en el diario AVUI.

No es un mal desafío. Lo primero que tengo que decir, y que no he encontrado en los periódicos de la semana pasada, es que Christo expuso en 1975 en la galería Ciento, y en 1977, cuando envolvió el interior de la Joan Prats, había expuesto, a la vez, su proyecto sobre el monumento de Cristóbal Colón en la galería Trece. Conclusión: si tu galería desaparece, no tendrás quien te defienda ante el tribunal de la historia. Triste, y aquí los historiadores no ayudamos mucho.

Como estamos en tiempo de pandemia y los archivos están todavía cerrados, sólo he podido consultar la hemeroteca online de La Vanguardia, el AVUI -a través del portal de prensa digitalizada de la Diputación de Girona-, y el semanario Destino -vía portal ARCA. La historia, según he podido ver, fue así:

El 13 o el 14 de septiembre tiene lugar, en el Colegio de Arquitectos de la Plaza de la Catedral de Barcelona, una sesión en la que los presidentes de los Colegios de Aparejadores y Arquitectos Técnicos, del Real Círculo Artístico, del Fomento de las Artes Decorativas y del Círculo Artístico de Sant Lluc anuncian que dirigirán un escrito al Ayuntamiento en el que le piden que otorgue el correspondiente permiso para llevar a cabo la envoltura del monumento a Colón, al cuidado de Christo Javacheff, «conocida figura del arte conceptual».

Sempronio, en Destino, se regodea: según Pepe Pratmarsó, presidente de Sant Lluc, «el Ayuntamiento anda remiso en concedernos el permiso». Sempronio aventura que el delegado de Cultura del Ayuntamiento, Jacint Bassols, ha añadido «¿Os imagináis la cantidad de chistes que va a hacer la gente?» Y remata citando a Cristià Cirici, representante del Colegio de Arquitectos: «Si fuera posible incorporar la acción de Christo en la promoción de la cultura catalana… Por Ejemplo, envolver Colón con la bandera. A lo que Pratmarsó se opuso con energía y buen criterio».

Christo, Wrapped Monument to Cristobal Colon (Project for Barcelona), 1984. Colección «la Caixa» Art Contemporani.

Por su parte, Lluís Permanyer, aguza el ingenio (por decirlo de alguna manera) en las páginas de Can Godó: «Afirman también que su obra supone una evocación o una crítica de ese fenómeno tan propio que ha impuesto la sociedad de consumo: el empaquetamiento. Quiero destacar esta interpretación porque la acción de Christo en Barcelona la entenderemos como un gigantesco y merecido homenaje a nuestro ‘botiguer’». Permanyer, que considera a Christo «un búlgaro muy resalao», acaba proponiendo a los promotores que «en vez del monumento a Colón proceda a envolver el Ayuntamiento. ¡El Ayuntamiento, Christo! Que además de ser una acción ‘engagée’ constituiría una poderosa evocación de algo muy popular y muy catalán: la ‘toia’».

El historiador, crítico de arte y gestor cultural Daniel Giralt-Miracle –que si no ha escrito aún sus memorias, le conmino a que lo haga ya, y no nos ahorre una sola migaja de intrahistoria– escribe, en el AVUI, que «no será un atentado a la tradicional versión de la ‘hispanidad’ ni a la personalidad de Cristóbal Colón, ni a la ciudad de Barcelona que el próximo noviembre –estamos a 19 de septiembre de 1976– y coincidiendo con la magna feria de arte (EXPOARTE) que tendrá lugar en Montjuïc, el famosísimo Christo ‘empaquete’ en plena Puerta de la Paz esta pieza escultórica significante de nuestra ciudad».

Quim Monzó y Pere Calders, aún en las páginas del AVUI, también meten cucharada, a ver qué generación es la más ingeniosa. Muestra de este combate entre posnovecentistas y posmodernos es la carta al director que envía la escritora y lexicolóloga Joana Raspall i Joanola. Ignora, no sé si de manera intencionada, que Christo llevaría a cabo su acción de manera gratuita: «… me parece que cabe plantearnos honradamente si nuestro país está en situación de poder invertir esfuerzos y dinero en obras tan efímeras como la programada, cuando hay tantos y tan graves problemas que no pueden ser atendidos económicamente». Y añade: «Sólo los países ricos pueden permitirse el lujo de erigirse en mecenas incluso de originales extravagancias».

Finalmente, la doble exposición –Trece y Joan Prats– se celebró en enero de 1977. Después de un Expoarte sin continuidad, que había sido el intento catalán de acoger algo que, trasladado a Madrid, se llamará ARCO. No es necesario que os explique el resto de la historia.

Christo, Esbozo del monumento envuelto.

