La semana pasada, una señora de Callosa de Segura (Alicante) robó 40 succionadores Satisfyer y los repartió entre sus vecinas.

La actitud de esta Robin Hood del placer va más allá del igualitarismo orgásmico o del consumismo irrefrenable del placer por el placer. El éxtasis y su reverso tienen profundas implicaciones metafísicas. Podríamos comparar sus efectos a los de un flash fotográfico, concentra el tiempo en un absoluto lumínico y nos deja un poco más ciegos…

Gian Lorenzo Bernini, Éxtasis de Santa Teresa, 1647-1651. Capilla Coronaro de la iglesia de Santa Maria della Vittoria, Roma.

El éxtasis más polisémico de la historia del arte vive en la capilla Cornaro de la iglesia de Santa Maria della Vittoria de Roma. Fue esculpido entre 1647 y 1651 por Gian Lorenzo Bernini y está dedicado a Santa Teresa de Ávila, escritora y mística reformadora. En uno de sus escritos, Teresa explica cómo un ángel le atraviesa el corazón con un dardo de oro. La escena recoge el momento en que el ángel saca la flecha. La expresión de su rostro es una mezcla de dolor y placer.

Todavía recuerdo una comida con Vicenç Altaió y la crítica de arte francesa Catherine Millet en el restaurante Quo Vadis, en 2005. Millet, una de las voces más importantes del panorama artístico francés, había publicado recientemente el ensayo La vie sexuelle de Catherine M, donde detallaba su hiperactiva vida sexual, con infinidad de amantes. Entre el segundo plato y el postre, salí un momento a comprarlo para que me lo dedicara. Me sorprendió mucho, cuando lo leí, que tras su investigación sexual había una gran sed de espiritualidad. ¿Son, las místicas y los místicos, ninfómanas y sátiros del amor divino? El éxtasis nos permite liberarnos de nuestro yo y fundirnos con lo ajeno, pero nadie ha especificado que todos los éxtasis deban ser placenteros.

El Greco, San Sebastián, c. 1610-1614. Museo del Prado, Madrid.

San Sebastián pasa por ser el patrón oficioso de la comunidad gay. El director británico Derek Jarman le dedicó un filme erótico: Sebastiane (1976), una rareza esteticista homoerótica hablada en latín.

En la iconografía católica sólo hay dos hombres desnudos, Jesús en cruz y san Sebastián cosido a flechas. Según explica el santoral, Sebastián era un milanés converso al cristianismo. Cuando el emperador Diocleciano se enteró de su fe, procuró que abjurara. Él se negó, y fue condenado a morir, atado a una columna, mientras sus compañeros hacían puntería… Dado por muerto, fue recogido por la piadosa Irene, que lo curó.

Lo primero que hizo, cuando se recuperó, fue ir a ver Diocleciano. Lo vuelve a condenar a muerte, esta vez a palos. Muere y es arrojado en las catacumbas de Roma. Actualmente, es el patrón de numerosas poblaciones de costa, protector de la peste y epidemias varias porque lo que se tiene en cuenta es que sobrevivió al primer martirio.

En la historia del arte hay dos modelos de san Sebastián, el combativo, que hace frente a la muerte, normalmente con las piernas en forma de A; y el sensual, con las piernas juntas. Curiosamente, el Greco pintó los dos modelos: el de la catedral de Palencia (1577-1578), piernas abiertas y rostro indiferente; y el del Prado, más tardío y mucho más cercano a la sensibilidad contemporánea (c. 1610-1614). Curiosamente, está partido en dos fragmentos, que llegaron por separado al museo: el torso fue donado en 1959, y las piernas adquiridas en 1987.