La aparición el 17 de octubre de 2019 de una colección de diez paneles en un ventanal cegado de la catedral de Gerona, inesperados y desconocidos, ha causado expectación.

Algunas de estas obras —perfectamente individuales, concebidas como independientes— están consideradas los vitrales figurativos más antiguos que conservamos en Cataluña, según los expertos, ya que son visiblemente piezas reutilizadas del edificio románico previo, fechadas al inicio del siglo XIII o lo que es lo mismo: anterior en más de cien años.

Natividad. © Capítol de la Catedral de Girona. Foto: Gemma Martz.

Esta costumbre de conservación o reciclaje, tan fácil de entender hoy por razones económicas y tan habitual en todo el arte medieval, coexiste —de manera difícil de imaginar y de explicarse ante nuestros ojos contemporáneos— con el afán renovador y destructor que supone el paso decidido del románico al gótico. De lo que hemos convenido en denominar románico y gótico. O lo que es lo mismo, el paso de un edificio que, en buena medida, se desentiende, se protege, de la luz exterior, a otra construcción pensada para justo lo contrario: para exhibir, exaltar, el colosal potencial plástico de enormes cantidades de luz proyectadas sobre diversas obras arquitectónicas, escultóricas, pictóricas y más que se han reunido en un determinado lugar. Una luz meteorológica, a menudo cambiante e imprevisible, que aporta sorprendentes posibilidades de sugestión dramática, de narración, de movimiento, porque permite incluir el paso del tiempo en la obra artística, como después descubrirá con provecho el cinematógrafo.

Crucifixión. © Capítol de la Catedral de Girona. Foto: Gemma Martz.

El vitral de la Edad Media es claramente uno de los precedentes artísticos del cine. Este nuevo protagonismo de la luz dentro de la catedral gótica significa, por descontado, el ir llenando de nuevos valores expresivos y de nuevas técnicas la construcción de vitrales, de juegos de luz de formidable color. De una forma más etérea y eficaz de abstracción como nunca se había imaginado en los siglos anteriores, como veremos después. Es la emoción de la luz. La catedral románica, pero sobre todo la gótica, es el encuentro más completo y diverso de las múltiples formas de creatividad artística hasta la aparición de los grandes museos nacionales de nuestro presente. Implícita y subordinada por la llamada espiritual de la fe, la catedral hace su propia llamada al público del mismo modo que hoy la hace un gran museo. Es un poderoso reclamo que interpela a los sentidos y estimula el intelecto del espectador más simple y a la vez el del más sofisticado.

“El devoto se adentra, insignificante, en la cósmica catedral de Gerona, una caja de luces, de artificios emotivos.”

La sede gótica de Gerona es un esfuerzo de nuestros medievales, que se dejan arrastrar por las infinitas posibilidades de una nueva expresión plástica. Unas posibilidades más dinámicas que el rudimentario e implacable juego de sombras de los asfixiantes interiores románicos. Con el artificio gótico se representa mejor el matiz, la medida, la diversidad, la complejidad. Con el vitral, por supuesto. Toman protagonismo las imágenes de todos los santos intercesores entre el devoto y el Dios absoluto. Pero, sobre todo, es un arte mariano, que vindica a la Virgen como intercesora ideal, como divinidad casi humana, accesible, misericordiosa, íntima. Curiosamente la estética del románico apela a la religión colectiva mientras que la del gótico se dirige a la intimidad, al individuo específico. El devoto se adentra, insignificante, en la cósmica catedral de Gerona, una caja de luces, de artificios emotivos, camina de Occidente a Oriente. La Navidad y la Epifanía son fiestas cristianas de la luz, la festividad de la Virgen, en el otro extremo del calendario es luz, pero otra luz. Lo mismo podemos decir de la Pascua. El devoto llega al altar mayor, que es una evocación de la montaña santa, Sión, con siete luces, u ojos, la luminaria mística del altar. Para llegar hay que subir unos escalones. Está elevado, todo el mundo lo puede ver porque el devoto debe convertirse en testigo inequívoco. Y puede verlo todo porque está rodeado de luz, sobre todo la luz de los grandes vitrales del presbiterio que le rodean por detrás. En Gerona los grandes ventanales están dedicados a María, es la luz de María la que exalta el altar.

