Empezamos la crónica sobre la exposición Papeles después de una guerra en la galería N2 de Barcelona justo por su final cronológico: los fantásticos y perturbadores dibujos realizados con pequeñas perforaciones sobre el papel, realizados este mismo año, de la mallorquina Amparo Sard.

La artista nació en 1973, precisamente el año de la muerte de Pablo Picasso, también presente en la muestra con una dedicatoria al final de su vida a uno de sus mejores amigos de juventud en Barcelona, Manuel Pallarès. Desde Picasso a Sard, el itinerario del arte del siglo XX e inicios del XXI ha sido largo y complejo y en cierto modo esta pequeña y exquisita exposición en la galería N2 es como una muestra de las contradicciones estéticas y morales a lo largo de casi un siglo de arte de vanguardia.

Amparo Sard, Sin título, 2019. Serie «Demasiada empatía».

Se exponen en la N2 sólo 14 obras sobre papel de once destacados artistas, todos españoles, unidos por el espíritu vanguardista y, según la galería, “por las tendencias estéticas rotas por la guerra, los exilios interiores, las diferentes tentativas de conservación de la libertad creativa en la primera posguerra y la eclosión tras el inicio de la democracia”. El pequeño paseo comienza con Luis Castellanos, Juli Gonzàlez y el mismo Picasso y finaliza con Evru y Sard, pasando por Manolo Millares, Jaume Plensa, Víctor Mira o Adolfo Schlosser.

Pero volvamos a Amparo Sard, que protagoniza el colofón de la muestra con sus dibujos de la serie Demasiada empatía, en la cual la artista, en una especie de autorretrato, utiliza la perforación como una forma de exorcismo personal y una manera de canalizar el dolor individual y colectivo. Artista transdisciplinar, que en 2018 fue incluida en la lista de los mejores 25 artistas del mundo de la revista holandesa LXRY, en la exposición también se proyecta su vídeo Inteligencia emocional, una metáfora visual sobre el desbordamiento y la desmesura.

Amparo Sard fue incluida en la lista de los mejores 25 artistas del mundo.

Yendo atrás en el tiempo, de los artistas actuales presentes en la muestra se incluye un delicado dibujo de un desnudo femenino de Evru y un papel, El ojo, de Jaume Plensa, una obra oscura y sexual que tiene muy poco que ver con la obra reciente del artista barcelonés, en la que aprovecha la misma textura del soporte para alcanzar el efecto deseado. Un dibujo que es a la vez como una pintura y una escultura. En dos obras de los años 80, Adolfo Schlosser traspasa al papel de manera colorista y casi abstracto con su tema preferido, la naturaleza.

Luis Castellanos, Sin título, 1935.

De las obras más curiosas de la muestra, destaca un dibujo del rostro de un torero, de Manolo Millares, de 1956, de evidente influencia picassiana, y bien alejado de las impresionantes abstracciones del pintor canario. La muestra descubre también la maestría del constructivista madrileño Luis Castellanos, con la pieza más antigua de la exposición, de 1935.

La exposición Papeles después de una guerra se puede visitar en N2 Galería, de Barcelona, hasta el 23 de mayo.