La semblanza biográfica que, de Joan Ainaud de Lasarte ha escrito Francesc Fontbona la podríamos titular una semblanza vivida.

Es obvio que parte de la biografía del calificado por Fontbona como “el más brillante, erudito y laborioso historiador del arte catalán de su generación”, es anterior a momentos vividos por ambos puesto que, como bien dice Fontbona, no fue hasta el año 1963, cuando el joven de 15 años y futuro historiador del arte tuvo un primer trabajo de catalogación de fotografías de arte en el Instituto Amatller de Arte Hispánico de Barcelona, sede que frecuentaba muy a menudo Ainaud.

Joan Ainaud en su despacho del MNAC. Foto: Joan-Francesc Ainaud.

Este primer periodo, Fontbona lo resuelve con su minuciosa tarea de historiador ofreciéndonos una completa, y a veces critica, semblanza del biografiado.

La semblanza, publicada por el Institut d’Estudis Catalans y que podéis descargar gratuitamente en este enlace, se inicia con la relación de Ainaud con el Instituto Amatller dirigido por Josep Gudiol Ricart, incansable promotor de varias iniciativas culturales. A estos dos se añadió pronto Frederic Pau Verrié. Con estos, fue autor del monumental catálogo La Ciudad de Barcelona (Madrid, CSIC, 1947).

Se destaca, en este primer apartado, el amplio campo de intereses de Ainaud, presente en su colaboración como autor en la colección Ars Hispaniae. Como medievalista fue el autor del volumen de escultura gótica, pero también de los de cerámica y vidrio y miniatura, grabado y encuadernación. Hay que destacar un nombre que a lo largo de su trayectoria irá apareciendo: Jaume Huguet, primero en la monografía escrita con Gudiol (1948) y publicada por el Instituto Amatller y, más adelante, con una obra de síntesis (Madrid, Instituto Diego Velázquez, 1955) en la cual cambió ciertos puntos de vista respecto a la publicada siete años antes.

Y, también, su activa y destacada participación en la muestra Jaume Huguet 500 anys (Barcelona, Generalitat de Catalunya, 1993). Aquí quiero añadir la diferencia, y a la vez complementariedad, de Gudiol y Ainaud. Gudiol analizaba la obra con el ojo clínico del connaisseur, y desde su faceta de restaurador, junto con su hermano Ramon, en el taller de la calle Ancha de Barcelona; Ainaud lo hacía desde la mirada pero también desde el documento, aprendida la lección de su maestro Ramon de Abadal.

Es en esta semblanza vivida, y en parte compartida, donde Fontbona hace una breve pero acertada descripción de la personalidad de Ainaud, contrapuesta con la de su hermano Josep Maria: “Era –escribe– adusto y circunspecto, de sonrisa constreñida; concentrado e intenso en su trabajo”.

Después de esta introducción, Fontbona, de manera cuidadosa y completa, inicia un recorrido por la vida y obra de Ainaud. Desde sus orígenes vitales, donde la Guerra Civil está presente, hasta sus estudios universitarios y la represión franquista.

Con Jean Cocteau y J.J. Tharrats en el Museo de Arte Moderno de Barcelona, 1957. Foto: Francesc Català-Roca.

Capítulo central es el dedicado al Museo como base de su actividad. Aquí Fontbona nos ofrece un comnpleto recorrido por la biografía de Ainaud en los Museos de Arte de Barcelona, tanto a nivel de dirección como de promotor de iniciativas editoriales, como la de Anales y Boletín de los Museos de Arte de Barcelona donde transforma su carácter de revista erudita en receptáculo de trabajos monográficos, de entre los cuales destacan los de Martinell, Madurell, Alcolea y Maria Aurora Casanovas, centrados, la mayoría de ellos, en un periodo poco estudiado cómo es el arte del renacimiento y barroco en Cataluña o el grabado.

Un hecho que creemos muy importante para el estudio del arte catalán, muchas veces ninguneado por los historiadores del arte, es su apuesta y apoyo a las Assemblees Intercomarcals d’Estudiosos que se iniciaron en 1950 para revitalizar el papel de los estudios locales y comarcales. Gracias a esta y otras iniciativas, donde Ainaud está presente, hoy sabemos más del arte de aquí.

Acompañando a Daniel-Henry Kahnweiler en el Museo Picasso de Barcelona.

En este apartado, Fontbona también nos habla de las investigaciones de Ainaud y, a la vez, de su presencia en entidades científicas como la Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona y la Reial Acadèmia de Belles Arts de Sant Jordi, así como de su docencia universitaria en la recientemente creada Universitat Autònoma de Barcelona entre los años 1968 y 1972. La suya fue una actividad docente limitada y testimonial.

Su renuncia a cargos públicos de dimensión política en la Generalitat restaurada, o la negativa a la propuesta de dirigir el Museo del Prado.

