“Sabiduría no es destruir ídolos, sino no crearlos nunca”, dijo Umberto Eco. En cambio, en los libros de las principales religiones se explica detalladamente como aniquilarlos.

Dice el Talmud judío “Para destruir un ídolo hay que pulverizarlo y tirarlo al mar. Nunca en el viento porque podría fecundar la tierra… debe desaparecer hasta el más pequeño fragmento”. El proyecto To loose your head (Idols), que representa Cataluña en la Bienal de Arte de Venecia, va de destrucción y adoración, y de las reacciones viscerales que son capaces de provocar las estatuas en los seres humanos.

Pedro Azara, comisario del Pabellón de Cataluña. Foto: ArteEdadSilicio.

“Las imágenes tienen un enorme poder sobre los hombres, como si fueran entes vivos. Nada que ver con la actitud contemplativa que según la ilusoria teoría del arte deberíamos mantener ante las estatuas, cuya forma vehicula un contenido capaz de provocar las pasiones más desenfrenadas”, explica el docente de estética y teoría del arte Pedro Azara, más que comisario verdadero autor del Pabellón de Cataluña.

Joan Brossa, Record d’un malson, 1991.

Por primera vez en sus seis participaciones en la principal cita artística del mundo, Cataluña no presenta el trabajo de un artista sino un proyecto documental de tesis firmado por un teórico del arte, que invita a reflexionar sobre el poder de las imágenes y las pulsiones emotivas del ser humano. Por ello ha intentado convertir el pabellón en lo más parecido al depósito municipal de Vía Favencia de Barcelona donde se amontonan las estatuas dañadas o retiradas del espacio público por ensalzar personajes que la historia quiere olvidar, aunque desgraciadamente su memoria permanece bien viva en la sociedad española.

Paso del Santo Entierro de Tarragona.

Azara asegura que no hay que leer el pabellón en clave política, pero lo cierto es que ha elegido obras directamente vinculadas con la historia de Cataluña y los traumas que han provocado su fractura con España. Son cuatro: la cabeza del alcalde Porcioles de Joan Brossa, el Monumento a Lluís Companys de Francisco López, el Paso del Santo Entierro de la Procesión de Tarragona y el Monumento a los caídos de Genaro Iglesias, considerada una obra franquista hasta ser rehabilitada recientemente por los historiadores.

Vista de la exposición.

Junto a ellas hay otras 11, cuyas historias de adoración, desfiguración y finalmente destrucción o retirada, se relata en una sección documental a través de recortes de periódicos y fotografías. Es el caso del Monumento al esclavista Antonio López recientemente retirado de una plaza de Barcelona. “Manchar y desfigurar son las formas habituales e inmediatas utilizadas para negar la vida de una imagen. El rostro y sobretodo los ojos son las partes más afectadas para neutralizar su poder, impidiendo que nos mire”, indica Azara.

Genaro Iglesias, Monumento a los Caídos, 1963.

De ahí el titulo de la propuesta que alude a la cabeza que pierden las estatuas porque antes la ha perdido el ser humano. “Una estatua tanto venerada como destruida es una estatua victoriosa porque ha logrado su objetivo, sacarnos de nuestras casillas, enfrentarnos a nuestros miedos y esperanzas y aceptar una vida llena de contradicciones”, continúa Azara, recordando la Estatua ecuestre de Franco que fue recientemente atacada pese a presentarse en una exposición del Centro de Cultura y Memoria del Born.

Borràs anima al público a atacar o adorar las estatuas humanas.

Lo más curioso es que Azara ha decidido impulsar el visitante a dar rienda suelta a sus emociones a través una máquina expendedora de artefactos para adorar o destruir. Hay flores de plástico y velas, pero también botes de orina y pintura, piedras e incluso martillos como los que usaron los míticos vándalos de la historia provocando que muchas obras ahora se exhiban detrás de cristales a prueba de bomba. Habrá que ver si alguien se atreve a usarlos.

Máquina de vending.

Por lo pronto han sido empleados en la performance que el actor Marcel Borràs ha concebido para la semana dedicada a los profesionales que precede la inauguración del sábado. En ella la actriz Marta Aguilar interpreta a cinco estatuas en una especie de procesión pagana, que invita a imaginar las calles de Barcelona alrededor del antiguo almacén de barcos en el corazón de la Bienal (justo entre el Arsenale y los Giardini), que acoge el pabellón de Cataluña.

La actriz Marta Aguilar interpreta a cinco estatuas en una especie de procesión pagana. Foto: ArteEdadSilicio.

Por su parte Borràs anima al público a atacar o adorar las estatuas humanas, como El chute del Camp Nou que la gente convirtió espontáneamente en un monumento a Johann Cruyff. La de Marcel Borràs es la cuota, casi anecdótica, de artista del proyecto, junto con los textos de seis creadores que como Francesc Torres han tratado el tema de la iconoclasia en sus obras y el hipnótico mediometraje Eyes/Eyes/Eyes/Eyes de Albert García Alzórriz, grabado en el mencionado depósito de Vía Favencia, desasosegante como la gran mayoría de obras que caracterizan esta bienal, la edición 58, que permanecerá abierta hasta el 24 de noviembre.