Descubrí la obra de Saul Leiter (Pittsburgh, 1923-Nueva York, 2013) en una librería de Berlín, en el año 2012. Es decir tarde, como nos ha sucedido a muchos amantes de la fotografía que nada sabíamos sobre este espléndido fotógrafo hasta pocos años o meses antes de su muerte. En mi caso fue gracias a tres postales y un libro, que compré, aunque el libro que había rescatado a Leiter de un largo olvido y que lo dio a conocer internacionalmente era otro, ya agotado: Early Color, publicado por Steidl en el 2006.

En la postal –en la foto- titulada Taxi, New York, 1957 sólo se veía una mano, dos fragmentos de siluetas negras viajando en un taxi neoyorquino amarillo y rojo y una zona desenfocada en la mitad inferior del encuadre, supuestamente insignificante, pero que alguien familiarizado con la pintura abstracta podría describir como un campo de sombra y color, con texturas fotográficas. Lo que expresaba esa parte vacía era –me parece- mucho más, quizá porque también la realidad incluye zonas anodinas o aparentemente no importantes, que además pueden servir para enmarcar imágenes y destacar apariciones más intensas, tal como ocurre en la memoria. Así que esa imagen se parecía de un modo revelador y específicamente fotográfico a la vida real -y a su recuerdo-, donde los lugares ofrecen elementos incompletos, neutros o fugaces, a la vez que figuras, elementos o fragmentos memorables.

Saul Leiter, Taxi, New York, 1957. ©Saul Leiter Foundation, courtesy Gallery Fifty One

Imágenes de actos fotográficos

Taxi, New York, 1957 era una imagen realista, pero también metarrealista y relativamente abstracta. Y era una imagen de carácter casi pictórico, pero a la vez radicalmente fotográfica. De hecho -como buena parte de la obra de Leiter- lograba evocar y expresar parcialmente el propio acto fotográfico, su realización –con sus distorsiones específicas-, a la vez que la imagen resultante de ese acto. Y esta especie de síntesis de representación y de reflexión sobre el propio medio de expresión me parece fundamental en las distintas artes, y especialmernte en la fotografía y en el cine. Es una línea de trabajo que personalmente he explorado en mi obra fotográfica y cinematográfica desde 1977 hasta ahora, y que se encuentra tanto en el cine experimental de Michael Snow como en la obra de fotógrafos contemporáneos, entre ellos Manel Esclusa, Manuel Serra, Mariano Zuzunaga, Joan Fontcuberta, Alejandro Marote, Jordi Guillumet y Mònica Roselló, por citar sólo algunos destacables en el contexto catalán y español.

Saul Leiter, Through Boards, c. 1957. ©Saul Leiter Foundation, courtesy Gallery Fifty One

Las otras postales y, sobre todo, otras muchas fotografías de Saul Leiter publicadas en el libro de la colección Photofile de Thames & Hudson me confirmaron entonces que aquel autor desconocido era un fotógrafo excepcional y pionero especialmente en un aspecto: el uso consciente y acertado del color como elemento expresivo. El color fotográfico, con su textura, es distinto y no menos sugestivo que el color de la pintura.

Fotografías como Green Light, c.1955, Through Boards, c.1957, Canopy, c.1958 o Harlem, 1960 me hicieron pensar que a veces la fotografía sabe alcanzar y superar los mejores logros de otras artes más prestigiadas. Y me encantaría saber qué habrían pensado los pioneros del collage moderno (Georges Braque, Pablo Picasso, Kurt Schwitters), si hubieran conocido y prestado atención a esa especie de “collages encontrados” que Leiter supo componer en sus fotografías. Por otra parte, algunas imágenes de este fotógrafo se anticipaban a las propuestas del arte pop norteamericano. La diferencia es que Warhol entró en el mercado artístico desde el principio y Leiter no.

Olvido largo y rescate tardío

Dos presentaciones espléndidas de la obra de Leiter han coincidido este año en Barcelona: la exposición Saul Leiter. In Search of Beauty, en Foto Colectania hasta el 21 de octubre de 2018, y la publicación por RM del libro All about Saul Leiter. A partir de ellas sería posible plantear muchas reflexiones. En este texto esbozaré algunas.

En primer lugar surge la cuestión del largo olvido inverosímil –unos cuatro decenios- y del rescate tardío. La principal agente responsable de ese rescate fue Margit Erb, quien durante años ayudó al muy desordenado Leiter a organizar su extensa obra fotográfica y le buscó un excelente editor: Steidl. Y otro agente rescatador ha sido Roger Szmulewicz, comisario de la exposición de Foto Colectania. Es cierto que Leiter siempre concedió prioridad a la creación y descuidó la difusión de su obra.

Saul Leiter, Red Umbrella, c. 1955. ©Saul Leiter Foundation, courtesy Gallery Fifty One

Sin embargo, sobre olvidos y rescates en fotografía habría mucho que decir. De momento, me limitaré a recordar que una verdadera Historia de la Fotografía está todavía por hacer. Señoras y señores historiadores anglosajones y franceses: ¡Un poco de humildad a la hora de fijar un canon egocéntrico y cerrado!… Si durante decenios Leiter ha sido ninguneado, si esto le ha sucedido a alguien que vivía en la capital mundial del arte (Nueva York desde la segunda mitad del siglo XX hasta principios del siglo XXI) y que en los años 50 y 60 había expuesto en el MoMA y publicado en Harper’s Bazaar y en Life, ¿qué olvidos y ninguneos injustos no estarán sufriendo desde hace años y ahora mismo algunos fotógrafos espléndidos de países sin mercado ni instituciones a la altura, como son Catalunya, Finlandia o Perú, que apenas aparecen en sus muy influyentes Historias?.

