Así se calificaba Juan Batlle Planas en una entrevista al diario Clarín en 1965, un año antes de morir. En el Museu d’Art de Girona se puede ver la primera exposición sobre este destacado surrealista argentino de origen ampurdanés.

Nacido en Torroella de Montgrí en 1911, a los dos años la familia se trasladó a Buenos Aires para reencontrarse con la línea materna. Aunque no se quiso nacionalizar argentino, nunca más volvió. El padre, que sí lo hizo al cabo de unos años, le enviaba imágenes desde Torroella, con el castillo y otros elementos que incorporó en su obra. Uno de los pintores más reconocidos de la vanguardia argentina, aquí sigue siendo un desconocido. Hasta hoy.

Juan Batlle Planas, El paraíso perdido y Gaudí, 1944. Colección Giselda Batlle. Foto: © Rolando Schere Arq.

En el Museu d’Art de Girona se puede ver la exposición Juan Batlle Planas. El gabinete surrealista, que después viajará a la Fundación Juan March de Palma de Mallorca y que se inauguró en el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca. Aunque no se trata de una retrospectiva, sí que es la primera exposición antológica del pintor en el Estado español. Aunque no incluye las etéreas figuras femeninas con que Batlle llegó al gran público, las Noicas, sí que muestra su elaborado surrealismo, sobretodo la producción de los años treinta y cuarenta.

Fue un buen lector de Freud y un buen conocedor de la energía orgónica.

Batlle participó del surrealismo desde 1935. Su primera exposición individual, en 1939, ya marcaba su adscripción a este movimiento. Había accedido a él a raíz de su interés por la escritura automática y la asociación libre, que pronto consideró la mejor puerta de acceso a la interioridad humana. Fue un buen lector de Freud y un buen conocedor de la orgonomía o energía orgónica, esta fuerza primordial e universal que suma organismo y orgasmo, según Wilhelm Reich, como se ve en sus textos, en los cursos y conferencias que impartió y en los títulos de sus obras. El mismo Juan Batlle dejó escritas sus filiaciones en un texto manuscrito que se encuentra en su archivo personal:

“Hieronymus Bosch, el conde de Lautréamont aleccionaron esta búsqueda de mi pintura, como la aleccionó el Triunfo de la muerte de Brueghel, como la aleccionó el cometa Halley, como la aleccionaron las pinturas de Emeric Essex Vidal, como la aleccionaron las cuatro esquinas que forman el cruce de la calle Matheu y la ex calle Victoria […], como la aleccionó ese cuadro que más representa un muchacho mirando intensamente un destino mientras en un fondo azul oscuro vive un cielo que ilumina el castillo de Torroella de Montgrí.”

Juan Batlle Planas, Radiografía paranoica, 1939. Col·lecció Silvia Batlle. Foto: © Juan Molina y Vedia.

Con unas 50 obras de pequeño formato, con el que el artista se sentía más cómodo, se concentra en dos de sus primeras series más significativas: las radiografías paranoicas y los collages. En las primeras, pioneras del surrealismo en Argentina, Batlle despliega en blanco y negro calaveras, esqueletos, siluetas vacías y realidades orgánicas surgidas del inconsciente. En los collages, en blanco y negro los primeros y en color los últimos, incorpora el dibujo recortado y la pintura y mezcla geometrías y figura humana con un aire onírico que resuena a Chirico, Dalí y Max Ernst. Personajes de factura realista que sostienen elementos ingrávidos transitan en paisajes vacíos y atmósferas donde no hay nada. Son obras que funcionan como poemas visuales. Y es que Batlle fue también gran lector de poesía, ilustrando uno de los textos más valorados por el surrealismo, Los cantos de Maldoror, de Lautréamont, pero también coetáneos suyos como Julio Cortázar, Rafael Alberti, Jorge Luis Borges y Alejandra Pizarnik.

Juan Batlle Planas, 1000 kilómetros al este de Tierra de Fuego, 1938. Col·lecció Giselda Batlle. Foto: © Rolando Schere Arq.

Laboriosa y exquisita, la realidad onírica de Juan Batlle Planas supone un viaje al surrealismo más clásico. Con una fidelidad incuestionable a este movimiento que articuló buena parte e la creación del siglo XX, como él mismo indicó, Juan Batlle murió en Buenos Aires en 1966.

La exposición Juan Batlle Planas: El gabinet surrealista se puede visitar en el Museu d’Art de Girona hasta el 26 de mayo.