En el Espacio Busquets de la Escola Massana se expone Ausencias, una pequeña retrospectiva de Ramon Guillen-Balmes.

Confieso que no soy experto en Arte Contemporáneo por tanto mi mirada sobre las piezas expuestas no será la de un teórico ni la de un periodista especializado en Arte. Mi formación, en la misma Escola Massana fue en Diseño de producto.

Ramon Guillen-Balmes, Model d’us para Alyssa Dee Krauss.

Aclarado esto, os diré que es una de las exposiciones más bellas que podéis ver en Barcelona estos días. El trabajo de Guillen-Balmes tiene unas cualidades plásticas, matéricas y objetuales abrumadoras. Los trabajos recogidos van desde las tempranas Boies lliures (Boyas libres) a sus Objets trouvés de Arqueología de Artista. También hay una serie de libretas de bocetos que se pueden ver escaneadas en unas pequeñas pantallas y algunas obras de la serie Model d’ús (Modelo de uso).

Miro estos objetos desde mi condición de observador del diseño y me parecen fascinantes. Las Boyas Libres son una serie de «naves» pensadas para que floten y puedan navegar de forma aleatoria. Las piezas contenían una placa donde se informaba que si alguien las encontraba se pusiera en contacto con el autor, con la dirección postal. El autor las dejaba ir en la costa, sin saber hacia dónde las llevaría la marea y el viento. Son fruto de una época que explora, junto con otros artistas cercanos, los límites entre el accionismo y la escultura. La pieza entera contiene los datos del lugar y momento donde se soltó y allí donde se encontró, si es que alguien lo hizo.

Ramon Guillen-Balmes, Boies lliures.

Pero más allá, para mí, la belleza de las boyas está en los materiales elegidos, madera de castaño, corcho, ropa de vela y latón. Están, primero, claramente diseñadas para cumplir un objetivo y luego, trabajadas con cuidado, casi con una dedicación de artesano. De hecho, a primera vista los objetos de Guillen-Balmes parecen útiles, herramientas, prótesis, utensilios con una función concreta. Quizás su utilidad no es real, pero siguen siendo piezas que atraen como aquella artesanía que ha ido perfeccionando su técnica a lo largo de los años y que mima los materiales con los que trabaja.

Pasa lo mismo con los objetos que forman parte de la colección Objets trouvés de Arqueología de Artista. Su aspecto biomorfico parece indicar que están pensados para ser apéndices corporales, aunque no sabemos muy bien para dónde o para quién. Su organicismo entre mórbido y sexual sugiere usos insospechados y lúbricos, aunque el componente de férula protésica nos hace pensar en disfunciones o enfermedades, cuando no en parafilias propias de los protagonistas de Inseparables, aquella película de pesadilla con un Jeremy Irons por duplicado. De nuevo, las piezas de fieltro, caucho, resina o madera evocan el diseño por el cuidado de sus formas pensadas y «diseñadas» con un gusto exquisito. Y de nuevo su manufactura nos lleva a pensar en un artesano, delicado y laborioso.

Las libretas expuestas muestran una habilidad por el dibujo notable, pero también una cultura del proyecto inherente. Los dibujos están al servicio del proceso, ya sea para definirlo o para comunicarlo. Son dibujos constructivos, se diría que planos de trabajo en muchos casos. Y, sin embargo, las hojas son obras en sí mismas. Texto e imagen están maquetados, compuestos. Entonces, entre las libretas, encuentro una imagen familiar: una semilla dotada de un ala del árbol llamado Tipuana tipu, aunque también se le llama Arce. El dibujo reproduce la semilla con exactitud, al tiempo que especula sobre las distintas partes que la componen. Este dibujo lo he utilizado durante años para explicar otro posible esquema de trabajo, que no fuera el del funcionalismo de Bruno Munari, a mis alumnos de diseño. La imagen no sabía de dónde había salido ni de quién era. Me llegó y me pareció perfecta para lo que quería contar. Y aquí está, en una libreta de Guillen-Balmes. Sobre el dibujo dice «preparación ejercicio diseño industrial». Entonces lo entiendo. Me informo y efectivamente, entre sus tareas docentes en la Escola Massana, fue profesor en el área de diseño.

Recuerda el lenguaje constructivo de Da Vinci.

A finales de los años noventa, el autor realizó una serie de piezas llamadas Modelos de uso que se basaban en un proceso de trabajo con amigos, donde estos le confesaban un deseo personal y el artista creaba unas prótesis para hacerlo posible. Parece reflexionar sobre la utilidad del arte o, más bien, la ausencia de ésta. Se trata de prolongaciones del cuerpo, o de objetos que se acoplan y en resaltan alguna de las partes. Concretamente la que está expuesta a la Massana, hecha para la diseñadora Alyssa Dee Krauss, intenta dar respuesta a un anhelo humano esencial de todos los tiempos: volar. En diferentes piezas de la serie Modelos de uso hay referencias a una forma alada que recuerda la semilla de la que hablaba. También a un código visual, en la fase de bocetos, que recuerda el lenguaje constructivo de Da Vinci; e incluso a los hermanos Wright, en la fase constructiva. Es cuando sale el inventor de piezas inútilmente bellas que Guillen-Balmes deja entrever en muchas de sus obras. Un trabajo de orfebrería, en cuando al trato de los materiales y casi patafísico, en cuando a su antifuncionalidad.

Ramon Guillen-Balmes, Model d’us para Alyssa Dee Krauss.

Hace unos años Pilar Parcerisas escribía sobre una exposición que contenía estos Modelos de uso: «Afable, emotivo, vital y sensiblemente cálido y natural, envolvió las realidades del cuerpo humano con modelos anatómicos y apósitos antiacadémicos, unió cuerpo y remedio, trabajó la intimidad táctil del Inframince… Un poeta de las formas para disfrutar en la intimidad». No puedo estar más de acuerdo, se debería disfrutar de esta exposición y del catálogo que la acompaña en una intimidad poco al uso en estos días.

La exposición Absències, de Ramon Guillen-Balmes, se puede visitar en el Espai Busquets, de la Escola Massana, Barcelona, hasta el 24 de mayo.