Justo cuando Estados Unidos vuelve a demostrar su afán de injerencia nunca acallado en los asuntos internos de América Latina y cuando Pedro Sánchez reconoce y legitima un presidente autoproclamado en Venezuela (aquel Guaidó que fue el primero en felicitar Bolsonaro cuando ganó las elecciones en Brasil), el Macba inaugura la necesaria y acertada exposición Territorios indefinidos. Perspectivas sobre el legado colonial.

La muestra comisariada por Hiuwai Chu pone de manifiesto una práctica ruin que se perpetua desde siglos hasta hoy en día: la manipulación de la realidad, la falsedad del relato hegemónico, que borra y reescribe lo que quiere y cuando le conviene.

Superflex, Kwassa, Kwassa, 2015.

Lo demuestra gráficamente Alan Carrasco con Chinkachiy (eliminar o borrar en quechua una de las lenguas autóctonas de Perú), un retrato de Túpac Amaru, el jefe indígena que lideró la mayor rebelión contra la dominación española del siglo XVIII. Décadas después de su cruel ejecución, Túpac Amaru se convirtió en un icono de la lucha por la independencia y los derechos de los nativos hasta el punto de figurar en las monedas peruanas (si bien con atuendo hispano). Sin embargo, después de que su nombre fuera adoptado por grupos armados en Perú, Uruguay, Venezuela y Argentina, su figura se ha ido borrando hasta desaparecer de la narrativa oficial del Perú donde desde 1991 todas las monedas llevan la efigie de blancos o criollos. Por eso el delicado retrato mural del Macba parece a punto de desvanecer y sólo se aprecia desde determinadas perspectivas.

Alan Carrasco, Chinkachly, 2019.

Así como los conquistadores han eliminado la memoria de personajes ilustres, también han borrado su cultura, confirmando una vez más la arrogancia e ignorancia del poder. Lo demuestra Maria Thereza Alves en This is not an apricot, una acuarela que ilustra veinte tipos de frutos diferentes que los indígenas denominaban con otros tantos nombres, relegados al olvido tras décadas de imperialismo lingüístico, que los ha reunido todos bajo la única y reductiva denominación de albaricoque.

Mariana Castillo Deball, Nuremberg Map of Tenochtitlan, 2013.

“La colonización no fue sólo territorial y económica, sino también cultural a través de la imposición de estructuras de conocimiento y formas de representación”, asegura la comisaria, que abre el recorrido con la espectacular ampliación de Mariana Castillo Deball del mapa de la capital azteca Tenochtitlan, que Hernán Cortés envió al rey de España en 1520, aunque ya al año siguiente la habían destruido.

Pala Pothupitiye, Colombo Fort, 2016.

A través de las obras seleccionadas, Chu aborda los elementos que han vertebrado y justificado el relato de las grandes potencias coloniales: el encarcelamiento y ejecución de los lideres autóctonos (Carrasco), la destrucción de las lenguas nativas (Alves, Lothar Baumgarten), la construcción de monumentos (Daniela Ortiz y Xose Quiroga), la partición y anexión del territorio (Munem Wasif), la trasformación de la cartografía política (Pala Pothupitiye) y el nacionalismo como excusa para justificar regímenes totalitarios (Dana Wabira). Excluyendo quizás el uso del bodegón como herramienta para imponer una mirada occidental (Sandra Gamarra), resulta asombroso como todos los demás elementos que contribuyen al desempoderamiento de las poblaciones autóctonas se podrían leer también en clave contemporánea.

¿Hasta qué punto las nuevas naciones han mantenido la estética y los sistemas de sus antiguos colonizadores?

Lo más triste es una suerte de síndrome de Estocolmo que afecta los países colonizados. Lo demuestran los niños ghaneses que en la película de The Otolith Group afirman que les hubiera gustado que sus antepasados hubieran sido esclavos para que ahora ellos pudieran ser tan ricos como los americanos, el vídeo de Superflex que cuenta la historia de Mayotte, una de las Islas Comores, que eligió ser recolonizada por los franceses en 2011, o las fotografías de Maryam Jafri de las celebraciones del Día de la Independencia en antiguas colonias que ponen de manifiesto hasta qué punto las nuevas naciones han mantenido la estética, el protocolo y a veces los sistemas de sus antiguos colonizadores.

Sandra Gamarra, Mercaderia I, 2018.

Es cierto que los vencedores escriben la historia, pero también que el tiempo da voz a los vencidos, aunque a veces la espera resulte insoportable.

La exposición Territorios indefinidos. Perspectivas sobre el legado colonial, se puede visitar en el MACBA, en Barcelona, hasta el 20 de octubre.