Valentín Roma ocupa la dirección de La Virreina Centre de la Imatge desde octubre de 2016. Desde entonces, este equipamiento del Ayuntamiento de Barcelona ha dejado de ser un espacio dedicado prioritariamente a la fotografía. Su propuesta por interpretar el concepto de la Imagen desde un punto de vista más amplio recibió críticas de algunos medios y ocasionó malestar entre los fotógrafos, ya que veían amenazado uno de los pocos grandes espacios expositivos de la ciudad en favor de otros colectivos y expresiones culturales.
La exposición La fotografía «creativa» en Cataluña (1973-1982) debe haber satisfecho los deseos y calmado los recelos de los que son protagonistas de la muestra y que, en la práctica, son casi los mismos activistas culturales que mantienen su militancia fotográfica desde hace más de cuarenta años.

La exposición incluye más de quinientas fotografías de Manel Armengol, Lluís Bover, Lluís Casals, Toni Catany, Enric de Santos, Manel Esclusa, Maria Espeus, Jordi Esteva, Joan Fontcuberta, Pere Formiguera, Ferran Freixa, Jordi Garcia, Juan José Gómez Molina, Jordi Guillumet, Tony Keeler, Manolo Laguillo, Bigas Luna, Eduard Olivella, Marta Povo, Pep Rigol, Humberto Rivas, Miquel Sala, América Sánchez, Jordi Sarrà, Marta Sentís, Manuel Serra y Manel Úbeda que acompañan más de trescientos documentos seleccionados por Cristina Zelich y Pep Rigol, comisaria y colaborador respectivamente de la muestra. La exposición nos sitúa en este período de diez años de la fotografía catalana de autor, llamada por aquel entonces «creativa», que abarca desde la apertura de Spectrum, la primera galería especializada en fotografía de España, que se inauguró en Barcelona en 1973, hasta la celebración de la Primavera Fotogràfica en 1982.

Manel Esclusa, Els ulls aturats, 1978. De la sèrie “Els ulls aturats”

Esta exposición de la Virreina tiene como referente la que se celebró en el MACBA el año 2012 que, con el título Centre Internacional de Fotografia de Barcelona (1978-1983) y comisariada por Jorge Ribalta y Cristina Zelich, ponía de manifiesto la enorme importancia que tuvo el Centre Internacional de Fotografia de Barcelona (CIFB) y la galería Spectrum para la historia de la cultura fotográfica de la década de los setenta y principios de los ochenta.

Pere Formiguera, La meva amiga com un vaixell blanc, 1975. Carpeta fotográfica en homenaje a Salvat-Papasseit.

La fotografia “creativa” a Catalunya (1973-1982) se estructura cronológicamente y está presentada en diferentes ámbitos. Al principio, como uno de los ejes principales, sitúa la revista Nueva Lente, editada en Madrid a partir de 1971, y como su influencia en los fotógrafos propició el inicio de un nuevo discurso fotográfico. La galería Spectrum, un espacio pionero inaugurado en Barcelona en 1973 por Albert Guspi, las Jornades Catalanes de Fotografia en la Fundación Miró en 1980 y la celebración de la Primavera Fotogràfica a Barcelona del año 1982 también se explican en la parte introductoria de la muestra.

A lo largo del recorrido expositivo encontramos otros ámbitos repartidos en dieciséis salas. El más extenso de todos es el de «Las galerías y los espacios dedicados a la fotografía». En él se pueden visitar ocho salas donde destacan de forma especial las galerías Spectrum, Aixelà, Fotomanía, Forvm y los centros educativos como el Institut d’Estudis Fotogràfics de Cataluya (IEFC) fundado por Miquel Galmes en 1972 y el Centre Internacional de la Fotografia de Barcelona (CIFB) dirigido por Albert Guspi entre 1978 y 1983. Tres espacios más corresponden al ámbito de los «Espacios artísticos y fotografía» donde figuran la Fundació Joan Miró, la galería Eude y la Sala Vinçon, entre otros. Y, finalmente, encontramos el resto de salas que muestran » Les Jornades Catalanes de Fotografia de 1980 y el Col·lectiu Català de Fotografia», «La Primavera Fotogràfica de 1982», y «La difusión de la fotografía creativa catalana».

Bajo la clara influencia del Mayo del 68 francés, unos años más tarde, hacia finales de la dictadura española, surgió una nueva generación de fotógrafos que reivindicaron el reconocimiento de la fotografía como un arte autónomo, pidiendo su inclusión en los museos y centros de arte públicos, así como en el sistema educativo, las galerías, la crítica y el circuito editorial.