Ainaud, por su experiencia, era un erudito y yo aprendí y disfruté de sus conocimientos, pero era poco comunicador. Todavía recuerdo cuando yo iba a investigar en el Instituto Amatller, para la redacción de mi tesis de licenciatura, ver a Ainaud con un montón de fotografías encima de la larga mesa central, dando una lección magistral a sus alumnos. Eran clases casi privadas, bien lejos de las masificaciones de las aulas donde él no se sentía cómodo.

De gran interés es lo que nos dice Fontbona sobre su renuncia a cargos públicos de dimensión política en la Generalitat restaurada o, la más desconocida, negativa a la propuesta de dirigir el Museo del Prado, noticia aportada gracias al testigo de su hijo Joan Francesc Ainaud.

En Versalles con los historiadores del arte Paul Deschamps y Marcel Aubert. Años 50.

El siguiente apartado lo dedica Fontbona a hacer un exhaustivo catálogo de las exposiciones organizadas y comisariadas por Ainaud. De entre todas estas destaca la gran exposición El arte románico, del año 1961, organizada por el Consejo de Europa en doble sede: Barcelona y Santiago de Compostela. Cuando años más tarde el Consejo de Europa organizó la gran muestra L’Europe gothique: XIIe-XIVe siècles en el Louvre de París, Ainaud también intervino. Su amplio campo de estudio lo hizo artífice de exposiciones que alcanzaban una amplía cronología y temáticas diversas; desde el Modernismo (El Modernismo en España, Madrid 1969); Xavier Nogués (Barcelona, 1967); Joaquim Mir (Madrid ,1971/ Barcelona, 1972) hasta Gargallo (Barcelona, 1981) entre muchas otras.

Sigue el apartado dedicado a la gestión de los fondos museísticos, no solo en relación con los correspondientes al Museo de Arte de Cataluña, sino a su participación en museos de arte de todo Cataluña.

«A Joan y Assumpta Ainaud, en homenaje al su esfuerzo por organizar nuestros museos. Con la vieja amistad de Miró. 29/XI/68». Dedicatoria autógrafa en el catálogo de la exposición antológica («la más importante y completa que jamás se haya organizado de la mi obra» en palabras de Joan Miró mismo) comisariada por Joan Ainaud y Jacques Dupin en el Antiguo Hospital de la Santa Cruz de Barcelona (noviembre 1968-enero 1969). Archivo Joan-Francesc Ainaud.

Muchas son las colecciones que, durante su dirección, y gracias a su mediación, se incorporaron al Museo, de entre las cuales destacan el retablo de Vinaixa, de Bernat Martorell, y el retablo de los Revendedores, de Jaume Huguet; otra vez su estimado Huguet. Sobresalen con nombre propio la museización del legado Cambó y el hacer posible la sede del Museo Picasso en Barcelona. Dan fe de su incansable tarea y de su amplia visión la creación del Museo de Cerámica; el Museo Textil y de la Indumentaria, el museo Clarà o la Fundación Miró; sin olvidar una herramienta capital para los investigadores: la Biblioteca de los Museos, por la cual Ainaud, como dice Fontbona, veló desde siempre y que, bajo su mandato, llegó a tener ochenta mil volúmenes. Una de sus últimas aportaciones, poco antes de su innecesario y lacerante cese meses antes de su jubilación, serían las remodelaciones de las secciones de arte gótico (1981) y de arte renacentista y Barroco (1985).

 

Aquella semblanza vivida, de la cual hemos hecho mención al inicio de esta reseña, tiene dos momentos en los cuales Ainaud y Fontbona coinciden. Uno, de colaboración en la exposición Cien Años de Cultura catalana 1880-1980 (Madrid, 1980), y otro, de desacuerdo a raíz de la publicación del libro El museo de arte. Proyecto de planificación. Sus posibilidades en Barcelona (Barcelona, Joven Cámara, 1972). En este libro figurábamos como autores Francesc Fontbona, Francesc Miralles, Joaquim Dolç, Manuel Gudiol, Xavier Virós y yo mismo. Ainaud se lo tomó como un ataque personal y, como dice Fontbona, ninguno de nosotros tendríamos la posibilidad de integrarnos en el equipo de los Museos de la ciudad.

Querría aquí destacar una de las últimas exposiciones comisariadas por él: El Renaixement a Catalunya: l’art, celebrada en la Fundación Miró en 1983. Lo hago porque, el mismo año, se me encargó que comisariara la exposición L’època del barroc, que se celebró en el Palacio de Pedralbes. Este hecho me puso en contacto con el museo de Arte de Cataluña y evidentemente con su director, Joan Ainaud. Me recibió muy cordialmente y sus observaciones y conocimientos del arte de época barroca fueron para mí muy enriquecedoras. Hablamos de su largo artículo, casi una monografía, “Ribalta y Caravaggio” publicada en Anales y Boletín… en 1947, un año antes de mi nacimiento, y de su interés por el Barroco, patente en el volumen La pintura dels segles XVI i XVII del Art Català de la editorial Aymà (1955-1961).

