Es muy difícil poder explicar y comprender aquello que escapa a nuestra razón cartesiana y a lo que percibimos directamente a través de los sentidos. El arte ha constituido un territorio ideal para intentarlo.

“El arte no reproduce lo visible, sino que hace visible lo invisible”, decía Paul Klee con razón. La ciencia, en cambio, parece destinada a explicar justamente lo contrario: lo experimentado y comprobable.

CERN. © 2011, CERN, Claudia Marcelloni.

Pero desde que se descubrió que las partículas que conforman la materia (y a nosotros mismos, por tanto) se comportan de manera diferente a las leyes postuladas durante siglos de racionalismo científico, la lógica de los fenómenos físicos se ha tambaleado. La física cuántica nos parece magia.

James Bridle, A State of Sin, 2018 © Mark Blower.

La ambiciosa exposición Cuántica, que se puede ver en el Centre de Cultura de Contemporània de Barcelona (CCCB), intenta explicar la teoría de la física cuántica, incluyendo un diálogo entre ciencia y arte. El origen de la muestra, con itinerancia internacional, es el programa Arts del CERN, el laboratorio de Ginebra famoso por sus gigantescos aceleradores de partículas. El CERN tiene algo de la frase de Klee respecto del arte: hace visible lo invisible. Así se justifica que este centro haya invitado a artistas a trabajar dentro de sus instalaciones, colaborando con ingenieros y físicos de partículas. Una idea excelente.

“La mecánica cuántica no es que deje confuso, es que no la entiendes”.

Cuántica expone diez proyectos artísticos, frutos de este programa, interrelacionados con nueve ámbitos dedicados a conceptos clave de la investigación sobre la física cuántica. Por tanto, la exposición tiene dos itinerarios entrecruzados, uno científico y uno artístico, pero en el montaje, la mezcla de los dos, en ciertos momentos, crea una saturación de contenidos -visuales y auditivos- que no ayuda a la comprensión de todo ello, teniendo en cuenta que como se dice en la misma exposición “la mecánica cuántica no es que deje confuso, es que no la entiendes”.

Yunchul Kim, Cascade_Quàntica, 2018 © Mark Blower.

Del recorrido artístico, una de las propuestas más interesantes es Cascada, del coreano Yunchul Kim que, con tres elementos escultóricos con transparencias y fluidos, construye una bonita metáfora del comportamiento alocado de las partículas. Otra obra, Supralunar, del colombiano Juan Cortés, se acerca al misterio de la materia oscura del universo con dos “máquinas” que crean formas lumínicas. El británico James Bridle, en cambio, utiliza ocho robots para generar números aleatorios a partir de la información ambiental.

 

En el itinerario científico, por ejemplo, se muestra en una pantalla interactiva que el número de partículas de la materia es tan amplio que ya no tiene nada que ver con lo que nos enseñaban no hace tanto sobre que el átomo estaba formado por protones, neutrones y electrones. Se proyecta, además, un corto maravilloso de los diseñadores Charles y Ray Eames (Powers of ten, de ¡1968!), que de vez en cuando se hace viral en la red, que calcula las distancias del universo exterior e interior a partir de la mano de un hombre tumbado en el césped. Todo muy curioso, pero desgraciadamente el conjunto de la exposición parece que haya reprimido aquella magia implícita que tiene la física cuántica.

La exposición Cuántica se puede visitar en el CCCB, en Barcelona, hasta el 24 de septiembre.