La recién estrenada Casa Seat, de Barcelona, acoge la instalación Recreativos Federico, una reflexión sobre la mercantilización del legado artístico de este creador universal. La polémica está servida.

Antes de entrar a fondo, sin embargo, habría que preguntarse ¿qué es Casa Seat? ¿Cuál es la intención de este espacio? ¿Ha llegado a la ciudad un nuevo actor en auxilio del depauperado sector cultural?

«Así que pasen 5 euros», «Yerma la nuit» y «Bolas de sangre».

El 16 de junio la alcaldesa de Barcelona presidió la inauguración de este espacio que ocupa el edificio bajo del antiguo conjunto del Deutsche Bank, en el cruce de la avenida Diagonal con Paseo de Gracia, popularmente conocido como «el cinco de oros «. El edificio contiguo será ocupado por treinta y pico residencias de lujo, gestionadas por el Mandarin Oriental Hotel Group.

Casa Seat ocupa 2.600 metros cuadrados, repartidos en dos plantas y un sótano. Según su director, Gabriele Palma, se trata de un centro nacido con la intención de integrarse en la vida cultural y económica de Barcelona.

El pasado martes, 25 de agosto, la mayoría de la prensa barcelonesa dedicaba un espacio importante a la exposición Recreativos Federico, que se puede visitar en Casa Seat hasta el próximo sábado 5 de septiembre. Si la queréis visitar, daos prisa.

Según explicaban estas crónicas, Recreativos Federico es una propuesta de Álex Peña a medio camino entre la performance, la instalación y la representación. Según Peña, se trata de un trabajo «exodramático, una palabra que me he inventado yo pero que permite que me sitúe fuera del lenguaje dramático, pero me siga relacionando con las obras. Cuando el legado artístico se convierte en souvenir, la literatura dramática se convierte en un juego».

Se trata de siete máquinas que podríamos encontrar en un salón recreativo –si es que todavía queda alguno– o en una feria. Máquinas de aquellas que funcionan con monedas y que ofrecen alguna recompensa o satisfacción. Nostalgia kitsch.

 

Las propuestas suenan mejor que su concreción. Cuatro están basadas en obras de teatro de Lorca: Bolas de sangre –un expendedor donde podemos comprar bolas con líquido rojo como la sangre–, La grúa de Bernarda Alba –una pequeña garra metálica nos ayuda a conseguir varios fetiches como el perfume de Pepe el Romano o un abanico firmado por las protagonistas de este drama–, Amor de don Perlimplín con Belisa en su futbolín –un futbolín tuneado–, y Yerma la nuit –un expendedor de preservativos alusivo a la infertilidad–. También hay una máquina para convertir billetes de cinco euros en monedas: Así que pasen 5 euros. Y dos máquinas de temática más genérica: un arcade matamarcianos donde Lorca dispara castañuelas al rostro de Dalí ­Cadaqués invaders­, y una atracción de mamporros donde debemos dar en la cabeza de las creadoras y pensadoras de la generación del 27 silenciadas –unas más que otras–: Rosa Chacel, Maruja Mallo, etc.

Las máquinas están repartidas por las tres plantas, entre automóviles, motos y patinetes eléctricos. Y es que Casa Seat es una Flagship Store, un concesionario amplio y bonito. De momento, la cultura no está y, por lo que se ve, no se le espera.

¿Tan a cuenta sale la crítica de la mercantilización?

Recreativos Federico se estrenó en el Centro Federico García Lorca de Granada, y ha pasado por cinco espacios más. Nunca se le había dedicado tanto espacio en la prensa. Contrasta mucho que una propuesta tan mal explicada, mal instalada e insuficientemente acompañada, disfrute de tanto espacio en la prensa cultural. Al hablar con algunos de los autores de los artículos, la justificación es idéntica: ¿sabes cuánta publicidad pone Seat en nuestro medio?

Se trata de un caso más del divorcio entre prensa y realidad. Los diarios llenan páginas al dictado de los paganos de anuncios, y los lectores –la mayoría, gratis–, se lo tragan todo. Total, tampoco irán a ver la exposición. Y si el rey va desnudo, es su problema.

Desde 2016, ochenta años después de su asesinato, Federico García Lorca es, literalmente, de todos. Sus derechos han caducado, ya no revierten en la Fundación que montaron en la década de 1980 sus herederos. Recuerdo tardes en la Residencia de Estudiantes de Madrid, a principios de la década de 1990, junto al piano que había tocado tantas veces Federico, escuchando como lo evocaban mi maestro Rafael Santos Torroella, los especialistas lorquianos Eutimio Martín e Ian Gibson, y Pepín Bello, el amigo íntimo que sobrevivirá al poeta hasta la edad de 103 años. Gibson no dejaba de repetir: «Federico en el barranco y su familia en el banco», en referencia al afán recaudador de sus sobrinos. Y, claro, cuando Álex Peña explica que al detallar su propuesta a Laura García Lorca –sobrina-nieta del poeta–, ésta la aprobó riendo, a mí se me pone la mosca tras la oreja. ¿Tan a cuenta sale la crítica de la mercantilización?

Quiero creer que esta instalación jijijajalorquiana es fruto de una tarde tonta, y que Casa Seat tiene previsto un otoño-invierno lleno de propuestas tan coherentes como interesantes. Quizás algún veterano de la casa recordará cuando Seat entregó varias carrocerías del nuevo modelo 133 para que un grupo de artistas catalanes las intervinieran y expusieran en Rambla Catalunya, con motivo de la Muestra de Arte Nuevo MAN74. Por cierto, ¿qué ha sido, de aquellas obras? ¿Alguien de Seat lo sabe?