En aquella época, los fotógrafos catalanes tenían la mirada puesta en Europa y, en especial, dirigida hacia Francia. Por nuestro país vecino pasaba todo lo que tenía que ver en materia cultural de todo el mundo. En este contexto encontramos Les Rencontres internationales de la photographie de Arles, un festival de fotografía fundado en 1970 por el fotógrafo Lucien Clergue, el escritor Michel Tournier y el historiador Jean-Maurice Rouquette que se celebra cada verano en esta hermosa villa de la Provenza. La proximidad con Francia facilitó la presencia de los fotógrafos catalanes en el certamen fotográfico proporcionándoles contactos e intercambios con galerías y revistas especializadas extranjeras. De esta manera los jóvenes artistas se pudieron relacionar con fotógrafos internacionales de la talla de Robert Doisneau, André Kertész, Franco Fontana, Henri Cartier-Bresson, David Hockney y el propio Lucien Clergue.

Publicación de la exposición La fotografía “creativa” en Cataluña (1973-1982)

La revista Nueva Lente se opuso al pictorialismo y la fotografía de corte neorrealista, habitual en los círculos de las agrupaciones fotográficas, dejando de lado la vertiente más documental de la fotografía para abrir las puertas a la experimentación y la libertad creativa. Bajo el título «Quinta Generación» la revista sacó a la venta un número especial en agosto de 1974. Con esta edición pretendió dar a conocer los trabajos de aquellos jóvenes fotógrafos nacidos a principios de los años cincuenta. Es así como aparece la denominada Quinta generación con la voluntad de cambiarlo todo y de internacionalizar su obra fotográfica.

Mientras que en Francia, Beaumont Newhall, historiador de la fotografía, en su libro, 50 ans d’historie de la photographie, número 3 de la colección «Les Cahiers de la photographie» publicado en París en 1981, escribía lo siguiente: «Experimento una fuerte satisfacción al comprobar que, en estos diez últimos años, se ha dado un interés sin precedentes a la historia de la fotografía como forma de arte. Los museos, después de años de indiferencia, reúnen en el presente y de una forma activa colecciones fotográficas, las editoriales lanzan una tras otra monografías de fotógrafos hasta ahora poco conocidos, el mercado del arte ofrece a menudo en venta fotografías artísticas, y podemos visitar exposiciones como nunca lo habíamos hecho antes». En nuestro país, hasta la década de los ochenta, el panorama de la fotografía era totalmente desolador. Joan Fontcuberta se refirió en su justificación escrita para las Jornades Catalanes de Fotografia, dosier que recoge el libro-catálogo de la exposición La fotografia “creativa” a Catalunya (1973-1982) y que dice así: «El Congreso de Cultura Catalana olvidó lamentablemente la fotografía, despreciando su papel como hecho cultural, como forjador de la conciencia y de la sensibilidad del hombre de nuestro tiempo».

En este periodo antes mencionado, las instituciones públicas ignoraban la fotografía por completo, ya sea desde la perspectiva técnica, artística o sociohistórica. Tan sólo desde algunas iniciativas aisladas se hacían eco y se intentaba vertebrar y organizar una incipiente historia de la fotografía. En este aspecto cabe destacar algunos trabajos publicados por Josep Maria Casademont, «La fotografia», dentro de L’Art Català Contemporani de Edicions Proa (1972) y “Per a una història de la fotografia a Catalunya”, dentro del número 27 de Qüestions d’art: la revista catalana d’art actual editato por Galeria AS (1973). Josep Maria Casademont, editor de las revistas Imagen y Sonido y Eikonos, regentó la Sala Aixelà desde 1958 hasta 1974, un espacio expositivo desvinculado de las agrupaciones fotográficas de aficionados, situado en el sótano del establecimiento comercial del mismo nombre, cerca de la plaza de Catalunya. Aixelà se convirtió en uno de los principales medios de difusión de la producción fotográfica de los sesenta y, a pesar de no estar vinculada a la nueva corriente fotográfica, expuso y difundió algunos de los trabajos de los miembros de la Quinta Generación.
A principios de los ochenta se publicaron dos obras capitales que servirían de referencia en todos los estudios y publicaciones posteriores sobre la fotografía. La primera es la Historia de la Fotografía de Marie Loup Sougez editada en 1981, donde el capítulo IX está dedicado íntegramente a la fotografía española. Y la segunda es La Historia de la Fotografía en España desde sobre orígenes hasta 1900 de Lee Fontanella y publicada en castellano por ediciones El Viso en 1982.

Josep Rigol, Camí de Sitges, 1978.

En las Jornades Catalanes de Fotografia se hizo una dura crítica a la política cultural del país y a sus universidades en relación al soporte y recursos que recibió Lee Fontanella, historiador norteamericano, para llevar a cabo su investigación sobre la historia de la fotografía en España en el siglo XIX. Se llegó a hablar de colonialismo cultural.

