La Capella 25 años después es un ciclo de exposiciones que recupera el trayecto de este espacio municipal comprometido con el arte emergente en Barcelona.

Desde enero hasta junio, habrán pasado por la calle Hospital seis exposiciones colectivas (esta es la quinta: Escena 5: Estratos) que revisan lo que ha sido el programa de artes visuales de Capella desde que se inició, en 1994. David Armengol, Sonia Fernández Pan, Eloy Fernández Porta, Sabel Gabaldon y Anna Manubens son los responsables de estas seis muestras construidas «de una manera más pasional que analítica, más intuitiva que lógica», como ellos mismos explican. Y no engañan.

Julia Spínola, Brazos, chorros, mismo II, 2019.

Si bien en conjunto se respira un cierto clima de sociedad futura y de posthumanidad, parece que, en esta muestra, se impone el diálogo aislado con cada una de las diferentes propuestas. Cualquier intento de relato conjunto forzaría en exceso la máquina. Algunas de las propuestas de La Capella convocan una buena dosis de imaginario literario y mitológico con dos figuras tan universales como el Quijote y Medea, pero también lingüístico, con más de un trabajo sobre la polifonía de lenguas y Babel.

Anna Dot, Les pedres del camí, 2017.

Mientras que Anna Dot crea una instalación sutil y mínima pero de una gran fuerza con diez guijarros blancos que evocan el camino de errores repetidos por donde transita la vida del Quijote y por extensión, la vida de los humanos (una obra que, como otras de la muestra, ya formaba parte del capítulo anterior de este proyecto expositivo en seis episodios); Antoni Hervàs construye una Medea sorprendentemente festiva y bufonesca surgida del teatro inglés, una Medea escultórica hecha de materiales textiles capaz de reírse de su condición trágica y acercarse al espíritu, irreverente, de Dioniso.

Rasmus Nilausen, Polyglossia, 2017.

Con un lenguaje más plástico, el de la pintura, Rasmus Nilausen evoca la pluralidad babélica de lenguas en una propuesta que enlaza con la performance lingüística que Quim Pujol ha llevado a cabo en el transcurso de la exposición (el sábado 11 y domingo 12 de mayo). Pujol ha rastreado gentilicios comunes que ponen en evidencia los prejuicios desde los cuales se construye el lenguaje, con expresiones como la «puntualidad británica» o el «en fila india».

Capas de lenguaje, de imaginario y de ciudades, capas de tiempo…

Intencionadamente lingüística es también la propuesta de Marc Vives, que distribuye los distintos capítulos de una novela por el espacio expositivo para que se pueda leer (e intervenir) de manera discontinua y fragmentada, como la vida. De hecho, el personaje de su relato, adscrito al género del bildungsroman o la novela de formación o aprendizaje, construye su trayecto vital a la inversa del tiempo vivido: desde la madurez hasta la infancia.

June Crespo, Same Heat, 2018.

Finalmente, en este tramado de propuestas que remiten al lenguaje, Marla Jacarilla recolecta fragmentos breves de novelas y ficciones distópicas para ofrecerlas en un collage casi blanco en línea con algunos trabajos de Ignasi Aballí o de Mar Arza. La obra de Jacarilla funciona como bisagra entre las propuestas más lingüísticas y las que remiten a inciertas hipótesis de futuro. Un futuro cyborg invocado por la instalación maquinista de Carlos Sáez y su artefacto escultórico que se activa cuando detecta que alguien se acerca. Un objeto reptil de estética sucia que enlaza con las piezas hechas con material de rechazo de June Crespo, que transforma la funcionalidad orgánica de objetos cotidianos como un radiador en capas de materia escultórica, y con el volumen ligero y a la vez contundente de Julia Spinola, una pieza hecha de recortes pequeños de cartón prensados y compactados de nuevo que nos recuerda que el nuestro es un mundo del residuo, el deshecho y el exceso. Un mundo global intervenido por una misma forma de vida que se extiende a todas las ciudades y que Francesc Ruiz nos recuerda con una instalación hecha de anuncios de vallas publicitarias de una compañía telefónica de todos conocida.

Francesc Ruiz, Lycamobile, 2019.

Aunque la exposición de La Capella parecía que te interpelaba aisladamente desde cada pieza, el conjunto acaba mostrando su condición coral y su fidelidad a lo que promete: la estratigrafía o el estudio de los elementos sobrepuestos por el tiempo en capas o estratos. Capas de lenguaje, de imaginario y de ciudades, capas de tiempo… de tiempo humano.

La exposición Les escenes: 25 años después. Escena 5: Estratos se puede visitar en La Capella, de Barcelona, hasta el 26 de mayo.