Lo ha demostrado una vez más: Rosa Martínez no es una comisaria, sino la comisaria. En un mundo del arte donde la figura del curador de exposiciones ha sido amada y odiada, idolatrada y denostada a partes iguales, Rosa Martínez se sitúa en la senda de los grandes comisarios internacionales que han hecho escuela y han sabido dar sentido y significado a su labor.

Lo ha confirmado una vez más con En el nombre del padre, en el Museo Picasso, una exposición pequeña en comparación a las que nos tiene acostumbradas Martínez (cuya propuesta para la Bienal de Venecia, junto con María Corral, sigue siendo una de las más logradas de las últimas décadas), que sin embargo desborda los límites de las salas que le han sido asignadas para invadir otros espacios del museo en un diálogo verdaderamente transversal entre pasado y presente, entre el padre y las diversas derivas de sus hijos.

Un diálogo que ha empezado ya antes de la inauguración de la muestra con dos performances. En la primera Eulàlia Valldosera ha conjurado el espíritu del padre – padrone por antonomasia, aquel Pablo Picasso amo y señor de sus mujeres, sus hijos, sus coleccionistas y probablemente casi todos los que le rodeaban. Picasso y Jacqueline Roque su última mujer, se conocieron cuando ella tenía 26 años y el 72. En los 11 años que estuvieron juntos Picasso la retrató más de 400 veces y es precisamente a través de uno de sus más célebres retratos que Picasso y Jacqueline se manifestaron a Valldosera durante una acción mediúmnica.

Actuación de la familia Morente en el Museu Picasso de Barcelona. Foto: David Airob.

“Eulàlia se ha atrevido a reconocer un don que la hace capaz de penetrar en mundos normalmente cerrados y ha sido suficientemente humilde para convertirse en canal, verbalizar tensiones nunca admitidas y sanar heridas profundas”, ha explicado Martínez, que trabaja con la mayoría de los artistas de la exposición desde hace muchos años. La acción valiente y sincera de Valldosera, que quiere “recuperar el arte como agente sanador y devolverle su potencial original como acto sagrado”, ha sido recogida en un vídeo que se puede ver en la muestra, así como la performance realizada por la familia Morente al completo, bajo la battuta de Aurora Carbonell, la viuda del cantaor. Como Enrique Morente cantó los poemas de Picasso, la familia se ha juntado para cantarle a Las Meninas, en una acción que dejó con los pelos de punta las menos de 100 personas que tuvieron el privilegio de poder asistir. También se expone la americana con los ojos de Picasso pintados por Carbonell antes de que el cantaor diese un concierto en el Liceu “se fue con la chaqueta aun mojada”, ha recordado la artista, que como mujer y musa del célebre cantaor probablemente vivió algunas de las contradicciones que afectaron a las compañeras de Picasso.

“Os cuento un truco de comisaria. Gracias a un recurso de montaje, los ojos de Picasso miran alternativamente al visitante que entra y a la foto de Santiago Sierra de unas prostitutas haciéndose tatuar una línea recta en la espalda”, ha indicado Martínez, que fue desgranando las obras con rigor y cariño, articulando un relato que pone de manifiesto con total claridad la herencia artística y existencial de Picasso, “para abrir nuevos caminos como él mismo deseaba”, ha rematado.

Cristina Lucas, España y el Rif 1939.

Hay otras dos obras textiles, un Minotauro bordado por Tania Berta Judith que invita a reinterpretar los mitos antiguos, y la cartografía de los bombardeos en España y el Rif en 1939, bordada por Cristina Lucas, que forman parte de una serie sobre el dolor de las heridas y las cicatrices que quedan. “Voy trazando los bombardeos para rescatar del olvido todas aquellas poblaciones que no tuvieron una obra como Guernica para que se las recordara”, ha explicado Lucas.

El tercer diálogo se establece entre la Sala de la Palomas y la intervención de Pilar Albarracín, mujer poderosa donde las haya, que el pasado noviembre, para inaugurar su muestra en la Tabacalera de Madrid, organizó un desfile por la ciudad de más de cien mujeres vestidas de flamencas. Aquí expone una paloma disecada con una bala en el pico, que no anuncia el regreso de la paz sino la permanencia de la guerra. La acompaña un vídeo que recoge los desesperados aleteos de una paloma atrapada, envueltos en un agobiante sonido de bombardeos.

196 documentos del FBI desclasificados.

La polifacética herencia estética e ideológica de Picasso, que Martínez ha diseccionado a través de las obras cuidadosamente escogidas, se completa con el Picasso político que surge de los 196 documentos del FBI desclasificados con las informaciones recogidas sobre el artista, que nunca renunció al carné del Partido Comunista y murió en Francia como exiliado político español, ya que nunca le fue concedida la nacionalidad francesa pese a que la pidió. La obra de Daniel García Andújar pone de manifiesto la paradoja de la verdad, ya que los documentos, pese a ser desclasificados, muestran numerosas partes tachadas cuyo contenido no se conocerá nunca. Tampoco podía faltar la faceta mercantil de Picasso, la marca que ha creado una estética y ha llenado las casas de medio mundo de posters de pinturas, que son verdaderos hitos de la historia del arte.

Elo Vega y Rogelio López Cuenca, El fill pròdig. Foto: Mariano Ibáñez Heredia.

La instalación de Elo Vega y Rogelio López Cuenca convierte al malagueño en decenas de caganers que resumen los elementos característicos de la identidad catalana. Y no son sólo sus obras, Picasso ha dado su nombre a bares, hoteles, perfumes e incluso coches. “Es un verdadero cuerno de la abundancia o en su versión vernácula un chorro full time”, han concluido Vega y López Cuenca.

La exposición En el nombre del padre se puede ver en el Museo Picasso, de Barcelona, hasta el 24 de septiembre.