¿Es tuya, tu infancia? ¿Fue como la recuerdas? ¿Qué conservas, de ella: el recuerdo o el recuerdo del recuerdo? ¿El momento vivido o la imagen del momento? Pero sobretodo: ¿quiénes seríamos sin ese mecanismo desconocido que es la memoria?

Las fotografías intervenidas de Concha Martínez Barreto son un gran contenedor de memoria. O mejor: de actos de memoria. De hecho, se plantean como pequeños y poéticos actos de memoria. La obra reciente de esta artista murciana se puede ver en la galería Víctor Lope de Barcelona.

Concha Martínez Barreto, Estratos. El álbum.

Concha Martínez trabaja a partir de fotografías de época en blanco y negro, sobretodo de los años cuarenta y cincuenta. Son escenas de familias de domingo, de niños en la playa y de momentos cotidianos que, en si mismas, contienen el retrato social de un tiempo a la vez que proponen preguntas sobre ciertas prácticas que, aunque nos parezcan muy privadas y muy propias, muestran una sorprendente universalidad. ¿Por qué todas las familias inmortalizan sus encuentros? ¿Por qué los juegos de niñas y niños son los mismos en todas las casas? ¿Por qué gesticulamos igual ante la cámara?

Aunque aquí se abre una línea de indagación posible, a Concha Martínez Barreto no le interesa la sociología. El suyo es un interés más fenomenológico que social. A ella li interesa mostrar los mecanismos de construcción de la memoria. ¿Qué modelo sigue? ¿Cuáles son las suturas de la mirada en su elaboración del pasado? Con este norte conceptual, la artista interviene las fotografías de época con recursos muy sutiles, a veces incluso imperceptibles, que ponen en juego la lógica compositiva del recuerdo.

Concha Martínez Barreto, Birds, 2018.

O bien omite presencias poniendo cuidado en dejar algún indicio de la ausencia, o insiere una fotografía dentro de otra en un juego de muñecas rusas del recuerdo, o traspasa una fotografía a dibujo sobredimensionando un elemento de la escena y convirtiéndolo en una presencia gigantesca, o sencillamente redibuja la línea de horizonte de una imagen de época. Algunas son intervenciones a la manera de collage fotográfico, otras suponen un elaborado ejercicio de dibujo. En unas y otras, su trabajo con las imágenes explora las maneras, no siempre evidentes, en que el pasado se construye desde el presente.

No se trata tanto de mirar atrás sino de hacer que el pasado sea presente

Hay un segundo elemento que preocupa a la artista: su compromiso con la belleza. En todas sus composiciones hay una gran preocupación formal. La de Concha Martínez Barreto es una belleza lírica y frágil, una belleza de clima y de una cierta melancolía. Un paisaje de emociones que, a pesar de evocar un pasado que no nos pertenece –ninguno de nosotros es el niño o el adulto o la chica de la imagen–, nos convoca de algún modo.

Concha Martínez Barreto, De la serie El viaje, 2018.

El orden de los días –este es el título de la exposición– presenta también obras en volumen y una instalación. Dos antiguas pesas de telar romanas de cerámica han sido convertidas en una escultura que remite una escena de familia: un padre y una madre, literalmente. Una maqueta de barco ya gastada navega sin mar dentro de una urna de metacrilato. Finalmente, una instalación luminosa –un neón de luz blanca con la palabra Birds– concentra este extraño sortilegio de la proximidad y la distancia con que opera la memoria. Cada vez que alguien se acerca al neón, la luz se apaga. Cuando llegas, el pájaro se va.

Concha Martínez Barreto, Ajuar (Flores para un principio y final).

“No se trata tanto de mirar atrás sino de hacer que el pasado sea presente”, escribe la artista en los textos que acompañan las obras aludiendo a esta línea intangible que une presente y pasado. El trabajo de Concha Martínez Barreto nos recuerda la distorsión, la sobredimensión, los cambios de escala, los olvidos y los espacios vacíos encima de los cuáles construimos nuestro relato del pasado y de paso, nuestra identidad. Quizás por ello nos llegan de un modo tan directo estos actos de memoria que son las fotografías intervenidas de Concha Martínez, porque nos sitúan en un lugar común: el de la pregunta, fundamental, sobre si somos aquellos quienes decimos que hemos sido.

La exposición de Concha Martínez Barreto, El orden de los días, se puede visitar en la galeria Víctor Lope, de Barcelona, hasta el día 26 de enero de 2019.