El proyecto Umbral en el metro de Barcelona: trece intervenciones artísticas suburbanas sobre la migración y sus contradicciones políticas, sociales y simbólicas.

Sants, pasadizo de la línea verde, una imagen nos interpela en distintas lenguas:  ¿Es este mundo nuestra patria? Drassanes: los restos de una Ciudad en ruinas después de una guerra. Passeig de Gràcia: los nombres y apellidos de 35.597 personas que han perdido la vida intentando acceder a Europa desde 1998 a 2018. Plaza España: una campaña publicitaria simulada actúa como contrainformación para poner en evidencia la alfombra de cinismo que permite que Europa pueda conciliar el sueño. Y así hasta trece escenarios suburbanos de Barcelona.

Ramón Esono, Open the Gates, 2018.

El proyecto Umbral, a cargo de Imma Prieto y producido por el Ayuntamiento de Barcelona, ha traído trece propuestas artísticas al metro de Barcelona sobre las migraciones contemporáneas. Con un título que, en si mismo, ya supone una declaración de intenciones –un umbral es un espacio transitorio de un lugar a otro, pero a la vez, en psicología indica la capacidad sensorial o de dolor que estamos dispuestos a soportar–, incorpora artistas –migrantes y no migrantes– de larga trayectoria y otros de nueva generación. Incorpora artistas de geografías diversas y colectivos de personas refugiadas.

Ramón Esono, preso por sus cómics críticos con la dictadura de Obiang.

Habría que recorrer la ruta completa para dimensionar el proyecto, cosa difícil si no se quiere entrar y salir e ir fichando billete ya que las intervenciones a veces están en los vestíbulos de acceso. Habría que incorporar también colectivos demonizados en la ciudad, como los manteros, por poner un caso. Aunque, a pesar de los peros, trece proyectos dan para mucho. Intentémoslo.

Leila Alaoui, Les marocains, 2010-2011.

Buena parte de las intervenciones son fotográficas, como los retratos de la comunidad masculina marroquina de Leila Alaoui (París, 1982-Burkina Faso, 2016), el trabajo de la fotógrafa marroquina Yto Barrada (París, 1971) documentando el trayecto diario de una mujer cruzado la frontera entre Marruecos y Ceuta, o las fotografías de grupo –¡con toda la fuerza del grupo!– de los carretilleros y carretilleras que pasan ilegalmente alimentos básicos en la frontera entre Colombia y Venezuela retratados por Teresa Margolles (Méjico, 1963). También fotográficas son las capturas de una maqueta de una ciudad devastada por la guerra del artista visual y músico Hiwa K (Kurdistán-Iraq, 1975) o los collages de Eulàlia Grau (Barcelona, 1946) denunciando el sesgo racista de algunas posiciones feministas. Especialmente eficaz es el silencio visual que logra Estefanía Peñafiel (Quito, 1978) cuando toma imágenes de situaciones de exilio y borra la silueta de las personas haciendo visible así su invisibilidad social.

La ilustración ocupa también algunos espacios. Es la opción del activista Ramón Esono (Guinea Ecuatorial, 1977), preso por sus cómics críticos con la dictadura de Obiang, y de Dan Perjovschi (Rumanía, 1961) que dibuja con una simplicidad desarmante las vivencias de refugiados.

Daniel G. Andújar, ¿Es este mundo nuestra patria?, 2018.

La textualidad se lleva el resto de propuestas, como la intervención de Daniel G. Andújar (Alicante, 1966) sobre las fronteras lingüísticas o las listas de las personas asesinadas por las políticas europeas de cierre de fronteras en los últimos veinticinco años de Banu Cennetoglu (Ankara, 1970). Finalmente, en el cruce entre imagen y texto, Rogelio López Cuenca (Nerja, 1959) y Elo Vega (Huelva, 1967) beben del lenguaje de la publicidad y de los estereotipos más descarnados entorno a la migración.

Destaca la fotografía participativa de organizaciones y colectivos como Frontera Sur y Sueños Refugiados, que reúnen imágenes capturadas por personas refugiadas o demandantes de asilo en Barcelona, y migrantes que han cruzado la frontera sud de Europa para constatar la vulneración sistemática de derechos universales.

Frontera Sur, #DDHHFronteraSur (2016/2018).

No, la ciudad no nos hace libres. Así lo defiende Antonio Valdecantos en uno de los textos de la publicación del proyecto Umbral negando la tesis de Max Weber en su ensayo de 1921 sobre la ciudad. Si Weber invocaba las solidaridades como constitutivas del vínculo social, las intervenciones en el metro de Barcelona ponen en evidencia que, más que un espacio físico, el ámbito urbano es este espacio simbólico compartido donde se fundamentan buena parte de las paradojas sobre las que construimos nuestro relato del mundo.

El proyecto Umbral se puede visitar en el metro de Barcelona hasta el 6 de febrero de 2019.