En el fantástico sótano que la galería Estrany-de la Mota ocupa en el Passatge Mercader de Barcelona, la exposición Throwback está en permanente montaje, en construcción.

Las cartelas se pueden encontrar sobre una mesa y apiladas por el suelo; los niveladores de burbujas para colgar los cuadros se han quedado sobre algunos marcos; las cajas de transporte hacen de mesa; los post-its indican que algún cuadro no está muy bien colgado; algún montador se ha olvidado las zapatillas deportivas en el suelo…

Vista de la exposición.

Y así se irá quedando todo hasta junio, hasta que se concluya este proyecto de repaso de historia de la galería en tres capítulos. Se trata de un epílogo en tres partes porque cuando se cierre el tercer episodio, Estrany-de la Mota ha anunciado que cerrará sus puertas como galería comercial.

Pero el aspecto desmantelado de la exposición -una instalación que firma Espumillas, una marca que parece que es más que una empresa de montaje- no es un descuido, sino una metáfora. Estrany-de la Mota cierra una etapa con este paseo nada enciclopédico por su historia, pero lo hace de manera deconstruida, mostrando al público de forma descarnada el proceso de montaje, porque a veces hay que desordenar todo e ir hasta las entrañas, para construir algo nuevo.

Christian Boltanski, Blagueur, 1974.

Esta es la intención que tiene Àngels de la Mota, que desde la muerte repentina de Toni Estrany en febrero del 2017, ha continuado liderando la programación de una galería con una personalidad muy propia, y una apuesta firme por el arte contemporáneo que ha tenido artistas tan emblemáticos como Ignasi Aballí, Francisco Ruiz, Douglas Gordon o Bestué-Vives. Pero ahora, de la Mota, movida por la constatación de que el modelo de galería está cambiando en todo el mundo, cree que ha llegado el momento de hacer un cambio radical en el proyecto. “Ahora muchas galerías optan por no tener espacio propio y hacer exposiciones específicas, nosotros lo haremos al revés”, explica de la Mota.

Miquel Barceló, S.T. (detalle), 1979.

Así, se mantendrá el sótano de 200 metros cuadrados, abierto en 1990 como galería Toni Estrany y convertida en 1996 en la galería Estrany-de la Mota tras fusionarse con la que de la Mota tenía en el barrio de Gracia. Desde allí, Àngels de la Mota proyecta producir proyectos artísticos específicos, que pueden exponerse tanto en el local de Passatge Mercader como en otros espacios. Serán proyectos absolutamente transversales -le interesa especialmente el mundo de la danza y la performance, por ejemplo- y mucho más abiertos respecto a la línea que hasta ahora ha caracterizado la galería. “Quiero mantener el espacio, pero no la obligación de programar, de las ferias, todo esto es ya una etapa cerrada”, explica. Desde el nuevo proyecto, también se ofrecerán servicios de asesoramiento de colecciones, un trabajo que afirma que le apetece especialmente. El fondo de la galería también está a la venta.

Àngels de la Mota ha querido huir de la actitud nostálgica en el epílogo expositivo de la galería.

Àngels de la Mota ha querido huir de la actitud nostálgica en el epílogo expositivo de la galería. En el primer capítulo de Throwback, se pueden ver obras de los años 70, el momento en que Toni Estrany trabajó en la galería Trece y luego como marchante independiente. La exposición pone de manifiesto el ojo clínico de Toni Estrany en una época nada fácil para el arte contemporáneo en Barcelona. Su “cantera”, como él solía llamar a sus artistas, era impresionante y equilibraba la escena local con la internacional.

Josep Uclés, S.T., 1981-1982.

En la muestra, que expone pequeños formatos muy valiosos, se pueden ver, entre otras, una decena de fantásticas acuarelas minimalistas de los años 1978-79 de un joven y desconocido Miquel Barceló; sutiles grabados de Sergi Aguilar; pinturas de uno de los mejores momentos de Josep Uclés; un grabado extraordinario de Antoni Tàpies; dibujos de cabras tempranas de Robert Llimós; una obra de la serie de autorretratos bromistas de Christian Boltanski; u obras de Richard Hamilton en pleno momento de su relación con Cadaqués. Y, sobre todo, no os perdáis las numerosas publicaciones de la época que Àngels de la Mota ha rescatado del fondo de la galería. Tampoco dejéis de agacharos para admirar un pequeño cuadro en el suelo del no suficientemente reconocido pintor Manuel Molino (1936-2016), de clara inspiración boschiana.

Después de marzo, el montaje (o, mejor dicho, el desmontaje) de la exposición incluirá obras de los años 80 y más tarde de los 90 y 2000, en el que será un recorrido nada convencional de la historia de una galería fundamental de los últimos años en Barcelona.