Los artistas y la industria farmacéutica siempre han tenido una relación compleja. Los artistas son usuarios, como el resto de los humanos, de medicinas; pero también han diseñado la publicidad y el packaging de innumerables jarabes y pastillas. Un ejemplo paradigmático es la influencia de los artistas concretos suizos en la estética que, entre 1960 y 1980, reinaba en la mayoría de los productos farmacéuticos.

Por otra parte, si el arte es sanador, también es una medicina. Esto postulaba uno de los padres del arte contemporáneo, Joseph Beuys (1921-1986), en la conferencia «Hablando del propio país. Alemania «(1985). En esta conferencia, Beuys habla de «La píldora del arte», y propone mostrar las propias heridas como ejercicio sanador.

Gaietà Cornet, Cerebrino Mandri, c. 1914.

Dos fenómenos aparecen con el cambio de siglo: un alud de medicinas para todo tipo de males, especialmente el dolor, estrés y digestiones pesadas. Es la época que dio luz a una serie de emprendedores, a la vez científicos e industriales, que sentarán las bases de la potente industria farmacéutica catalana. Y la publicidad, puesta en imágenes, –antes de existir nada parecido a la ciencia publicitaria– por los mismos artistas que pintaban y dibujaban «monigotes» en las revistas. Es el caso de Gaietà Cornet, que también era ingeniero en la Maquinista Terrestre y Marítima. Francesc Mandri, que tenía la farmacia en la calle de Escudellers de Barcelona y creía firmemente en el poder de la publicidad, le pidió a Cornet un anuncio para su analgésico, especialmente indicado para los dolores menstruales. Y Cornet escogió, de un muestrario de caricaturas de médicos que conservaba, la del Doctor Izquierdo. Nacía un mito que se ha estado vendiendo durante más de un siglo (1894-2008).

Autor desconocido, Jarabe Bayer de Heroína, c. 1912.

Hoy nos sorprende, por la mala fama de esta droga. Pero los laboratorios Bayer comercializaban su jarabe contra el dolor y los resfriados con eslóganes chocantes, a menudo dirigidos a los padres de futuros adictos. En uno de estos anuncios, un niño proclamaba: «Mi catarro ha desaparecido». En otro se anunciaba como remedio perfecto «en la tos fuerte». Un tercero sentenciaba «La tos desaparece». La mayoría contenía imágenes de niños. En 1913 Bayer, al ver los estragos del jarabe, lo retiró del mercado. No olvidemos que, en España, por ejemplo, hasta mediados de los años 20 la cocaína se vendía en las farmacias. Y había perfumes que se llamaban Cocaína, Flor de Cocaína, etc.

Josep Pla-Narbona, Pacetyn, c. 1961.

Josep Pla-Narbona se ganó la vida como ilustrador publicitario y como artista. Una parte importante de su trabajo publicitario fue para la industria farmacéutica, concretamente para los laboratorios Uriach. A principio de la década de 1960 diseñó este cartel que, visto en 2020, inquieta. Reza el cartel: «Para niños difíciles. De agradable sabor. Calma y Mejora el Comportamiento». O sea, si el niño fastidia mucho, le administramos un ansiolítico y todos felices. No es el jarabe de heroína, pero casi. El Pacetyn contenía 2-etil-cis-crotonil carbamida.

Manuel Jalón Corominas, jeringa hipodérmica desechable, 1989.

Este ingeniero aeronáutico nacido en Logroño, pero aragonés de adopción, inventó y fabricó la fregona, mocho, meri o como uno la quiera llamar. Se había inspirado en los utensilios gigantes que empleaban los estadounidenses en sus bases aéreas para limpiar el aceite que caía de los reactores. Con unos inversores catalanes, desarrolló una microfibra y fundó Manufacturas Rodex. Y en 1964 mejoró el invento sustituyendo los rodillos por un escurridor troncocónico. Una genialidad que le enriqueció. Con la fortuna que ganó, en lugar de retirarse y vivir lujosamente, se dedicó a investigar para conseguir la primera jeringa hipodérmica con aguja desechable. Era el año 1989, y su invento evitó millones de contagios de SIDA entre usuarios drogodependientes.

Damien Hirst, The Last Supper (13 serigrafías), 1999.

Esta pieza consiste en trece serigrafías de gran tamaño que parodian el diseño de cajas de medicinas ficticias, pero que llevan el nombre de varios platos muy populares. El conjunto de las medicinas viene a ser la farmacia de una persona que tiene SIDA –aunque en ninguna parte se menciona la enfermedad–, con un grupo de principios activos de medicamentos variados: retrovirales para el VIH, antibióticos para infecciones asociadas al SIDA, antiemético para evitar vómitos asociados a los fármacos anti-VIH, antidepresivos, fármacos para el dolor, para los antifúngicos y arritmias. Alude a una última cena, como la de Jesús con los apóstoles, pero también a la de un individuo condenado a muerte (por enfermedad terminal). Ahora el sida es una enfermedad crónica, pero a finales del siglo XX todavía causaba millones de muertes en Occidente (en África es otra historia).