La represión de las protestas contra la sentencia del Procés ha generado montañas de imágenes, la mayoría vídeos caseros realizados con teléfono móvil.

Pero esto de reprimir de forma violenta a tus administrados es más viejo que Matusalén. Podríamos decir que existe como género pictórico desde el nacimiento del Estado Moderno. He aquí algunos ejemplos destacados.

Goya, Los fusilamientos del 3 de mayo, 1813-1814. Museo del Prado, Madrid.

Un clásico poco apreciado en su momento. Ya sabéis, Napoleón dice que quiere entrar en España y, entre su ejército y el español, invadir y repartirse Portugal. Pero era mentira. Cuando los franceses ocupan España, al evacuar a la familia real de Palacio, el 2 de mayo de 1808, el pueblo se subleva. Sí, el pueblo es caprichoso, se podía haber sublevado por muchas otras razones, mucho más interesantes: el hambre, conseguir una sociedad más justa y equilibrada… Pero se sublevó porqué el Infante Francisco de Paula –hijo de Carlos IV– no quería subirse al carro que debía conducirlo a Bayona, con el resto de la familia.

Los franceses avisan de que cualquier persona que sea encontrada en posesión de una navaja (algo bastante habitual, entonces), sería fusilada. Se dice que Goya presenció estos fusilamientos. El cuadro lo pintó en 1813 con motivo del regreso de Fernando VII –con el pueblo proclamando aquello de «Viva las caenas»–, y fue exhibido al aire libre en las fiestas conmemorativas. El rey, con mala conciencia, guardó la obra y en el Prado no le hicieron mucho caso hasta finales del XIX, en pleno romanticismo. Ha sido modelo para obras como La ejecución de Maximiliano, de Manet, o la Masacre en Corea, de Picasso.

Grabado anónimo, La masacre de Peterloo (Manchester), 1819.

El 16 de agosto, en el campo de St. Peter, en Manchester, una multitud de unas 60.000 personas se manifestaba para reclamar una reforma de la representación parlamentaria (más de la mitad de los miembros del Parlamento eran escogidos por tan sólo 154 votantes. Centros urbanos con más de un millón de personas sólo tenían 2 representantes), mejores condiciones de trabajo, remuneraciones más altas, y el derecho a organizarse. Una milicia privada de matones a caballo, financiada por los propietarios de las fábricas, cargó, sable en mano, y mató a unas 18 personas, hiriendo a unas 700. El nombre de Peterloo es un referente irónico de la batalla de Waterloo. Por cierto, después de esta batalla urbana se implantaron las leyes proteccionistas del trigo, que impedían su importación del extranjero, y provocaban que la gente muriera de hambre al no poder pagar el pan. El año pasado Mike Leigh dirigió un filme sobre esta masacre. La pueden ver en Amazon Prime Video.

Ramon Casas, La carga, 1899-1902. Museo de la Garrotxa, Olot. En depósito del Museo del Prado.

La escena, muy conocida, no refleja ningún hecho real en concreto, pero explica muy bien la tensión social en la Barcelona del cambio de siglo. Había atentados anarquistas, como el de la calle de Canvis Nous contra la procesión del Corpus (1896), que culminó en el Proceso de Montjuïc. Curiosamente, Casas coloca un guardia civil a caballo, extraído de una ilustración que había publicado anteriormente; el obrero al pie del caballo lo saca de un dibujo que había publicado en la revista Quatre Gats: un obrero que cae del tranvía. Y el amarillo del suelo, su textura, así como la disposición de la multitud, dibuja un semicírculo idéntico al de muchas de las plazas de toros que había pintado.

La obra estaba destinada a la Exposición Universal de París de 1900, pero las autoridades no la escogieron. En 1904 ganó la Primera Medalla en la Exposición Nacional de Madrid… La obra se habría perdido si no fuera que un amigo de Casas, el escultor de Olot Miquel Blay, consiguió que Patrimonio Nacional depositara la obra en Olot. Una escena, todavía hoy, incómoda. En 1992 la reclamaron en Madrid para restaurarla, y tardaban mucho en devolverla. Hubo protestas y presiones. Finalmente regresó, y desde entonces no se le ha permitido abandonar más el Museo de Olot.

