Bancos, centros comerciales, iglesias, cajas de cartón y cines vacíos: una obra para cada sitio y un sitio para cada obra. La investigación de Jordi Abelló en busca de nuevos formatos y lugares para compartir su creación pictórica y audiovisual no deja de sorprender y fascinar.

El mar en invierno es una idea que la mente no considera, decía la canción y como muchos otros pueblos turísticos en invierno Cambrils se convierte en una sombra de lo que es en verano. El viento arrecia en un paseo marítimo vacío, sembrado de tiendas cerradas y escasos transeúntes ensimismados.

Jordi Abelló, Mantis.

Es este el ambiente melancólico y nostálgico que el artista Jordi Abelló (Reus, 1970) ha escogido para estrenar su última obra Pinzellades perdudes, una película de una hora de duración que se ha proyectado en el cine Rambla de l’Art, en una única sesión y sin público. “Como pintor pensé que podía ser fascinante visionar lo que nunca vemos en detalle y gran formato, viajar por el interior de la pintura, potenciar las pinceladas en la gran pantalla para penetrar en su mundo. Sin sonido, sin público y sin argumento aparente intento recuperar la esencia de la pintura, la pincelada, y del cine, el movimiento”, explica Abelló, que ahora comparte esta radical experiencia expositiva en dos vídeos: uno es un fragmento de la película original y el otro muestra el cine durante la proyección.

Jordi Abelló, Pinzellades perdudes.

Pinzellades perdudes constituye un paso más en la investigación del artista sobre el agotamiento de los formatos expositivos tradicionales y la búsqueda de nuevas plataformas y lugares para compartir su obra. La película forma un tríptico ideal con Vida y Llocs, dos proyectos emblemáticos de la innovadora y atrevida investigación de Abelló.

“Exponer donde quieres y cuando quieres es mi lema”

Con Vida, un proyecto videográfico que investiga el origen de la vida desde el Big Bang hasta la bomba atómica, se atrevió a transformar el departamento de televisores de la FNAC Illa Diagonal en una sala de exposiciones, un jueves por la tarde. “Los televisores de las grandes superficies proyectan constantemente para todos y para nadie documentales de naturaleza, el género que más invita a la compra, según las encuestas de mercado”, explica Abelló, quien no tuvo miedo de lidiar con el gentío, la contaminación sonora y las luces cegadoras del centro comercial. “El arte tiene que volver al mundo real, desvincularse de los espacios institucionales para penetrar en la cotidianeidad. Exponer donde quieres y cuando quieres es mi lema”, continúa el artista, que tras la acción ha almacenado los 22 capítulos de Vida en otros tantos pen-drive, que pese a la infinita reproducibilidad del vídeo son obra única… única y múltiple como la vida.

Jordi Abelló, Vida.

Dibujante compulsivo, Abelló ha desarrollado Vida a partir de unas pinturas que le llevaron a identificar los embriones del vocabulario estético y formal de todas las vanguardias, en las imágenes ampliadas del mundo microscópico. Así un mosquito puede convertirse en un pantocrátor románico, las células parecer “un Miró en movimiento” y la explosión atómica, “un homenaje a Rothko”. “Los expositores de televisores son como altares contemporáneos y cuando te agachas para mirar el precio parece que te arrodillas”, asegura Abelló, abanderado de una espiritualidad tan atípica como su práctica artística.

Jordi Abelló, Bank.

Transgresor y provocador sin ser jamás ofensivo o agresivo, en Llocs transmite su mensaje artístico de forma casi clandestina apropiándose nada menos que de la hoja dominical, uno de los canales primordiales de la iglesia católica. “No quiero provocar, sino encontrar el sitio adecuado para cada obra. Además, la religión siempre ha acompañado el arte”, asegura Abelló, que en esta obra establece un sutil paralelismo formal y conceptual entre los lugares de la vida de Jesús y de Van Gogh. La acción, documentada por el fotógrafo Lluc Queralt, tuvo lugar el pasado abril en la iglesia de Sant Pere de Reus.

Jordi Abelló, Llocs.

Hace ya años que Abelló explora lugares para el arte más allá del cubo blanco. En 2009 expuso en la jaula de los gorilas del Zoo de Barcelona, y en 2012 los 40 retratos de banqueros de la serie Bank, realizados con la desinteresada colaboración de los buitres de la reserva de Nonaspe, se pudo ver sólo a través de un App para móviles en determinados bancos convertidos en salas de exposición sin saberlo. Fascinado por la mirada de otros seres vivos llegó a crear una muestra para mantis con obras a su escala, es decir una decena de centímetros. No dejéis de ver la reacción de las mantis durante la visita en la web del proyecto.

“Bancos, centros comerciales, iglesias y también museos. El lugar influye en la comunicación del mensaje. En un mundo globalizado y uniforme es necesario reivindicar espacios auténticos para el arte real”, concluye Abelló.