Blanco y negro vs. color

Entre 1948 y mediados de los años 60 Leiter “hacía diapositivas” (en color). Las mismas Kodachrome que miles de fotógrafos aficionados. En los años 60 del siglo XX se suponía que el arte fotográfico era en blanco y negro y solamente en blanco y negro. El prejuicio consolidado por los exquisitos del gremio afirmaba entonces eso, y las fotos en color solían ser consideradas como cromos y recuerdos familiares. Esos que celebraba una canción de Paul Simon.

Personalmente, pienso que el color no ha podido ser un elemento expresivo plenamente ajustable hasta la aparición de la fotografía digital. Sin embargo, coincido con Leiter y creo que las posibilidades del color fotográfico eran y son espléndidas. Considero, incluso, que puede ser mucho más difícil –y por ello es un reto más interesante- hacer buena fotografía en color que en blanco y negro. El gran equívoco se ha producido porque muchos fotógrafos no supieron estar a la altura de su obra en blanco y negro cuando emplearon el color. Lo hicieron sin la conciencia expresiva que sí habían desplegado en su obra anterior.

Saul Leiter, Scarf, c. 1948. ©Saul Leiter Foundation, courtesy Gallery Fifty One

La fotografía en color de Saul Leiter me hace pensar en unas declaraciones del director de cine danés Carl Th. Dreyer, quien filmó toda su obra en blanco y negro, pero declaró en una entrevista que tenía muy claro que, si un día podía realizar una película en color, sería él y no la casualidad quien escogiera y dosificara los colores. Leiter fue quizá el primer fotógrafo que supo emplear con plena conciencia y con amplitud y profundidad las posibilidades expresivas del color fotográfico. Escogiendo los colores como un pintor, o como escoge los timbres un compositor musical. Por cierto: pienso que la fotografía tiene una profunda y poco estudiada relación con la música.

Saul Leiter, Harlem, 1960. ©Saul Leiter Foundation, courtesy Gallery Fifty One

Composición fotográfica vs. fotografía pictorialista

Creo que la fotografía de Saul Leiter –que también era pintor y amigo de pintores expresionistas y abstractes– representa un cierto ideal fotográfico que está libre de los dos principales vicios de este medio de expresión y comunicación. Ni se limita al mero documento fotográfico objetivo (al alcance de un robot), ni tampoco cae en la pretensión acomplejada y cursi de imitar a otras artes consideradas más nobles y admirables, como la pintura. El error de la fotografía pictorialista fue limitarse a imitar a la pintura con maneras esteticistas superficiales. A la impresionista primero, y más tarde a otros estilos o maneras, incluidas las del arte conceptual. Leiter, en cambio, logró componer y realizar imágenes equiparables a la mejor pintura, pero expresándose por medios específicamente fotográficos: enfoque, desenfoque, profundidad de campo, densidad del color, exposición mayor o menor, textura granulada de la película, etcétera.

Misterio a la vuelta de la esquina (o la imagen como fragmento)

Saul Leiter realizó la mayor y mejor parte de su obra sin necesidad de salir de su ciudad, Nueva York. Para tomar sus fotos callejeras apenas se movió más allá de cuatro manzanas de su barrio, el East Village, con excepciones como alguna excursión a Harlem. Leiter creía que “en los lugares conocidos suceden cosas misteriosas” y que “no siempre hace falta viajar hasta el otro extremo del mundo”. La atención y la mirada de Leiter sabía encontrar y sentir el misterio en su entorno cotidiano, a la vuelta de la esquina, o tras un vidrio empañado o con reflejos, en imágenes que revelaban una distorsión en la transparencia y recordaban que el acto de mirar tiene lugar a través de elementos que filtran la percepción: el vidrio o la tela de un toldo igual que el ojo y el párpado y que la lente y el obturador de la cámara fotográfica.

Saul Leiter, Red Curtain, 1956. ©Saul Leiter Foundation, courtesy Gallery Fifty One

A menudo lograba expresar ese deslizamiento metarrealista hacia la visión incierta, sugestiva o misteriosa mediante una especial fragmentación de la imagen, componiendo subencuadres interiores al encuadre o incluso representando sólo medios rostros o sólo siluetas de algunas personas, tan anónimas como los memorables peatones que dibujaba Guillem Cifré.

Este modo fragmentario de ver y de representar se puede considerar como un equivalente espacial de lo que realiza usualmente la fotografía al fragmentar el tiempo, representando sólo un instante de su fluir. El equivalente temporal de los fragmentos de lugares y de figuras que fotografiaba Leiter sería el vislumbre de un instante fugaz.

El significado y el sentido de la obra de Leiter, y sobre todo de sus fotografías de calle realizadas entre 1948 y 1960, que parten de la vida inmediata y la trascienden, se podría considerar como una rara síntesis que sabe combinar y fusionar visiones supuestamente muy distintas de la realidad, pero que en realidad son complementarias. Su obra es a la vez realista y abstracta, expresionista y pop, metarrealista y, finalmente, profundamente barroca en su modo de recordarnos que sólo podemos conocer la realidad por vislumbres y fragmentos. Esos que Leiter supo descubrir, captar y representar en su obra de un modo radicalmente fotográfico.