La pintura, un reto permanente repiensa la idea de pintura y algunas de las estrategias para reinventarse que ha seguido el acto pictórico durante el siglo XX y hasta hoy. La abstracción, la geometría y la pintura expandida son algunas, como se muestran en la exposición.

Si es verdad que el siglo XX supuso la pérdida de la inocencia, parece inevitable que tuviera su corolario pictórico: la renuncia a la ilusión de la representación. Y es que la pintura estuvo asociada, durante siglos, a la perplejidad y a una cierta inocencia, a la ilusión del relato, ya sea simbólico o literal, a la capacidad de creer en el mundo como relato y a la posibilidad de nombrarlo o de pintarlo. Esto es lo que se ha perdido, en filosofía, en historia y también en pintura.

Peter Gallo, The Sky, 2016. Col·lecció «la Caixa» d’Art Contemporani.

Sólo así se puede entender lo que ha supuesto la lucha, durante el siglo XX, para encontrar otras vías para la pintura. Una vez perdida esta fe en la capacidad de representar el mundo, ¿qué le quedaba a la pintura? Una vez constatada la muerte de la pintura (como la muerte de Dios o el final de la historia), esta ha seguido reinventándose una y otra vez. Y los caminos han sido múltiples, como viene a confirmar la exposición de «la Caixa», una entidad que sigue adquiriendo pintura (¿deberíamos decir «ejercicios pictóricos»?) también en el siglo XXI porque, pese a todo, la pintura resiste.

Joaquim Chancho, Naima, 1985. Col·lecció «la Caixa» d’Art Contemporani.

La pintura, un reto permanente quiere poner en valor el lugar de la pintura en la Colección de Arte Contemporáneo de «la Caixa». Y lo hace. Sin ánimo de ser exhaustiva, recorre algunos de los desplazamientos que ha seguido la pintura para reinventarse. El camino hacia la abstracción, las geometrías, el expresionismo no figurativo y la pintura convertida en volumen: uno a uno, son presentes en los espacios de Caixaforum.

Juan Uslé, Asa-Nisi-Masa, 1994-1995. Col·lecció «la Caixa» d’Art Contemporani.

Destaca la abstracción, este nuevo género hijo del siglo XX –quién sabe si el cuarto género, después de los ya clásicos como el paisaje, la naturaleza muerta y la pintura de historia– que ha experimentado todo tipo de matices. Desde las pruebas ópticas de Joan Hernández Pijoan, Gerard Richter y Wolfgang Tillmans; los experimentos bancarios-cromáticos de Ignasi Aballí; y el silencio monocromo de Michel Parmentier y Ettore Spalletti, que con su doble tela inclinada emite una luz roja púrpura que parece alimentada por el mismo Mark Rothko.

Julian Schnabel, Don Quijote meets Don Corleone, 1983. Col·lecció «la Caixa» d’Art Contemporani.

La geometría pictórica está representada con las grandes telas de Sean Scully, las zonas cromáticas Günther Förg y las repeticiones obsesivas de Juan Uslé, que rompen con el mito de la frialdad matemática. Incluso queriéndose alejar de la emoción, la pincelada geométrica adquiere una densidad casi expresionista. Un gesto parecido al de las telas de Georg Baselitz, Sigmar Polke y Julian Schnabel, que, si bien se sitúan en el registro de la abstracción, no renuncian a la fuerza de la imagen.

“La pintura no celebra ningún otro enigma que el de la visibilidad.”

Pero donde la colección de «la Caixa» alcanza más hacia el presente es en la incorporación de obras que llevan la pintura hacia el volumen. Es la pintura-objeto o pintura-expandida. Con los bastidores rotos de Ángela de la Cruz, las telas customizadas de Bernat Daviu, la ocupación del espacio en la instalación de Jessica Stockholder, los objetos pictóricos de Jaume Pitarch y las telas felizmente liberadas del marco de Carlos Bunga. Unos y otros siguen indagando en los límites, aunque ya no se trata de los límites impuestos por la figuración, sino de los límites que impone la tela en su condición más física.

Robert Mangold, Curved Plane / Figure XI, 1995. Col·lecció «la Caixa» d’Art Contemporani.

Después de Walter Benjamin, aunque en su día nadie lo escuchó, se suele asociar la experiencia pictórica a la idea de aura, como se hace en la exposición. Pero el aura no es propia de la pintura, sino de la obra de arte. Lo que parece propio de la pintura –ya sea expandida, geometrizada, abstraída u otras adjetivaciones que puedan venir– es el hecho que hay que mirarla, esto es, su visibilidad o su condición óptica. El filósofo Merleau-Ponty, citado por el también filósofo Xavier Antich en el texto del catálogo, lo expresó mejor que nadie: «Desde Lascaux hasta hoy, pura o impura, figurativa o no figurativa, la pintura no celebra ningún otro enigma que el de la visibilidad.» Incluso habiendo renunciado a la ilusión de la representación, y de eso hace ya muchos años, lo que parece irrenunciable es la ilusión óptica. Y esta, hasta día de hoy, queda intacta.

La exposición La pintura, un reto permanente se puede visitar en el CaixaForum Barcelona hasta el 29 de septiembre.