La muerte de Christo, el pasado 31 de mayo, me ha hecho revivir los recuerdos del montaje e inauguración de la que sería su última exposición en Barcelona. Fue en mayo de 2008, en la galería Joan Prats-Artgràfic, en la que tuve la suerte de trabajar durante veintiseis años.

Aquellos días han vuelto a mí con una luz intensa, quizá porque los viví como una experiencia única, consciente de que serían importantes, pasados los años.

Anna Belsa, Christo y Jeanne-Claude en la galería Joan Prats-Artgràfic, 2008.

En aquella exposición, Christo y Jeanne-Claude, su mujer, presentaron los dos proyectos en los que estaban trabajando: Over the river y The Mastaba. Christo no aceptaba ayudas ni subvenciones para financiar sus proyectos más ambiciosos de intervención en el paisaje; siempre quiso preservar su libertad como artista. La manera de conseguir el dinero necesario para llevarlos a cabo era mediante la venta de sus obras: collages, bocetos, y esculturas. Y una manera de hacerlo era a través de exposiciones comerciales como la nuestra.

Christo en la galería Joan Prats-Artgràfic, 2008. Foto: Fiona Morrison.

El proyecto Over the river, que fue concebido en 1992, consistía en cubrir 9,5 km del río Arkansas a su paso por el estado de Colorado con paneles plateados suspendidos sobre el agua. En el momento de exponer el proyecto en Joan Prats-Artgràfic estaban muy ilusionados, porque ya casi habían conseguido todos los permisos para realizar la instalación. Pero un grupo local de defensa del territorio interpuso varias demandas, y después de cinco años de una dura batalla legal, Christo decidió dejar de lado el proyecto para centrarse en el de The Mastaba. La mastaba tenía que construirse en un desierto cerca de Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos) con 410.000 barriles de petróleo, y tenía que medir 300 x 225 m de base por 150 m de altura. Este proyecto tampoco se realizaría. El año 2018 se construyó una mastaba más pequeña, que se instaló en el Serpentine Lake del Hyde Park de Londres, y que se bautizó como The London Mastaba.

Christo y Jeanne-Claude, firmando programas, 2008.

La obra que formó parte de aquella exposición no vino de Nueva York, que era donde Christo tenía su residencia y estudio, sino de Basilea (Suiza). La empresa Kraft E.L.S. AG, ubicada en Basilea, custodiaba la obra de Christo destinada a exponerse en museos y galerías de Europa. Esta empresa, además de custodiar obras de arte, estaba especializada en todas las tareas logísticas relacionadas con el mundo del arte: el embalaje, el transporte y los montajes y desmontajes de exposiciones. Estaba muy bien relacionada con todo el movimiento que generaba la feria de Basilea, y había trabajado para las mejores galerías del mundo. El propietario de la empresa, Josy Kraft, era, además, el hombre de confianza de Christo para supervisar los montajes de sus exposiciones. Así pues, yo conocí antes a Josy Kraft que a Christo, pues llegó un día antes para cuidar de que todo fuera bien. Josy era un hombre de trato amable y simpático. Tenía una amistad de muchos años con Christo y conocía su obra a fondo. Nosotros ya habíamos desembalado las obras y las habíamos distribuido cuando él llegó, y se mostró muy satisfecho con nuestro trabajo. «Conocéis muy bien el espacio», nos dijo. Enseguida se arremangó, y nos ayudó a colgar todas las obras. Trabajamos a gusto con él, se había creado un ambiente riguroso pero distendido. Me di cuenta de que Josy Kraft, discreto y eficiente, era una de esas personas en la sombra que hacen que las cosas funcionen.

Panorámica de la inauguración de la exposición en la galería Joan Prats-Artgràfic, 2008.

Cuando Christo y Jeanne-Claude llegaron el día siguiente por la tarde, se encontraron una exposición impecablemente montada, y expresaron su satisfacción. Yo, consciente de que venían de lejos, de que estarían cansados y que sólo habrían tomado una comida frugal en el avión, pensé que agradecerían comer algo. Fui a una pastelería, y les ofrecí unas pastas recién hechas. En la nevera, como siempre, teníamos cava y refrescos. Christo agradeció el detalle, pero Jeanne-Claude las miró horrorizada y no las quiso ni probar: «No están higiénicamente envasadas», dijo. Pude observar una gran diferencia de trato entre ambos. Él era dulce, escuchaba atentamente nuestras explicaciones del montaje, y sonreía con aprobación. Ella, en cambio, parecía incómoda y malhumorada. Había venido a la galería con un asistente personal y lo hizo ir varias veces al hotel a buscarle ropa, porque no le gustaba la que se había puesto para el viaje, y se quería cambiar. Finalmente, cuando encontró el traje adecuado, cambió como un calcetín, y se volvió alegre y habladora, y se pasó un buen rato charlando y riendo con Josy.

Un amigo mío, integrante de un CDR, tuvo una idea: que Christo envolviera la montaña de Montserrat con una lona amarilla.

Nosotros estábamos muy orgullosos de tener una exposición de ese nivel, y pensamos en ofrecer algo diferente a los invitados a la inauguración. Los detalles siempre me habían parecido importantes, y aquella era una buena ocasión para tener un cuidado especial. Yo conocía al mejor productor de fresas del Maresme, Josep de Ca L’Estrany, de Sant Cebrià de Vallalta, y le encargué unas cuantas cajas de fresas. Ofreceríamos fresas del Maresme con cava. Aquellas fresas recién recolectadas al punto, y el cava fresco y buenísimo, fueron el complemento ideal que la exposición se merecía.

De izquierda a derecha: Joan de Muga, Josep Ramon Masllorens y Arnau Puig, durante la inauguración de la exposición Christo-Jeanne-Claude en la galería Joan Prats-Artgràfic, 2008.

Muchos años después, volví a contactar con Josy Kraft. Ya habían sucedido los hechos de octubre de 2017, y los líderes sociales y políticos del movimiento independentista catalán estaban en la cárcel. Un amigo mío, integrante de un CDR de un barrio de Barcelona, tuvo una idea que podría resultar una «jugada maestra»: que Christo envolviera la montaña de Montserrat con una lona amarilla. Conocedor de mi relación con Christo, me pidió si se lo podía comentar. No me atreví a pedírselo directamente a Christo, y le planteé la cuestión a Josy. Éste nos lo quitó de la cabeza enseguida. Christo ya lo había dejado bien claro durante la conferencia que pronunció en la facultad de arquitectura de Barcelona cuando vino en 2008: no se quería involucrar nunca, bajo ningún concepto, con temas relacionados con política ni religión. Estos temas son coyunturales y ligados a momentos concretos de los hombres. Él aspiraba a trascenderlos. Ahora, con su muerte, ya lo ha hecho. Y su obra es su legado.