En el monasterio de Pedralbes con Joan Miró y Josep Lluís Sert, las monjas clarisas y M. Assumpta Escudero, entre otros, 1973. Foto: Francesc Ribera.

Tengo que decir que esta síntesis y las opiniones expresadas en nuestras conversaciones me sirvieron, en gran parte, para la redacción del volumen L’època del Barroc. S. XVII-XVIII de la Historia de l’Art Català (Barcelona, Eds. 62, 1984). Accedió a participar en el ciclo de conferencias y también dejó para la exposición obras del Museo –entre otras el San Pablo de Diego Velázquez; Bautismo de San Francisco de Antoni Viladomat; Retrato de Ramon Llull, atribuido a Francesc Ribalta– y del Legado Cambó –Naturaleza muerta con vasijas, atribuida a Francisco de Zurbarán, L’abbé de Saint-Non, vestido a la española de Jean-Honoré Fragonard y El charlatán atribuido a Giambattista Tiepolo.

En nuestra conversación coincidió al atribuir, por indicación mía, un bodegón hasta entonces anónimo, a Juan van der Hamen y León. En las fichas del catálogo de los Zurbarán y Tiepolo, yo indicaba que las obras podían atribuirse a los hijos de los artistas, Juan de Zurbarán y Giandomenico Tiepolo. Esto causó un descalabro y Ramon Guardans, esposo de Elena Cambó y albacea del legado Cambó, obligó a hacer otras fichas bajo presión de retirar los tres cuadros. Ainaud se vio obligado a hacerlas. Es un caso inédito de una exposición con dos catálogos. Años más tarde, en 1991, bajo la dirección del nuevo director del Museo de Arte de Cataluña, Joan Sureda, se hizo una exposición del Legado Cambó. En el catálogo se dio la autoría de El charlatán a Giandomenico Tiepolo y del Bodegón con vasijas a Francisco de Zurbarán, con reservas.

Acompañando a Enrico Berlinguer y a Antoni Gutiérrez en el Museo Picasso de Barcelona, años 70. Foto: Eduard Olivella.

De todos modos, este hecho no rompió el mutuo reconocimiento que tuvimos el uno al otro hasta su muerte, como comentaré al final de esta reseña.

Fontbona en su erudito y a la vez ameno recorrido por la trayectoria humana y profesional de Ainaud, cierra la su reseña con las aportaciones de la última etapa de este. La primera es la redacción de los capítulos dedicados al Renacimiento y Barroco en el volumen Cataluña de la colección Tierras de España (Fundación Juan March, 1978). Sus múltiples tareas museísticas dificultaron que pudiera entregar los textos de las otras épocas y fue sustituido por otros autores, hecho que le contrarió profundamente.

Una vez jubilado, participó en una de las más grandes aportaciones del Ainaud historiador del arte: el Corpus Vitrearum Medii (1985-1992) emprendido por el Institut d’Estudis Catalans y la Union Académique Internationale.

Una última obra, mas de divulgación que de investigación, serían los tres volúmenes de La pintura catalana (Skira-Carroggio, 1989-1991).

Con Pau Casals en Prada de Conflent. Foto: Yan (Jean Dieuzaide)

Adenda personal

Al carácter completo y a la vez crítico de la semblanza biográfica que Fontbona hace de Joan Ainaud de Lasarte, querría añadir dos actividades más que se relacionan, al margen de lo que ya he comentado, con mi persona; y también una virtud.

Con Ainaud coincidimos en el jurado de las becas de la Fundación Güell para los estudios dentro del campo de la historia del arte y, también, en el comité de expertos de la Feria de Anticuarios de Barcelona, del cual él era presidente y dónde también participaba Fontbona.

En el jurado de los premios su opinión siempre era fundamentada y enriquecedora para todos los miembros del jurado. Escuchaba las otras opiniones y finalmente aceptaba las resoluciones, aunque no coincidieran con las suyas.

De mi trato con él en el comité de expertos de la Feria de Anticuarios recuerdo una anécdota. Uno de los miembros del comité se dirigió a Ainaud diciendo que era un escándalo el precio que un expositor pedía por una obra. Ainaud, sin inmutarse, contestó: “Nosotros estamos aquí para velar que las obras sean autenticas y estén bien catalogadas. El precio de una obra es el que alguien esté dispuesto a pagar”.

Finalmente, hay que destacar su apoyo, a veces callado, a los jóvenes historiadores del arte. Cuando recibía una publicación, no solo lo agradecía, sino que también la comentaba, hecho este que por desgracia muchos historiadores consagrados no hacen nunca.

Hay que leer esta semblanza biográfica que hace Fontbona, para poner en valor el papel relevante, y muchas veces olvidado, de Joan Ainaud de Lasarte en el campo de la historia del arte.