No es ningún descubrimiento que la pintura de las vanguardias históricas en Cataluña no se acaba con Miró y Dalí. ADLAN –los Amigos del Arte Nuevo– durante los años treinta encarrilaban nuevos artistas que no tuvieron mucho tiempo para desarrollarse, al llegar a continuación la Guerra Civil, un hachazo infame que amputó la vida al país.

Uno de estos nuevos artistas era Jaume Sans i Arias (Sitges, 1914 – Cabrera de Mar, 1987).

Foto inédita de Jaume Sans (a la izquierda) con el padre del autor, Francesc Fontbona Vázquez, en Sitges, 1930.

Sans era de familia de indianos, nacido en Sitges, ciudad donde, desde que Rusiñol y Utrillo se implicaron a fondo, se generaron sucesivamente potentes iniciativas, primero modernistas, después novecentistas y al cabo vanguardistas. La Vanguardia en Sitges no era una cuestión local, y tenía en los años veinte una tribuna no de poca monta, que era la revista L’Amic de les Arts, que por fuerza tenía que generar a su alrededor complicidades y consecuencias fecundas. Allí le trató mi padre, cuando Sans todavía no tenía ninguna trascendencia pública.

Dibujo preparatorio de la obra El benefactor trompeta, 1932-1935.

Como otros coetáneos vanguardistas, Sans se formó en una escuela oficial, la sucursal de la Lonja de la calle Aribau de Barcelona, pero allí tuvo de maestro al escultor Ángel Ferrant, madrileño que retornaba a sus orígenes familiares catalanes, que desveló entre sus alumnos una especial inquietud de libertad creativa.

Sans, con Eudald Serra y Ramon Marinel·lo –también discípulos de Ferrant–, en una exposición conjunta de los tres, en 1935, en las Galerías Catalònia, exhibió esculturas parientas de Hans Arp, evento que se mantiene en la memoria de muchos especialmente por la fuerza de su cartel anunciador, dibujado por Salvador Ortiga, en la línea del Grau-Sala más irónico. Y formaría parte al año siguiente, el fatídico 1936 pero antes del desastre, de la colectiva de los Logicofobistas a la que otro sitgetano, el teórico Magí A. Cassanyes, dotó de espesor doctrinal, y que fue exhumada y estudiada hace cuatro años por Josep-Miquel Garcia, desde la Fundación Apel·les Fenosa de El Vendrell.

Dibujo preparatorio de la obra El benefactor trompeta, 1932-1935).

La obra aportada por Sans a aquella exposición fue Camagüey hidráulico en cuclillas (ahora en el MNAC), uno de esos paisajes surreales dominados por una perspectiva que lleva a un horizonte lejanísimo y misterioso, que encontramos en obras de tantos pintores de aquel tiempo: De Chirico, Dalí, Tanguy, Esteban Francés…

De su época de inmediata posguerra en que se volcó en el collage como su amigo Alfonso Buñuel, parece que sólo hayan quedado unos pocos ejemplos.

Sin título, 1954-1957.

Aunque nunca actuó profesionalmente como artista, y ni siquiera como diseñador o interiorista, a pesar de haber ejercido de tal muchas veces, su obra es bastante densa y personal, y ha ido apareciendo esporádicamente en exposiciones dedicadas a las vanguardias catalanas , desde que el Colegio de Arquitectos de Barcelona dedicó una memorable exposición a ADLAN en 1970, con presencia de él, hasta que el Museo de Mataró dirigido por Anna Capella le dedicó una retrospectiva amplia en 2017, que generó un catálogo muy completo, todo a cargo de David Santaeulària.

Sin título, s.f.

Ahora podemos ver de él una exposición individual, en una galería privada barcelonesa (Marc Domenech), introducida por un texto muy esclarecedor del mismo Santaeulària en el «políptico» que hace de catálogo, en la que encontraremos piezas de pre-guerra y muchas más de posguerra, cuando Sans, animado por la presencia del pintor, diseñador y grafista alemán Erwin Bechtold reavivó su vocación juvenil y desplegó un buen conjunto de creaciones, ahora orientadas hacia la abstracción, que partían de estilizaciones extremas de la figuración, y que expuso en la Sala Gaspar en la primavera de 1957, espoleado por el viejo animador del ADLAN, entonces todavía activo, Joan Prats.

Sin título, 1955.

Ver ahora esta exposición nos pone en contacto con alguien que hizo del arte una voluntad de hacer, y no un medio de convertirse en un gurú respetable, como a veces ocurre en las biografías de los artistas con conciencia militante de revolución estética. Pero este corpus, visto junto, nos permite calibrar que aquel señor aparentemente diletante y ocioso, que no quería redimirnos de nada, era un digno representante, tan natural, de la corriente artística hegemónica de mediados del siglo XX.

La exposición Jaume Sans. Del surrealismo a la abstracción se puede visitar en la Galería Marc Domènech, de Barcelona, hasta el 28 de febrero.