En el tramo final del asedio, caminando por la ciudad vieja de Sarajevo, pasé por delante de una joyería: Fahrudin Sofić. En su escaparate me llamó la atención una aguja con la flor de lis, el símbolo histórico de Bosnia. Entré y pregunté por su precio. El joyero me dijo que no estaba en venta, que había creado esa aguja durante el asedio, moldeando la plata y engastando las piedras con la artillería de fondo.

Su explicación hizo más intenso el deseo de poseer aquella joya labrada entre proyectiles. Saqué todo mi poder de seducción y funcionó. Me la llevé, y desde entonces he sentido que poseer esa flor es poseerme, poseer la belleza y la inutilidad de las guerras y las joyas.

Dibujo de Jeroni Cànoves, realizado en julio de 1699 como prueba de acceso al gremio de joyeros de Barcelona.

Es una historia algo genética. El abuelo del abuelo del abuelo del abuelo de mi padre –Josep Vilarrúbia– también era joyero y también sufrió los brutales asedios de franceses y españoles a Barcelona –1652, 1697 y 1705– en todas las etapas de su vida: siendo un simple aprendiz y siendo el máximo representante del Gremio de Plateros. Nada, ni los ataques masivos contra los baluartes de la ciudad ni los indiscriminados bombardeos de la trama urbana, detuvo por completo su taller.

Aguja con la flor de lis creada por el joyero Fahrudin Sofić durante el asedio de Sarajevo.

Su hijo heredó su nombre, su oficio y los asedios. Sufrió la embestida final de 1714, probablemente luchando en el batallón del Gremio de Plateros. Como su padre, había sufrido los asedios de 1705 y de 1697, éste último siendo aprendiz en el taller familiar.

¿Qué siente alguien que aprende a engastar piedras preciosas mientras le llueven balas de cañón?

Dibujo de Josep Vilarrúbia realizado en julio de 1699, como prueba de acceso al gremio de joyeros de Barcelona.

Dos años después del asedio de 1697, Josep Vilarrúbia hijo se examinó para ser joyero. Lo hizo junto a otros chicos, tras los seis años se aprendizaje obligatorio en un taller y con varios maestros del Gremio como jurado. Tenían que presentar el dibujo de una joya –se conservan los dibujos de cinco siglos– y esa misma joya ya hecha. Los aspirantes solían dibujarla envuelta en ángeles, flores o santos. Así lo hizo él con su anillo, como había hecho antes su padre y como harían, durante dos siglos, los nietos de sus nietos.

Ese día, el aspirante que se presentó justo después de él –Jeroni Cànoves– no envolvió su joya, también un anillo, con ángeles ni flores. Dibujó su alianza en el cielo sujeta a un lazo y flotando sobre el asedio que ellos habían sufrido dos años antes. La joya presidiendo baluartes ardiendo, bombas sobrevolando tejados y explosiones destrozando personas.

Detalle del dibujo de Jeroni Cànoves, 1699.

¿Qué es el anillo en ese dibujo? ¿El talismán del asedio? ¿O la más sublime de las bombas?