El semanario Mirador (1929-1938) es, sin duda, la mejor publicación periódica de carácter cultural que ha habido en Cataluña. Fundado por Amadeu Hurtado y dirigido por Manuel Brunet y Just Cabot, al inicio de la guerra civil fue requisado por el PSUC y sustituido, en 1938, por el semanario Meridià.

Mirador hablaba, con la voz de los mejores escritores y pensadores del país, de literatura, de teatro, de radio, de cine, de música –incluyendo novedades discográficas–, de política –nacional e internacional–, de arte de todas las disciplinas y tendencias… Incluso llegó a organizar dos exposiciones: el Primer Saló Mirador (1933), en las Galeries Laietanes, dedicado al retrato femenino en la pintura catalana de 1830 a 1930; y el Segon Saló Mirador (1936), sobre el arte gótico catalán.

Vista de la Galerie Mirador, en la Place Vendôme de París. Arxiu Montserrat Tarradellas i Macià. Fotografía de autor anónimo.

Estalló la guerra, llegó el exilio, y muchos de los responsables del Mirador se establecieron en Francia. Víctor Hurtado, hijo del fundador y administrador del semanario, y el periodista Lluís Montanyà crearon, en París, una sociedad de importación y exportación. Se añadieron Rosa Castelucho –nieta del galerista establecido en París Antoni Castelucho– y Just Cabot –el cual aportó su voluminosa biblioteca.

En diciembre de 1948 abría sus puertas la galería –y librería– Mirador en el número 17 de la Place Vendôme de París. El rótulo del establecimiento mantenía la tipografía del semanario. Esta plaza era uno de los espacios más selectos de la capital francesa, pero si vais hoy, comprobaréis que se ha convertido en la meca de la joyería y de la ropa de lujo.

La galería Mirador de París duró siete años, de diciembre de 1948 hasta diciembre de 1955, divididos en dos etapas. Nadie, sin embargo, había estudiado su relevancia ni se había entretenido en descifrar su historia hasta ahora que, bajo el comisariado de Josep Miquel Garcia, la Fundació Apel·les Fenosa, de El Vendrell, le ha dedicado una muestra con el correspondiente catálogo.

Just Cabot delante de la galeria Mirador, con el cartel a la izquierda de la exposición de Audibert. Arxiu Montserrat Tarradellas i Macià.

Josep Miquel Garcia ha contado con el soporte documental del Archivo Montserrat Tarradellas i Macià, depositado en el Monasterio de Poblet, y ha reconstruido la historia de las exposiciones que tuvieron lugar en la galería Mirador, un descubrimiento sobre el dinamismo cultural de los exiliados catalanes.

La primera etapa de la galería Mirador se cierra en febrero de 1951 con la salida de Just Cabot y de Rosa Castelucho. Castelucho se lleva todo su fondo de arte, y Cabot los libros, con los que funda la Librairie Artistique Espagnole et Latino-Américaine en el 125 del Boulevard de Montparnasse. En 1952, Cabot y Castelucho se casan.

En este primer periodo, exponen en la galería Mirador el pintor y grabador catalán establecido en Buenos Aires Pompeu Audivert, la agrupación fotográfica Groupe des XV –con Emmanuel Sougez–, María Sanmartí –primera incursión artística de la madre del pintor Antoni Clavé–, el escultor suizo Roland Duss, el pintor Hervé Masson –hermano del pintor surrealista André Masson–, Ismael Fuente, y el pintor naif –y anarquista– Miguel García Vivancos.

La segunda y última etapa de la galería Mirador concluye en diciembre de 1955, más o menos cuando Lluís Montanyà, socio de Víctor Hurtado, se traslada a Ginebra para ejercer de traductor en las Naciones Unidas.

Cartel de la exposición de Maria Sanmartí en la galería Mirador, 1949.

Expusieron en ésta Claudine Hurwitz, Antonio Suárez, la artista franco-brasileña Marianne Peretti (tenía sólo veintidós cinco años, Salvador Dalí fue a su inauguración, y después se instaló en Brasil), el pintor francés de origen alemán Rolf Hirschlanden, el cubista siciliano Nino Giuffrida, el pintor japonés Key Sato –amigo del escultor Apel·les Fenosa–, el pintor judío de origen ruso-polaco Zygmunt Landau, el pintor figurativo Pierre-Henry, cerámicas de Jean Camberoque, dibujos del poeta dadaísta Georges Ribemont-Dessaignes, y una colectiva con obras de estética surrealista de Léon Tutundjian, Pierre Ino y Mima Indelli.

La programación de la galería Mirador, durante estos siete años, fue extremadamente ecléctica.

Según el catálogo de la Fundación Fenosa, la escritora Mercè Rodoreda (1953), y el escultor Josep Granyer (1955) habían previsto exponer en Mirador pero, por razones diversas, estas iniciativas no se llegaron a materializar. Según la hemeroteca de La Vanguardia, el pintor Juan de España tampoco pudo exponer en la galería Mirador por culpa de «dificultades en la aduana». Y Santi Surós realizó una exposición en marzo de 1954.

La programación de la galería Mirador, durante estos siete años, fue extremadamente ecléctica. Jóvenes promesas, artistas más o menos consagrados, catalanes, franceses, japoneses, italianos, pintura, fotografía, cerámica… Lo más seguro es que la venta de libros fuera el pilar económico de un establecimiento que había tomado su nombre del patrimonio cultural de una Cataluña que nunca volvería a ser el mismo país que habían conocido sus impulsores.

Curiosamente, en 1960, una galería llamada Mirador acogía en la calle Caspe de Barcelona los happenings informalistas del grupo sabadellense Gallot. ¿Casualidad? No lo creo. Mirador –el nombre de nuestra publicación electrónica lo confirma– sigue siendo espejismo y modelo de excelencia cultural.

La exposición Galerie Mirador, París 1948-1955 se puede visitar en la Fundación Apel·les Fenosa de El Vendrell hasta febrero de 2020.