Después de la exposición Ni aquí ni en ninguna parte que se pudo ver en el Macba el año pasado, Domènec (Mataró, 1962) vuelve a mostrar las tensiones entre utopía y realidad en el ámbito de la arquitectura moderna en la exposición Y la tierra será el paraíso, en la galería ADN de Barcelona.

Hace dos décadas que el artista se ha convertido en una especie de diseccionador de los factores ideológicos, sociales y económicos que están presentes, de manera más o menos directa, en muchos de los grandes proyectos arquitectónicos y urbanísticos.

Vista de la exposición.

Domènec investiga todo este conglomerado de circunstancias como si fuera un historiador, un antropólogo, un sociólogo o un documentalista, para luego hacerlas visibles a través del lenguaje artístico. Y es que últimamente el arte se ha convertido en el territorio más honesto para construir historias alternativas y paralelas sobre la sociedad en la que vivimos.

Pero esto debe hacerse bien: con claridad, rigor, sentido poético y compromiso social sincero porque sino el arte documental y político termina alejándose de su primer objetivo y, lo que es más frecuente, se aleja de una parte de los espectadores que leen las obras de arte como algo críptico y superelitista. Hay que decir que sin hacer ninguna concesión, Domènec es de aquellos artistas que lo hacen bien. Lo demostró en la exposición del Macba y ahora en esta muestra en la ADN, que es como un complemento perfecto de aquella.

 

En los proyectos de Domènec hay denuncia de muchas cosas: de cómo las instituciones políticas abandonan las políticas sociales y de vivienda; de las situaciones de esclavitud en pleno siglo XX, como se puede ver en el proyecto Arquitectura Española, con planos de grandes edificios y monumentos que se levantaron con presos republicanos durante el franquismo; o de cómo desde poderes de varios colores, la arquitectura de protección social es siempre estéticamente aberrante y poco funcional en todos los rincones del mundo para frustrar e impedir el ascenso social de sus habitantes, como se puede ver en el proyecto Y la tierra será el paraíso, hecho expresamente para esta exposición.

Domènec muestra cómo el control políticosocial tiene sugerentes grietas.

Pero Domènec da un paso más porque no sólo denuncia sino que muestra cómo el control políticosocial también tiene sugerentes grietas. En uno de los proyectos, el artista explica cómo, después de que las constructoras y las instituciones dejaran a medio terminar el complejo residencial de Corviale, en la periferia de Roma (un inmenso edificio de más de un kilómetro de largo, que debía tener todo tipo de servicios, siguiendo el modelo de vivienda colectiva de Le Corbusier), sus habitantes convirtieron los espacios que quedaron sin terminar en un “laboratorio de autogestión arquitectónico”.

 

Domènec ha fotografiado algunos de los habitantes del edificio con una maqueta de un edificio de Le Corbusier en sus manos. De esta manera los empodera, a la manera de aquellas imágenes de pinturas antiguas donde el donante sostiene un pequeño edificio. Empatía, ternura y una brizna de esperanza.

La exposición Domènec. Y la tierra será el paraíso se puede visitar en la galería ADN de Barcelona hasta el 16 de marzo.