Ferran Monegal, el actual crítico televisivo, entonces recién licenciado, escribió en La Vanguardia sobre la inauguración de la exposición Christo en la galería Joan Prats. Allí recoge declaraciones del artista, que completa con pensamientos dignos de la gracia y la ironía que aún lo caracterizan: «Y el proyecto se hizo, pero al parecer el alcalde último, señor Viola, tuvo miedo de que dejaran a Colón empaquetado para siempre y no dio el permiso». Más adelante, reflexiona: «Pensé en si ese joven no será un guardamuebles frustrado». Pero, claro, se defiende: «uno, que es provinciano y de pueblo, piensa que la cosa es de locos».

Acabó la exposición y, al parecer, no hubo éxito de ventas. Tampoco se concretó la envoltura de Colón… hasta que, en 1984 –siete años después–, un titular en el AVUI revela: «Christo se ofrece nuevamente a envolver el monumento a Colón». ¿Qué? ¿Se ofrece? Leemos: «Este nuevo ofrecimiento –que no se debe a la persistencia del artista– ha venido en cierto modo provocado por el encargo directo que la alcaldía de Madrid, encabezada por Tierno Galván, le ha hecho de envolver la puerta de Alcalá, uno de los otros proyectos que Christo tenía en cartera desde hace tiempo. Pero el artista, que siente una predilección por Barcelona, donde tiene la mayor parte de sus amigos españoles, entre ellos Joan de Muga, ha dado su negativa al gobierno municipal madrileño a fin de volver a intentar envolver, etc. etc.»

“Madrid ahora quiere erigirse en el Nueva York europeo”

El artículo, firmado P.P., el 2 de febrero de 1984, concluye que «Madrid ahora quiere erigirse en el ‘Nueva York europeo’ y si consigue envolver la puerta de Alcalá, Barcelona habrá perdido una vez más la oportunidad de ofrecer una obra artística de envergadura internacional por una cuestión no sé si de estrechez de miras del actual gobierno municipal –como sucedió en la alcaldía en 1976– o si por un problema burocrático, de permisos y papeles, que quizá todavía es más grave». Excusas de mal pagador que no esconden la enésima muestra de nuestro complejo de inferioridad selectiva (sólo funciona si nos comparamos con Madrid). Christo no se ofreció, le pidieron que se ofreciera… ya nos entendemos.

El 16 de junio, Christo y su equipo llegan a Barcelona. Por la mañana se retrata con Daniel Giralt-Miracle, jefe del Servicio de Artes Plásticas de la Generalitat. Después se entrevistará con técnicos del Ayuntamiento. ¡Ay, los equilibrios de poder! Para desempatar, por la tarde dará una conferencia sobre su obra en la II Feria de Escultura en la Calle, de Tàrrega. Explica que la idea de envolver Colón nació en 1975. Y que volverá a concretar detalles en septiembre próximo. Todavía se le espera.

El debate estaba servido … Las cartas al director de La Vanguardia echaban humo. El 27 de junio, un tal F. André Peralta quiere disuadir a Christo de hacerle nada a la estatua de Colón y le propone envolver dos obras alternativas, la «Bola cornuda» del Matadero y el «Monumento al Trapero Desconocido» en la acera izquierda del Parque de la Ciutadella. O sea, Mujer y pájaro, de Miro, y el Monumento a Picasso de Antoni Tàpies, ambos tan recientes como 1983.

Dos semanas después, Juan Bassegoda Nonell, enfant terrible de la cosa pública catalana, arquitecto, director de la Real Cátedra Gaudí y prolífico autor de cartas a los directores de los principales diarios catalanes, argumentaba: «Se me ocurre que han escogido el monumento a Colón por ser representativo de la Ciudad pero, creo yo, que más representativa es la persona del alcalde, por lo que si se le envolviera en lugar de al monumento de la Puerta de la Paz, se tendría la máxima representatividad y además un Importante ahorro para el erario municipal. También estimo que don Pascual Maragall veneno con buenos ojos el cambio. Todavía se puede rectificar».

Y cierra la polémica, como un deus ex machina, Ricardo de Churruca y Colón de Carvajal, conde de Churruca. De conde a conde, Churruca se dirige a Godó en una carta titulada Envolver a Colón: voto de calidad. ¡Poca broma, que se cree con el derecho natural a desempatar!

«Señor Director: Quisiera dar públicamente las gracias, como descendiente de Cristóbal Colón, a todos los señores lectores que han opinado como yo y son contrarios a semejante absurda idea de envolver uno de los símbolos más hermosos que tiene Barcelona, aunque el señor Rovira Balíus ‘deteste dicho monumento’. Y, sobre todo, espero que el señor alcalde y ayuntamiento de esta ciudad nunca lleguen a apoyar semejante ridícula idea, aunque provenga del señor Christo. ¡Por muy gran artista y miedo muy ‘original’que ese señor se crea!»

Christo encontró proyectos más interesantes, como el Pont Neuf de París y, por lo que se dice, le envió un telegrama al alcalde Maragall diciéndole que ya no estaba interesado en un proyecto con diez años de antigüedad, que tenía cosas mejores que hacer.

A veces, no es tanto el qué de la historia sino el cómo. Un cómo que es una constante del ecosistema catalán del arte contemporáneo.