“Hace tiempo que hago videoinstalaciones. Me permiten seguir haciendo cine de formas diferentes. Porque el cine de las salas hay cosas que no las admite, por el soporte, el contexto o el público, que se ha vuelto muy conservador.”

Lo cuenta Isaki Lacuesta (Girona, 1975) en la entrevista realizada para la exposición que presenta en Girona y que el año pasado se mostró en el Centro Pompidou de París. Se puede ver en el Bòlit, el centro de arte contemporáneo de Girona que, aunque nació en plena crisis y tuvo que renunciar a disponer de un edificio específico, acaba de cumplir sus diez años con una programación estable y bien conectado con otros centros de creación europeos.

Isaki Lacuesta, Les imatges eco. Foto: Jorge Fuembuena.

Autor ya de culto con películas premiadas como Entre dos aguas y Los pasos dobles (Concha de Oro en San Sebastián en 2018 y 2011), la exposición de Isaki Lacuesta se plantea como una retrospectiva elaborada con material producido desde el año 2000 hasta hoy. Comisariada por Sylvie Pras y Judith Revault en París y por Carme Sais en Girona, ocupa los tres espacios de Bòlit con un título distinto en cada uno pero que apuntan hacia una misma dirección: a la idea de duplicidad y pluralidad, de resonancia, oposición y simetría.

Isaki Lacuesta, Les imatges eco. Foto: Jorge Fuembuena,

Los films dobles se lleva el grueso de la exposición, con nueve pantallas con dos proyecciones cada una: a derecha e izquierda de la pantalla, dos relatos crecen en paralelo. Si bien Lacuesta huye de los tópicos del relato experimental –nada más lejos del surrealismo y de otros lugares comunes de las vanguardias ya clásicas– sus piezas se despliegan como un gran ejercicio sobre la construcción de la mirada. Algunos de sus films dobles muestran una gran afinidad visual, otros no. Algunos combinan ficción y documento. Otros presentan los mismos protagonistas y las mismas escenas pero con diálogos distintos. Otros se construyen con imágenes médicas resultado de resonancias magnéticas. Y otros buscan las imágenes tuneadas por Google Earth para blanquear puntos geográficos donde se llevan a cabo realidades inconfesables.

Isaki Lacuesta, La tercera cara de la Lluna. Foto: Jorge Fuembuena.

En unos y otros, la pauta del relato queda siempre del lado de quien mira, que tiene que decidir con qué inicio y qué final se queda, a qué escenas atiende en cada momento, como gestiona el ojo que salta de una imagen a otra, o como aplica otros criterios que dependen exclusivamente de él. Los trabajos de Lacuesta dejan bien claro cómo funciona la responsabilidad de la mirada: incluso huyendo del registro experimental, incluso en el caso clásico de una pantalla, siempre cae del lado de quien mira.

Isaki Lacuesta, La tercera cara de la Lluna. Foto: Jorge Fuembuena.

Pero Isaki Lacuesta le exige algo más a quien observa, le pide que se pregunte qué dosis de verdad está dispuesto a asumir. Y es que sus microrelatos, construidos en gran parte con su compañera y guionista Isa Campo, exploran temas como los efectos de una crisis devastadora en el imaginario colectivo de un país, las excavaciones clandestinas de fosas comunas de una guerra civil o el trayecto que debe recorrer una sociedad para abandonar una lucha armada. Pero también abren líneas de indagación filosófica y sensorial como ver qué pasa en un cerebro cuando se le dan estímulos emocionalmente significativos o intentar recrear el viaje óptico de un bebé antes del parto. Documento, ficción, drama, comedia, denuncia, verdad, etnografía, política, neurología… y una gran libertad para invalidar todas las categorías, tanto narrativas como epistemológicas.

“Me permito hacer lo que no puedo hacer en mis películas.”

En su exposición en Girona, Lacuesta ha producido con el amigo y escultor Pep Admetlla una instalación contundente para la capilla de San Nicolau, uno de los espacios de Bòlit. Una “escultura transitable, en el límite entre la arquitectura y la escultura”, como la califican sus autores, que suma lo mejor de estos dos creadores. Poética y misteriosa, su geometría de luz y sonido evoca las arquitecturas antiguas de Mesopotamia y a la vez las distopías futuristas de grandes relatos visuales como el mítico Blade Runner. La tercera cara de la luna convoca la manera de trabajar de Pep Admetlla, este creador renacentista que no entiende el dibujo sin la arquitectura y la anatomía humana sin la escultura, con la insólita capacidad narrativa de Isaki Lacuesta: “Me permito hacer lo que no puedo hacer en mis películas: que el espectador transite por el espacio, lograr más de un punto de vista. Que sea el último montador.”

Es justo este el efecto de las propuestas de Isaki Lacuesta: que te sitúan en el lugar, inusual y no siempre cómodo, del último montador. En mayo, la exposición viajará al Arts Santa Mònica de Barcelona. No se la pierdan.

Las imágenes eco. Isaki Lacuesta se puede visitar en Bòlit. Centre d’Art Contemporani, Bòlit_StNicolau y Bòlit_LaRambla, de Girona, hasta el 28 d’abril de 2019.