Dice la revista Fortune que, en 1948, una tal señora Walter compró en las Galerías Charpentier, de París, el óleo de Cézanne Pommes et biscuits, por 33 millones de francos –unos 600.000 € de hoy–, y que este hecho significó el inicio del mercado del arte moderno.

El siguiente paso lo marcaría, en Gran Bretaña, la sección de negocios de la revista Time, al encargarle a una experta en estadística, Geraldine Norman, la elaboración de un índice Dow Jones del mundo del arte. A finales del 1967, aparecía, simultáneamente, en el Times de Londres, en el New York Times y en Connaissance des Arts el Times-Sotheby’s. El éxito fue apoteósico hasta que el mercado empezó a caer en picado, y se decidió suprimir el índice. Como no se habían tomado la molestia de incluir el arte contemporáneo, que era hacia donde fluía el interés en ese momento, las estadísticas eran engañosas.

Kunstkompass 2018 Top Ten.

En cambio, desde 1971, en Colonia, el doctor Willi Bongard publicaba un pequeño boletín quincenal, Art Aktuell, subtitulado Información confidencial sobre el panorama artístico, donde cada año aparecía un kunstkompass, con la lista de los artistas que consideraba más importantes del mundo, clasificados del uno al cien, según un sistema propio que no tenía en cuenta los precios de subasta, sino que adjudicaba puntos mediante una aplicación prodigiosamente compleja de la ley de la probabilidad aplicada a las carreras artísticas. Por ejemplo, se concedían trescientos puntos a un artista con obra en el Museo Judío de Nueva York, y sólo 100 por la Hayward de Londres, o 300 puntos si el artista había participado en la Documenta, pero tan sólo 50 si había ido a Venecia o Sao Paulo. También se concedían puntos por figurar en publicaciones específicas, pero no se tenían en cuenta libros monográficos, porque podían formar parte de una operación promocional del galerista.

Pero la verdadera eclosión del mercado del arte contemporáneo –en cifras– aconteció la tarde del 18 de octubre de 1973 cuando, en la sala de subastas Parke-Bernet de Nueva York, salió a la venta una «Selección de cincuenta obras de la colección de Robert C. Scull «, personaje famoso en la ciudad por ser el propietario de una gigantesca compañía de taxis. Scull había ido comprando arte a sus amigos artistas pop, pero al divorciarse de su mujer, quiso tener dinero en mano para cualquier contingencia. La subasta facturó un total de 2.242.900 $, récord absoluto en ventas de arte contemporáneo.

La cima de esta ficción financiera fue coronada por el artista británico Damien Hirst.

La crisis del petróleo apaciguó los ánimos, pero las subastas de arte contemporáneo ya eran una realidad que, entre 1984 y 1990, alcanzaron hitos aún no igualados. Una verdadera orgía alcista de obras producidas en los últimos cien años que fue interrupta subita con la decisión, por parte de los subastadores, de no conceder más créditos a los compradores –lo que aumentaba las cotizaciones, pero no garantizaba el pago íntegro de la obra–, y la invasión de Kuwait por parte de Saddam Hussein. El petróleo subió hasta 40 $ el barril…

Tras el pinchazo de las .com el arte contemporáneo volvió, poco a poco, empujado por los tigres y dragones asiáticos.

La cima de esta ficción financiera fue coronada por el artista británico Damien Hirst, cuando subastó directamente 218 obras recién creadas en Sotheby’s de Londres, en septiembre de 2008. El mundo se derrumbaba y él facturaba, en una sola tarde, unos doscientos millones de euros.

Si deseáis consultar los principales IBEX del mundo del arte contemporáneo en 2018, podéis hacerlo en Capital-Kunstkompass, en Artfacts.net –cada sitio tiene sus propias reglas del juego y algoritmos– y en Artprice.com. Artprice se limita a indicar las evoluciones de los precios de cada artista en subasta.