Uno de los fenómenos más importantes de la historia reciente de la fotografía en España, se gestó en la Barcelona de los años 70 y 80.

Me refiero a una generación de fotógrafos, dinamizadores culturales e historiadores que, guiados por el anhelo de otorgar un estatus artístico a la fotografía, promovieron iniciativas dirigidas a ganarse un espacio en el sistema institucional de la cultura y el arte. Un tipo de fotografía que, a diferencia de la periodística o publicitaria, buscó su lugar en los museos, las colecciones, las galerías y publicaciones especializadas.

El Centro de Fotografía KBr.

No me voy a detener en esta generación, porque creo que la historiografía es abundante y quien quiera echar un vistazo podría remitirse a la publicación aparecida con motivo de la exposición La fotografía creativa en Cataluña (La Virreina Centre de la Imatge, 2018).

Pero sí quisiera retomar dos factores que ayudan a visualizar el proceso de Barcelona como atomizador de la actividad fotográfica, para pasar luego a relatar los acontecimientos recientes, que forman parte del panorama con que se va a encontrar el nuevo Centro de Fotografía KBr.

Barcelona no fue el único lugar de España desde donde se emprendieron actividades relacionadas con la fotografía en los años recientes, pero sí donde llevó a cabo un planteamiento innovador, serio y con influencia en todo el estado. El ejemplo más significativo fue la creación del festival Primavera Fotogràfica, vigente entre 1982 y 2004. Muy pronto, el festival se convirtió en referente para la realización de las Jornades Fotogràfiques en Valencia (1984), La Fotobienal de Vigo (1984), Fotonoviembre Festival Internacional de Fotografía de Tenerife (1991), o PhotoEspaña en Madrid (1998), entre otros. Del mismo modo, las Cajas de Ahorro organizaron exposiciones. Las respectivas obras sociales asumieron la producción, a cambio de quedarse con parte de las obras, creando así incipientes colecciones de fotografía. Este modus operandi, que en Barcelona tuvo su inicio en 1978 con la entonces llamada Caja de Ahorros y Monte de Piedad Barcelona, fue emulado por otras instituciones como el Monte de Piedad y Caja de ahorros de Sevilla, Caja de Madrid, y Bilbao Bizkaia Kutxa entre otros.

En 2004, con el final de la Primavera Fotogràfica, el sector cayó en cierto aletargamiento y desánimo. En 2009, el archivo del gran fotógrafo de la Guerra Civil en Barcelona, Agustí Centelles, fue vendido al Ministerio de Cultura e instalado en Salamanca, después de unas infructuosas negociaciones con la Generalitat. En estos años, el Departamento de Fotografía del Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), creado en 1996, se diluía en el organigrama con la salida de su director David Balsells –por razones de salud–, y espacios que se habían dedicado a la fotografía comenzaron a clausurarse. El caso más emblemático fue el cierre de la librería Kowasa, especializada en fotografía, seguramente la más completa que ha existido hasta ahora en España.

El entorno fotográfico barcelonés levantó entonces su voz ante el conseller de cultura de la Generalitat de Catalunya.

El entorno fotográfico barcelonés levantó entonces su voz ante el conseller de cultura de la Generalitat de Catalunya, Ferran Mascarell. Muchos de ellos, principalmente los de la generación de los setenta, se encontraron reclamando a la administración otra vez las mismas cosas de hacía treinta años. Pero para otros fue el momento de hablar con voz propia, no sin polémica. Los fotógrafos de la generación anterior, inclinados al reporterismo gráfico, los que habían protagonizado la primera ruptura en los años 60 respecto a los ambientes anquilosados de los Foto-club, llamaron la atención sobre lo que entendían como un acaparamiento de las instituciones por parte de los fotógrafos «artistas», a la vez que reclamaron ayuda para la conservación de sus archivos, que se estaban malvendiendo o perdiendo. Por parte de los archiveros, fue el momento de decir que no necesitaban un museo, como reclamaban desde la Asociació Centre Museu de la Fotografía; en cambio, creían que lo indispensable era la coordinación de los distintos archivos. Esta idea también fue apoyada por Pepe Font de Mora, director de la Fundación Foto Colectania uno de los espacios privados dedicados a la fotografía más importantes de la ciudad, inaugurado en 2002.

El portal web Alabern. Fotografia a Catalunya.

