La mayor parte de las obras de arte que conocemos, las hemos descubierto a través de reproducciones fotográficas.

Yo mismo he visto tres veces la Gioconda «al natural», en el Museo del Louvre, pero la he visto cientos de veces en reproducciones: postales, carteles, libros… ¿Cuál es mi Gioconda, entonces? ¿No son todas las versiones de esta obra, incluida la «original», manifestaciones de un mismo fenómeno?

Víctor Silva, Paisaje, 2018.

Son ideas que me vienen a la cabeza visitando la exposición de Víctor Silva en la galería Víctor Saavedra: una veintena de pinturas sobre cartulina (11 x 15 cm.), acompañada cada una de su imagen fotográfica ampliada (70 x 100 cm., 140 x 200 cm. etc.). Las obras están divididas en tres apartados: paisajes, jardines y casas. Tres construcciones culturales: naturaleza ordenada por el ojo, naturaleza ordenada por el hombre, y naturaleza creada por el hombre como hábitat interior.

Víctor Silva, Jardín, 2018.

Con los años y la presbicia, me he tenido que acostumbrar a las gafas progresivas. En el caso de la exposición de Víctor Silva, la sensación de incomodidad en las distancias se acentúa. Hay que acercarse mucho a las pinturas y alejarse bastante de las fotografías. Extraña danza que pone en cuestión la simple etiqueta de pintura a un soporte por el sencillo hecho de que esté untado de materia pictórica. ¿Debe de ser la presbicia, también, un estado de espíritu?

Hay una quinta pared, en arte.

El caso es que, a la generación que crecimos mirando Barrio Sésamo, con sus célebres festivales de «cerca» y «lejos» –se alejaba el personaje, pero no la pantalla del televisor–, este diálogo entre el micro y el macro se nos hace familiar.

Víctor Silva, Casa y cordillera, 2018.

Víctor Silva no sigue el juego de Dalí, que ampliaba al microscopio electrónico una mancha de óxido en un bolígrafo del hotel Meurice de París para iniciar sus particulares Impressions de la haute Mongolie. Silva sigue más bien el juego de Eduardo Chillida que, como portero de la Real Sociedad, intuyó mejor la dinámica del espacio que cualquiera de los pintores cubistas.

Hay una quinta pared, en arte –la cuarta es siempre el espectador–, podéis llamarla «reproducción», «inframince» o «doppelgänger«, da igual. Pero no olvidéis nunca que los antiguos se referían a ella como poética.

La exposición Víctor Silva se puede visitar en la galería Víctor Saavedra, de Barcelona, hasta el 26 de abril.