Serguei Eisenstein, El acorazado Potemkin, 1925. Escena de las escaleras.

La escena de las escaleras de Odessa es una de las más famosas de la historia del cine. Hace poco, por ejemplo, se proyectaba en el Caixaforum de Barcelona en una exposición sobre los fondos del IVAM (no me preguntéis por qué). Se puede ver en Youtube.

Explica la revuelta que tuvo lugar en Odessa, bajo el Imperio ruso, en junio de 1905. La primera revolución rusa, fracasada, no tenía mucho que ver con la de 1917. Los marineros del acorazado Potemkin se quejaban de que los hicieran comer carne en malas condiciones e iniciaron una revuelta. La escena más conocida es la del ejército disparando sobre la multitud desarmada, que va bajando por una larguísima escalinata. Hay una madre que muere y el cochecito cae escaleras abajo… Ocho minutos terroríficos de primeros planos, soldados que avanzan en formación, y la multitud informe que huye como puede. Todo el horror del siglo XX resumido en una secuencia.

Andy Warhol, Race Riot, 1964. Gagosian Gallery.

Vendido en subasta en Christie’s de Nueva York en 2014 por 62 millones de dólares. En 1963, apenas haber alcanzado la fama pintando botellas de Coca-Cola, latas de sopa Campbell, y billetes de dólar, Andy Warhol preparaba una gran exposición en París. Quería evitar los temas consumistas e inició una serie de cuadros sobre la muerte y desastres. Quería hablar del reverso del sueño americano. Y la lucha por los derechos civiles era una de las principales causas de conflicto. Warhol puede parecer superficial y frívolo, él se esfuerza en parecerlo, pero no lo es. Es tan profundo como la mejor pintura religiosa barroca. Murió mucha gente, en defensa de los derechos de los afroamericanos, y aún hoy la mayoría de la gente encarcelada en Estados Unidos son afroamericanos. También encabezan las muertes violentas a manos de la policía.

Jeff Widener, El hombre del tanque durante la revuelta de Tian’ammen, 1989.

Esta foto tiene cuatro autores, que el cinco de junio de 1989 estaban en los balcones del hotel Beijing a 200 metros de la Plaza: Jeff Widener y Charlie Cole, Stuart Franklin y Arthur Tsang. La foto más reconocida es la de Widener, que ocultó el negativo en la cisterna del lavabo y la consiguió sacar del país. ¿Quién sería, este valiente?

En 1989, el año de la caída del muro de Berlín y el derrumbamiento del comunismo en Europa del Este, en Pekín surgió un movimiento de protesta. Los estudiantes ocuparon la plaza de Tian’ammen, y acamparon durante meses. Al final, el 3 de junio, el ejército popular de liberación entró en la plaza y provocó una matanza de entre 800 y 2600 muertos (según fuentes) y más de 100.000 heridos. La represión fue muy dura y prolongada. Queda esta foto, de cuando aún había esperanza en una salida pacífica a las protestas.

Claudia Fontes, Reconstrucción del retrato de Pablo Míguez, 1.999-2.009. Río de La Plata.

Esta escultura de la artista argentina Claudia Fontes (1964) intenta reconstruir uno de los múltiples posibles retratos de Pablo Míguez, uno de los aproximadamente 500 niños secuestrados durante la dictadura militar en Argentina (1978-1983). La obra se encuentra situada a treinta metros de la costa, pero dentro del Parque de la Memoria de Buenos Aires, que alberga el Monumento a las víctimas del terrorismo de estado, iniciado en 1989. Allí se puede leer el nombre de las 30.000 víctimas del estado entre 1969 y 1983. En el Parque hay también 17 obras que conmemoran estos asesinatos.

¿Cuál sería la obra de arte que refleja mejor el primero de octubre de 1917 en Cataluña? ¿Existe? ¿Y de los hechos a raíz de la sentencia del proceso, la semana que arranca el 14 de octubre de 2019? Tal vez todavía tienen que ser creadas.