El vitral descubierto. © Capítol de la Catedral de Girona. Foto: Gemma Martz.

Desde este punto de vista no nos debe sorprender que uno de los paneles recuperados y de mayor calidad artística sea una Natividad, y una Natividad en la cual la Virgen ocupa casi todo el espacio, es la protagonista. El panel tiene tanta personalidad y categoría creativa que destaca por encima de otras composiciones del lote. Ofrece una disposición clásica de la escena, tan clásica que inmediatamente todo el mundo la podría relacionar con la del Frontal de Avià, también de la misma época, de finales del XII o comienzos del XIII. Naturalmente el preciosismo y detallismo de la madera policromada tiene otro lenguaje, técnicamente más sofisticado que el que el vitral de la misma época puede ofrecernos. Un lenguaje que, en contraste, subraya mejor los estados de ánimo de los personajes, la mirada evasiva del pobre José, la fatiga física de María, la mirada del Niño Jesús, ya coronado con el presagio de la cruz, que sabiamente ya sabe identificar a su madre. Y también tenemos la mirada pura, inocente, del buey y de la mula, dos animales aquí casi franciscanos que, en su simplicidad, reconocen al Hijo de Dios y lo celebran con un gesto tan inocente que recuerda una buena ilustración infantil de nuestra época. Jesús, como es habitual en las imágenes de la Edad Media y posteriores, está bien atado, quizás con una especie de correa. Esta extraña momificación es un inequívoco rasgo de época. Los niños recién nacidos estaban normalmente enfajados todo un año. Se creía, erróneamente, que esta práctica evitaba la aparición de cualquier horrible deformidad en las extremidades y, sobre todo, la posibilidad espantosa que se convirtiera nada menos que en un cuadrúpedo. Ni el Hijo de Dios se escapaba de este temor.

Maestro del Presbiterio, El Niño Jesús y la Virgen, c. 1348. Foto: Ramon Roca i Junyent.

Hasta aquí los elementos que parecen comprensibles —del cromatismo de los vitrales hablaremos también más tarde—. Lo que ya no lo es tanto es la fisonomía de las caras, el dibujo de los ojos. No se comprenden. Son unas caras y unos ojos que se parecen mucho, demasiado, a las que tradicionalmente habían sido atribuidas a un desconocido Maestro del Presbiterio. Un maestro que según el gran erudito Joan Ainaud i de Lasarte habría comenzado su participación en la catedral hacia 1348. Un maestro que tiene rasgos específicos: “los ojos marcan los párpados con dos trazos en forma de pez reseguidos aún con uno o dos trazos más delgados paralelos a los primeros. Las cejas están ligeramente arqueadas, y una de ellas continúa, dibujando la nariz con una pincelada en forma de u para dibujar la nariz. La boca está hecha de una pincelada rotunda, en forma de eme abierta con dos rayitas paralelas encima y debajo, dibujando los labios. (…) Las manos, de dedos romos, marcan los pliegues con dos rayitas paralelas, y las uñas son en forma de u con una doble raya en la parte de abajo…” (Els vitralls de la catedral de Girona p. 56) Parece que esté describiendo la Natividad del siglo XIII descubierta a finales del año pasado y que Ainaud no conoció. ¿Cómo se explica que se parezca tanto esta Natividad a la mayoría de personajes de los vitrales del Presbiterio? ¿La figura de una santa de la vidriera Norte-III (a2) no es idéntica a nuestra Virgen? ¿Cómo es posible que la Natividad a la que está dedicado todo el ventanal Sur-III tenga tantas similitudes y al mismo tiempo discrepancias con la Natividad recién descubierta? ¿El Niño Jesús y la Virgen del vitral Sur-IV (Adoración de los Reyes) no son igualmente idénticos? Lo mismo podemos decir sobre la figura femenina (c2) del vitral Sur-V (La presentación en el templo) y otros personajes de la colección del Presbiterio. Quizá pueda ofrecer una respuesta a estas preguntas en el artículo de la semana próxima.