Los Espais Volart de la Fundación Vila Casas exponen Please don’t smile, del fotógrafo Frank Horvat quien, después de haber picado la piedra de la vida a ritmo de instantáneas, ofrece una recopilación de fotografías que realizó en el terreno de la moda durante los años 50, 60 y 70.

Frank Horvat nació en 1923 en Abbazia, en la península de Istria, Croacia, en el seno de una familia intelectual judía donde se leía poesía con la misma facilidad que uno bebe agua.

Frank Horvat, Mate, 1964.

Las lecturas de Goethe, Schiller, Heine, Rilke, Leopardi y Baudelaire, quienes serían sus compañeros de soledad, se convertirían la savia que, con el tiempo, nutriría indirectamente su fotografía. Horvat se consideraba, a pesar de los numerosos intentos y una fuerte autoexigencia, un poeta frustrado. Tras dejar atrás su reducto fronterizo, corrió mundo y, cámara en mano, realizó su primera aproximación al fotoperiodismo. Alrededor de los años cincuenta, se estableció definitivamente en París, donde descubriría una ciudad llena de estímulos e inspiración.

Frank Horvat, For Jardin des Modes, Invalides, 1958.

En las fotografías de aquellos años, que serían publicadas en revistas como Vogue, Elle, Glamour o Harper’s Bazaar, Horvat muestra predilección por la moda y por un universo femenino, que se le presentaban, por su juventud, como un tesoro todavía inaccesible. A través de los blancos y los negros, sitúa a la mujer, vestida de elegancia y satén, en medio de la masa; entre un populacho callejero que, sin saberlo, y dentro de su dinámica de vida, encarna la diferencia y el contraste.

Frank Horvat, Rio de Janeiro, Brasil. Dancing couple, 1963.

De hecho, Horvat, que a veces bressonea, consiguió ser el anti-perfil de estas publicaciones proponiendo escenas que, por su inspiración neorrealista, entraban en contradicción con las ansias de glamour y sofisticación que habían perseguido hasta entonces, y que mostraban un prototipo de mujer que, en el fondo, no existía. En este intento por fotografiar a la mujer de la calle, le non control se convierte en la técnica que, persistente, marca a ritmo de metrónomo sus fotografías. Para Horvat, un exceso de control acaba destruyendo la fotografía, por eso deja que la cotidianeidad evoque su propia imperfección y codirija, indomable, la cámara.

Frank Horvat, Armenonville, France, Saint-Laurent fashion for Vogue France, 1970.

La obra de Horvat, enmarcada en un desenfreno oportuno, está dominada por una timidez dulce que no consigue sucumbir a la convicción sana de los que saben que lo están haciendo bien. Original y atípico, propone una fotografía fácil, natural, poética, de esencia sencilla –que no simple– y que, envuelta por un aura de calma y orden, logra congelar el momento con una facilidad que no tiene nada de banal. Con todo, evidencia que la sinceridad es muy difícil.

En su producción no hay nunca un guion definitivo.

Horvat no se encasilla en ningún estilo concreto, sino que se define como un judío errante que navega por las múltiples posibilidades de la fotografía. En su producción no hay nunca un guión definitivo sino, más bien, un anhelo de reinvención constante que le lleva a hacer del eclecticismo su estilo de base y de la intuición su lema.

Frank Horvat, Aran, Ireland, for Stern, knitted fashion with Chris O’Connor, 1974.

A pesar de sus tanteos en diferentes géneros a lo largo de su carrera, las fotografías de moda son, seguramente, su obra más definitoria; una pequeña burbuja en el tiempo a la que se vuelve –sabiendo que ya hemos estado otras veces–, en busca de una especie de confort poético. Please, don’t smile… because not smiling makes me smile.

La exposición Frank Horvat. Please don’t smile se puede visitar a los Espais Volart, de la Fundación Vila Casas, Barcelona, hasta el 28 de julio.