En el marco de la Bienal de Arquitectura de Chicago se ha presentado una exposición organizada por Mas Context y comisariada por Iker Gil sobre La Ricarda, la preciosa y fotogénica casa que Ricardo Gomis e Inés Bertrand encargaron al arquitecto Antonio Bonet Castellana , entre 1949 y 1963, en el Prat de Llobregat. Se trata de una muestra documental, con fotografías, planos y fragmentos de elementos constructivos.

Maria Gomis Bertrand, familia propietaria y testimonio de su apogeo cultural, explicó la historia de este encargo y su resultado. Las vivencias, las rehabilitaciones de la casa sin desvirtuar su concepto original –con la ayuda de los arquitectos Fernando Álvarez y Jordi Rojo–, y las vías de financiación –publicidad, eventos selectos o visitas– para afrontar gastos.

Casa Gomis, El Prat de Llobregat, 2015. © Adrià Goula.

Recordemos que La Ricarda es el nombre del estanque donde había una granja agrícola pecuaria propiedad de la familia Bertrand. Antonio Bonet Castellana trabajó con sus clientes a través de contacto epistolar, y la documentación refleja la complicidad entre el arquitecto, que entonces vivía en Buenos Aires, y el ingeniero y melómano Gomis. El resultado es una casa espaciosa, luminosa e integrada en un entorno natural, la reserva natural del Delta del río Llobregat, con pinos, dunas y el mar. Una obra racionalista de estructura modular, adscrita a los principios lecorbuserianos, con un toque lírico-expresivo gaudiniano en la solución de la cubierta –con resonancias de la escuela de la Sagrada Familia– y el rol esencial de las artes aplicadas y del diseño: mobiliario, cristales o cerámicas.

Antonio Bonet Castellana La Ricarda, primer proyecto, 1950. © COAC.

Una casa hospitalaria

Pero, como ya se ha puesto de relieve en diferentes ocasiones, La Ricarda no sólo es una casa de gran mérito arquitectónico, propiedad de una familia de la high class que veranea en la intimidad. Acogió iniciativas propiciadas por el Club 49 –asociación a la que pertenecía Ricardo Gomis– como conciertos, danza y teatro, y abrió sus puertas a Joan Prats, Josep Maria Mestres Quadreny, Carles Santos, Robert Gerhard, Merce Cunningham, John Cage, Antoni Tàpies, Joan Miró o Joan Brossa, los cuales pusieron color en el ambiente cultural de la gris posguerra.

La Ricarda, 1958 / 1959. © Inés Bertrand. Cortesía de la familia Gomis Bertrand.

Disrupciones poéticas

Precisamente, y con la intención de recuperar el espíritu del Club 49, tuvo lugar, hace unos meses, el peculiar y sorprendente proyecto Disrupcions poètiques en el marco de un seminario sobre La Ricarda.

La casa fue escenario de una actividad nocturna, orquestada por Juan Naranjo, que simultaneaba acciones poéticas, sonoras, gastronómicas, performativas, visuales, con el objetivo de explorar sensaciones y vivencias en el minuto actual de la homogeneización derivada de la globalización. A la treintena de personas convocadas se sumaban los navegantes del aire –la tercera pista del aeropuerto del Prat está a poca distancia– que ofrecieron una banda sonora continua de ruidos de motores de reacción.

Vista de la exposición La Ricarda: An Architectural and Cultural Project, Lawrence & Clark, Chicago, 2019. © Iker Gil.

Esta es una de las muchas actividades que se han dado cita en La Ricarda, una rara avis en el momento en el que fue construida, y que es visitada por escuelas de arquitectura, de diseño, interiorismo y paisajismo, con la familia Gomis Bertrand como cicerone. Podríamos decir que la casa bate récords, pues está en manos de los mismos propietarios desde hace más de cincuenta años. Y, aunque su horizonte es incierto, hoy por hoy la segunda generación Gomis ha asumido el reto de mantenerla viva y en forma.

Ante la pregunta de cuál es la obra de arte más importante, William Morris respondió: una casa bonita. No hay duda de que La Ricarda, que provoca admiración a quien la observa tanto con ojos históricos como estrictamente contemporáneos, merece ser preservada.