A raíz de estos requerimientos se aprobó en 2014 el Pla Nacional de Fotografia con tres objetivos principales: primero, la coordinación de las actividades de documentación, conservación y difusión de la fotografía de la mano de museos, archivos y centros artísticos, para lo cual se creó el espacio web Alabern. Fotografia a Catalunya; dos, promover un plan de adquisiciones a través de la creación de la Colección Nacional de Fotografía (en 2017 publicó un primer informe con 881 obras adquiridas); y tres, la incorporación de la fotografía en los programas educativos. Sobre la mesa quedó la creación de un Centro «museo» de la Fotografía que dependería del MNAC —dando continuidad al departamento iniciado por Balsells. Sin embargo, dos años después, en 2016, ya no era una prioridad para el entonces director general d’Arxius, Biblioteques, Museus i Patrimoni de la Generalitat, Jusèp Boya, encargado de echar a andar el Pla Nacional. Mientras tanto, surgió el Festival de Fotografía SCAN. Posteriormente, el MNAC recibió en depósito la obra del fotógrafo Oriol Maspons, y el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA), la obra de Xavier Miserachs, también en depósito.

La librería de KBr, dirigida por el erudito Juan Naranjo.

Con el acontecer de estos hechos, aparece, como un ovni, el Centro de Fotografía KBr de la Fundación Mapfre, y cuando la directora del área de Cultura, Nadia Arroyo, reconoce que en Barcelona hay una tradición fotográfica, no puedo más que darle la razón. Quizás hasta para la misma Fundación, la creación de este centro la tomó por sorpresa, teniendo en cuenta su más bien corta historia en fotografía; en 2007 inició su colección y en 2009 llevó a cabo su primera exposición. Es una apuesta. Pero no en cualquier lugar ni en cualquier momento.

La Fundación había decidido instalarse en Barcelona en 2015 con una sala de exposiciones ubicada en la casa Garriga Nogués. Un espacio que presentaba exposiciones de artes plásticas y de fotografía. Con la inauguración del Centro KBr, se dio por terminada su etapa en la casa Garriga Nogés. Entonces, la primera pregunta que surge es ¿por qué cerrar un espacio plural y dedicarse exclusivamente a la fotografía? En charlas mantenidas con Nadia Arroyo, me explicó que las exposiciones dedicadas a las artes plásticas eran, tan solo, una al año, y que hay otras instituciones que mantienen una programación dedicada al arte moderno como CaixaForum, La Fundación Joan Miró, el mismo MNAC; o el MACBA, en un sentido más contemporáneo.

Interior de la exposición dedicada a Billy Brandt, en el KBr.

El interés de la Fundación Mapfre por crear un centro dedicado exclusivamente a la fotografía radica, según su directora cultural, en la proyección internacional que han obtenido con sus exposiciones, dedicadas a mostrar artistas consagrados, de la mano con comisarios reconocidos. De hecho, el objetivo es granjearse el mérito de ser una productora de grandes exposiciones itinerantes de fotografía.

En este sentido, operar desde Barcelona es significativo. Durante las últimas décadas en la ciudad, quizá no se haya conseguido un mercado, pero sí se ha logrado un interés y reconocimiento por la fotografía. Mapfre va a capitalizar ese público, que no es el mismo que el de las exposiciones de artes plásticas. Son públicos diferentes.

Si bien hay un interés colectivo por la fotografía como herramienta para aproximarnos a la realidad, en gran medida promovido por la tecnología; también es cierto que se ha creado, a partir de este medio, un lenguaje depurado, de alto nivel, con intereses estéticos e intelectuales, para el cual se necesita un cierto tipo de público.

Exposición Paul Strand, en el KBr.

De las seis exposiciones anuales que KBr llevará a acabo, al menos una continuará la línea de carácter retrospectivo dedicada a los grandes maestros o a artistas vivos consagrados. Para ello invitarán a un especialista como comisario. Las otras dos líneas, podríamos decir que se adecuan a las propuestas del Pla Nacional. Una, se llevará acabo en colaboración con distintos archivos y sus respectivos fondos. Desde el KBr estarían dispuestos a asumir las restauraciones si fuera necesario, así como la realización de una publicación. Esta línea colaborativa tendrá comienzo en febrero con el Centre de Recerca i Difusió de la Imatge (CRDI), de Girona, y tratará sobre el daguerrotipo. La otra, trabajará de la mano con las escuelas de fotografía de Barcelona: Grisart, Elisava, IEFC, a partir de una labor de visionado de portafolios y una exposición al año —al parecer, con alumnos recién graduados—, y también contará con su respectiva publicación.

El patrimonio fotográfico de Barcelona, además de valorarse en las fotos, está presente en su cultura de la imagen. En la formación que se ofrezca a los profesionales, en la calidad de las publicaciones y de sus colecciones, en la seriedad y diversidad de sus festivales. Hay quienes lo reconocen. La singular historia de Barcelona y la fotografía, que se empezó a escribir a partir de que Ramón Alabern realizara el primer daguerrotipo, continúa su marcha. Esperemos que hoy, como ya ha sucedido con el tejido artístico catalán y particularmente con la fotografía, la inversión privada sea un aliado para impulsar objetivos comunes.