Solo entrar en la exposición Cinco años en las trincheras, una especie de espejo con forma de filacteria colgado en la pared, obra de Jesús Galdón, refleja a quien acaba de entrar en la galería El quadern robat.

Galdón es un artista fascinado por los mensajes escritos en cintas en las pinturas medievales, textos habitualmente de procedencia divina, pero en esta obra el mensaje somos nosotros y sólo se activa con nuestra mirada y eso es lo que de entrada nos demanda el arte, simplemente que lo miremos.

Jesús Galdón, No dir res, 2006.

Una galería es un espacio ideal para la activación del arte. Lo sabe muy bien Anna Belsa, que después de trabajar un cuarto de siglo en el sector galerístico, decidió hace cinco años emprendió la aventura de abrir una nueva galería en Barcelona en tiempos nada fáciles para el mercado del arte. Tomando el título del blog personal de Belsa, El quadern robat, la galería ocupa un piso principal de un inmueble modernista de la calle Còrsega. En este espacio, casi íntimo, se han organizado ya 17 exposiciones y numerosos actos culturales.

David Ymbernon, Trencaclosques, 2006.

La actual exposición de El quadern robat pretende celebrar precisamente los cinco años de “supervivencia” de la galería, en una clara actitud combativa de defensa del arte de proximidad. La muestra colectiva presenta una obra de cada uno de los doce artistas que han presentado una exposición individual durante este tiempo. No hay en principio ningún vínculo ni semántico ni estético entre las piezas expuestas, pero la gracia es que el conjunto de esta pequeña exposición acaba siendo tan coherente como lo es la programación de la galería: la muestra habla de la aventura discreta de una galería barcelonesa que se refleja, como en la obra de Galdón en la entrada, en las pequeñas historias cotidianas y personales de los artistas.

Jorge Pombo, New York 12-3-15, 2012.

Lo hace, por ejemplo, el fotógrafo Martí Gasull Avellán que retrata su padre contemplando el horizonte al modo de Friedrich. El padre, también fotógrafo -Martín Gasull Coral- fotografió delicadamente las gotas de lluvia sobre el cristal de la ventana de casa. Del mismo modo, otro fotógrafo, Jordi Casañas, capta un paisaje urbano reflejado en un coche. Acertadamente, la foto se expone junto a una ventana dialogando con un paisaje real de la ciudad.

Una exposición a la fuerza heterodoxa pero llena de detalles.

David Ymbernon ha subvertido el concepto de rompecabezas en un ensamblaje irónico y la pequeña instalación de Jordi Lafon denuncia un mundo demasiado ruidoso con unas nueces pintadas de dorado. Elena Kervinen pinta en fragmentos rotos de mármol para remarcar la ausencia de lo que falta. También le falta materia a la pequeña pieza sobre madera con agujeros de Joan Furriols.

Oriol Jolonch, Carrusel, 2019.

Una visión borrosa de la isla de Manhattan remite a la aventura personal del pintor Jorge Pombo en Nueva York, pero otro pintor, mucho más abstracto, Jordi Martoranno, capta el mundo con una línea blanca flotando en un fondo verde. Oriol Jolonch, en una fotografía recientísima, muestra un paisaje apocalíptico con un carrusel como protagonista, y a pocos metros reposa una cabeza de mármol muy parecida a las de Brancusi con una inscripción de Baudelaire, esculpida por Salvador Juanpere. Una exposición a la fuerza heterodoxa pero llena de detalles, armas para el combate del arte.

La exposición Cinco años en las trincheras se puede visitar en la galería El quadern robat, de Barcelona, hasta el 28 de septiembre.