Desde que, en 2017, cumplió el 140 aniversario, la Sala Parés está llevando a cabo una serie de exposiciones retrospectivas que celebran su extraordinaria historia.

Can Parés abrió, en 1840, como tienda de materiales para artistas, de venta de marcos y de estampas. En 1877, el heredero Joan Baptista Parés ampliaba el negocio y abría un espacio donde se expondrán y venderán objetos artísticos.

Modest Urgell, Lo toch del mal temps, c. 1880.

Y en 1884, la ampliación más sonada. El 14 de enero, al compás de una banda militar, inauguraban la renovada Sala Parés miembros de la casa real española, acompañados de destacados componentes de la alta sociedad barcelonesa, el obispo, el alcalde, el gobernador civil y, por supuesto, los principales artistas catalanes.

Ramon Casas, El pastor de gallos. Fragmento de la decoración de la casa del pintor.

Hasta entonces, el señor Parés se limitaba a ir saturando los muros de su establecimiento. Pero a partir de la ampliación, organizará las Exposiciones de Bellas Artes; unas muestras colectivas de periodicidad anual con lo mejor de cada artista de la casa, y un catálogo profusamente ilustrado. Estos catálogos, además de aportar datos técnicos e imágenes, incluían los precios de las obras, un dato fundamental para entender el mercado artístico catalán. No es lo mismo un artista con piezas valoradas en 30.000 pesetas de 1884, que otro con una cotización cien veces inferior.

Santiago Rusiñol, La cargolada, 1887.

Estas exposiciones, que reunían al ecosistema artístico barcelonés del último tercio del siglo XX, estaban inspiradas en los Salones parisinos, y ofrecían un servicio que el Estado sólo prestaba en Madrid. Cuando, a partir de 1891, el Ayuntamiento de Barcelona empezó a organizar Exposiciones Generales, la iniciativa de Joan B. Parés fue decayendo hasta 1901, fecha de la XVIIIª y última Exposición de Bellas Artes.

Isidre Nonell, Mujer leyendo una carta, 1910.

En 1925, Joan Anton Maragall i Noble adquirió la sala de exposiciones al viejo Parés. La dictadura de Primo de Rivera había interrumpido las Exposiciones Municipales de Primavera. Y la iniciativa de la familia Maragall, al organizar los Salones de Otoño de 1926, 1927 y 1928, conjugó la necesidad sectorial con una oportuna visión comercial. Una nueva generación de artistas, que iba mucho más allá de los planteamientos de Ramon Casas, Santiago Rusiñol, Modest Urgell o Josep Cusachs, por citar unos pocos de los grandes habituales de la Sala, empujaba con fuerza.

Francesc Domingo, Retrato de Pepito Domingo (hermano del artista), c. 1927.

La exposición «Salons» a Can Parés (1884-1930), comisariada por el doctor en historia del arte Sergio Fuentes Milà –y con un oportuno catálogo– reúne piezas que habían formado parte de estas «Exposiciones de Bellas Artes» y «Salones de Otoño». Otras, no habían sido expuestas nunca en público. Las procedencias son diversas.

Un compendio de los gustos de la burguesía catalana durante uno de los períodos más extraordinarios de nuestra historia.

Esta exposición tiene numerosas lecturas. Es, por ejemplo, una buena ilustración de algunas etapas estéticas del arte catalán moderno. Y un compendio de los gustos de la burguesía catalana durante uno de los períodos más extraordinarios de nuestra historia. Pero ofrece, también, una deliciosa oportunidad para saborear con deleite pintura de la buena.

Marià Andreu, Le Déjeuner, 1924.

Se podría pasar un buen rato, ante Lo toch del mal temps (c. 1880) de Modest Urgell. Y casi sentir el rugir del viento, el intenso olor de la tierra justo antes de la tormenta. Disfrutar con el agridulce sentido de lo popular en La cargolada (19887) de Santiago Rusiñol, una comida familiar en un huerto de Montjuïc. O maravillarse ante Mujer leyendo una carta (1920), de Isidre Nonell. Una obra que formó parte de la última exposición del pintor de gitanas, en el Faianç Català, justo antes de morir de tifus.

Alfred Sisquella, Bodegón, c. 1920.

Dionís Baixeras, Lluís Graner, Joaquim de Miró, Ramon Casas, Josep Cusachs, Arcadi Mas i Fondevila, Francesc Gimeno, Hermen Anglada Camarasa, Ramon Pichot, Joaquim Mir, Pere Ysern Alié… un dream team del arte catalán del cambio de siglo completa la lista de componentes de este «Salón» antológico.

Joaquim Sunyer, Retrato femenino, 1927.

La última de las cuatro paredes de la planta superior de Can Parés está ocupada por los artistas que tomaron parte en los Salones de Otoño de 1926 a 1928. Cézanne respira bajo el Retrato femenino (1927) de Joaquim Sunyer, y en el extraordinario Bodegón (c. 1920) de Alfred Sisquella. Le Déjeuner (1924) de Mariano Andreu rompe esquemas, al igual que Interior de El Turia. Rambla Cataluña (1941) apunte tardío de Manolo Hugué. Una sección que arranca con un Torres-García no menor, Mujeres de pueblo (c. 1911) y cierra con un extraordinario Francesc Domingo, Retrato de Pepito Domingo, hermano del artista (c. 1927) ya merecería por sí misma una visita.

La exposición «Salons» a Can Parés (1884-1930) se puede visitar en la Sala Parés, de Barcelona, hasta el 25 de febrero de 2020.