Jordi Mitjà, Jon Uriarte y Ingrid Guardiola han llevado al Museu de l’Empordà de Figueres y al Museu de l’Exili de la Jonquera el cuarto episodio de este laboratorio visual del territorio que es Terra-lab.cat.

Descubrí Terra-lab.cat en el Museu de Granollers en octubre de 2017. Ya entonces, su mirada experimental sobre el territorio (en aquel caso, el Montseny) me aportó una visión insólita y alejada de todos los tópicos que había oído sobre este reducto boscoso del mapa catalán. Creadores de distintas disciplinas habían sido invitados a “revisar, desde la creación artística, un imaginario del país que ha quedado obsoleto”, como explica Vicenç Altaió, una de las almas del proyecto.

Vista de la exposición en el Museu de l’Empordà. Fotos: Jon Uriarte.

También allá, supe que formaba parte de un proyecto de proyectos, alguna cosa como un macroproyecto territorial que se iba a desarrollar en diez puntos del país. Hasta hoy, han sido el Museu de Granollers, el Museu de la Vida Rural de l’Espluga de Francolí, Can Mario en Palafrugell y la Fundació Palau en Caldes d’Estrac. Ahora le toca el turno a l’Alt Empordà, con una investigación que se presenta en el Museu de l’Exili de la Jonquera (visitadlo, si aún no lo conocéis) y en el Museu de l’Empordà de Figueres, en la sala del antiguo matadero.

El formato es el mismo: tres creadores llevan a cabo un trabajo de campo en un enclave del entorno inmediato. En este caso, han sido el artista visual alto ampurdanés Jordi Mitjà, que acostumbra a trabajar en proyectos enraizados en geografías concretas, el fotógrafo vasco Jon Uriarte y la ensayista Ingrid Guardiola. El paisaje que han seleccionado ha sido el Empordà más desconocido. El que, por suerte, ha quedado fuera de foco: la Albera, esta sierra fronteriza que se extiende desde los burdeles de la Jonquera hasta las calas de Portbou. Ésser expropiat / Anarxiu es la propuesta que Mitjà, Uriarte i Guardiola han llevado a cabo en este lugar olvidado entre dos grandes estados.

Son 25 km con bosques de robles, castaños, acebos y encinas de una belleza sorprendentemente alpina. Ignorado por todos aquellos quienes creen que el Empordà solo existe en verano y silenciado también por los mismos ampurdaneses, Ésser expropiat / Anarxiu se centra en la base militar de Sant Climent Sescebes, una zona expropiada por el Estado español y destinada a usos militares y, a partir de aquí, resigue otros pueblos de la zona.

La base militar empieza en los años sesenta, con un cierre de tierras que desde entonces blinda el paso a vecinos y civiles. En los años de máxima ocupación, a inicios de los años ochenta, este pueblo de 500 habitantes llegó a tener 59 bares y un prostíbulo. Hoy, en la base militar de la Albera, ya no hay reclutas. Hoy sirve de lugar de entrenamiento de las unidades que parten hacia misiones internacionales y de la Unidad Militar de Emergencias. Las tierras siguen cerradas, expropiadas. A pesar de ello, como también recoge el proyecto, es cierto que esta condición anómala de terreno militar ha protegido la zona de la vorágine urbanística, como también ha ocurrido en otros puntos.

Un antiarchivo o una antiguía elaborada con datos, imágenes, objetos y vivencias recolectadas en la Albera.

Pero la ocupación militar no es el único uso de la Albera recogido por Mitjà, Uriarte y Guardiola. Las cotas de frontera, que los estados francés y español revisan una vez al año; la caza abusiva; el hecho de ser una zona pionera en el mutualismo social en el siglo XIX; el megalitismo –uno de los puntos de la península con más construcciones neolíticas– o las viñas aún abandonadas desde la filoxera, constituyen el material de trabajo de este nuevo episodio de Terra-lab.cat. Un antiarchivo o una antiguía, como lo cualifican sus autores, elaborado con datos, imágenes, objetos y vivencias recolectadas en la Albera. Videos de soldaditos, madera quemada por los incendios, perros enjaulados por cazadores o souvenires fabricados con balas recogidas en el terreno se presentan situados en estantes metálicos emulando un archivo nada ortodoxo.

El resultado es un paisaje dignamente minúsculo, pero no con la dignidad impostada de quien lo observa a distancia, desde la ciudad; sino en la línea de lo que Pierre Michon hace con las vidas minúsculas de sus libros cuando, como él mismo explica, siente la obligación de elevar su humanidad mínima. La Albera de Mitjà, Uriarte y Guardiola, con la grandeza del paisaje minúsculo.

Terra-lab.cat se puede visitar en el Museu de l’Exili, de La Jonquera, hasta el 24 de febrero; y en la sala Escorxador del Museu de l’Empordà, de Figueres, hasta el 31 de marzo.