En la exposición de la Virreina se pone de manifiesto que la fotografía en Cataluña tiene un antes y un después de las Jornades Catalanes de Fotografia celebradas en la Fundación Miró de Barcelona en 1980.

Las ponencias presentadas en estas primeras jornadas fueron preparadas por cuatro equipos de personas pertenecientes a distintos ámbitos de la fotografía (fotógrafos, galeristas, profesores, críticos, etc.). Los textos fueron recogidos en el dosier “Jornades Catalanes de Fotografia” que se publicó al año siguiente, cuyo contenido puso de manifiesto la precaria situación de la fotografía en Cataluña y se advirtió a las instituciones públicas de la necesidad de iniciar una política de actuación para la recuperación, la conservación, la difusión y el estudio del patrimonio fotográfico. En una de las ponencias presentadas se propuso la creación de un museo de la fotografía de Cataluña que debería coordinar las tareas de una red de archivos fotográficos todo el país. En el acto de clausura, las autoridades, insistieron en el salvamento del patrimonio fotográfico anunciando la creación del Arxiu Nacional de Catalunya (ANC) que debería gestionar el Arxiu Fotogràfic.

Tuvimos que esperar hasta 1995 para que el Museu d’Art Nacional de Catalunya asumiera la fotografía como parte integrante del patrimonio cultural de Cataluña. Ese año se creó un departamento de Fotografia artística dentro del museo, con la intención de reunir una colección representativa de la historia de la fotografía en Cataluña.
Han tenido que pasar unos treinta y cinco años para que, en diciembre de 2014, el Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya presentara el Pla Nacional de Fotografia, la herramienta que establece los instrumentos de protección, preservación y descripción del patrimonio fotográfico catalán. Este «Plan», actualmente en proceso de construcción, prevé la creación del Centre Nacional de Fotografia, que será el espacio expositivo y de conservación de la Col·lecció Nacional de Fotografia y dependerá orgánicamente del MNAC.

El trabajo colectivo en el proceso de legitimación artística y reconocimiento institucional de la fotografía culminó en 1982 con la celebración de la Primavera Fotográfica a Barcelona.

Eduard Olivella, De la serie “L’home i l’obra”

El festival fotográfico patrocinado por la Generalitat de Catalunya reunió unas treinta y cinco exposiciones y diversas actividades relacionadas. El certamen pretendía recuperar la memoria fotográfica y por ello organizó una exposición antológica de los fotógrafos Pereferrer, Tomàs Monserrat, Pla Janini, Zerkowitz y Merletti, comisariada por Pep Rigol y Cristina Zelich. En su segunda edición celebrada en 1984 la bienal se transformó en la Primavera Fotogràfica de Catalunya. Y después de años de éxito, este evento fotográfico finalizó repentinamente en 2004.

De La fotografia “creativa” a Catalunya (1973-1982) destacaría que las fotografías de los autores «artistas» son tratadas, en esta ocasión y paradójicamente, como documentos. Es decir, el relato historiográfico pesa mucho sobre todo el conjunto y pienso que es necesario hacer dos visitas o lecturas diferentes, pero complementarias, para disfrutar de esta espléndida exposición en toda su plenitud.

En la exposición sería necesario conceder una mayor importancia a los centros de enseñanza, ya que estos se han transformado en lanzaderas para difundir la nueva fotografía, pero al mismo tiempo, han servido de apoyo económico para aquellos jóvenes fotógrafos que han trabajado de maestros y profesores de fotografía en dichas escuelas. Muchos de ellos no abandonarían nunca esta actividad laboral, en algunos casos más que complementaria, a lo largo de su vida profesional, lo que les permitió y permite dedicarse al Arte de la Fotografía. Estos centros de referencia son el Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya (1972), el Centre Internacional de la Fotografia de Barcelona (1978-1983), el IDEP Escola superior d’Imatge i Disseny (1981) i la GrisArt Escola Internacional de Fotografia (1985). A pesar del gran empuje que la Quinta Generación dio a la fotografía muchos de sus objetivos iniciales aún no se han alcanzado. Sólo hay que comprobar el escaso número de profesionales de la imagen que trabajan en centros públicos donde se custodian y gestionan documentos gráficos. Las generaciones posteriores de fotógrafos no han sabido tomar el relevo y tampoco les ha sido fácil ya que la «Quinta» ha ejercido en cierto modo como tapón generacional, de la misma manera que ha ocurrido en otros campos profesionales. La prueba es que los fotógrafos protagonistas de los años setenta del siglo pasado, actualmente continúan figurando en primera línea mostrándonos historias de su propia historia.

La fotografia “creativa” a Catalunya (1973-1982) ha sido prorrogada hasta el 14 de octubre de 2018. La exposición se complementa con un libro-catálogo que documenta exhaustivamente todo el periodo, publicación que fue presentada en la Virreina el día 19 de este mes septiembre.